domingo, 25 de septiembre de 2011

Los amos del mar


La pesca marina y estuarina es controlada por dos empresas en la zona de Celestún; acaparamientos de permisos y sobreexplotación pegan a pescadores. Foto de arriba, mangle seco en la ría de la zona; abajo, el muelle de Celestún

Celestún, Yucatán. Agustín del Castillo, enviado. MILENIO-JALISCO. Edición del 25 de septiembre de 2011. Este proyecto de investigación fue ganador de una beca de Fundación AVINA en la emisión 2008-2009. FOTOGRAFÍAS: MARCO A. VARGAS


La debacle de las poblaciones de peces y crustáceos con valor comercial en el litoral de Celestún, muy similar al del resto de las costas mexicanas, no deriva solamente del cambio de las artes de pesca y de la presencia de lanchas de motor. Es un problema también de monopolios. En esta región, son dos los grupos que controlan casi todo el mar.

Hulkin SA de CV, con sede en Mérida, se especializa en productos del mar para la exportación a Estados Unidos y Japón; la Industrializadora de Pescados y Mariscos SA (Inpesmar), también enclavada en la capital yucateca, abastece de preferencia el mercado interno nacional. Ambas empresas controlan a los pescadores de Celestún, “es como en los taxis, ellos tienen los permisos y tú solamente puedes trabajar para ellos”, señala Heliodoro Méndez; “fue mi caso, yo tenía mi lancha de motor y los tuve que vender porque estaba obligado a venderles el producto a ellos al precio que les viniera en gana; ya no tienes más opción que trabajar para ellos”.

Don Helidoro Camaal reconoce que se ha sobreexplotado históricamente el mar de la región, pero con la presión de los intermediarios, los márgenes de ganancia son cada vez menores, y aunado a la crisis económica, muchos habitantes de la región se internan al mar en busca de escasas cosechas.

“Antes, de aquí a dos o tres brazas de agua te traías como 200 kilos de pescado; ahora, te metes a 50 millas y a veces no traes ni para el gasto”, explica.

El fenómeno no es casual ni limitado a esta región. “A partir del año 2000 el sector pesquero se enfrenta a una desorganización sin precedentes a causa de problemas de financiamiento, corrupción y manipulación política […] esto lleva a un claro rumbo de privatización del sector, sobre todo, cuando ya en 1992 se había modificado el artículo 27 constitucional liberando las siete especies reservadas al sector cooperativo. En el caso de Yucatán, estas especies reservadas se concentraban en la langosta, el camarón y el caracol, las cuales constituían la razón de ser de las cooperativas dedicadas a la explotación comercial. Además, en ese mismo año de 1992 se observa una reducción del personal asignado al sector pesquero en el estado de Yucatán, y un fortalecimiento del sector privado que ofrece empleo a la población campesina inmigrante y pone en desventaja a los pescadores tradicionales respecto al pago de su fuerza de trabajo”, señalan Julia Fraga, Silvia Salas y Guadalupe Mexicano-Cíntora (La pesca en Yucatán: De la abundancia a la escasez, a la fragilidad de las estructuras institucionales, 2008).

Los investigadores señalan que en 2004 se reportaron en la costa yucateca 1,338 permisos de pesca concentrados en 188 permisionarios, lo que demuestra el acaparamiento.

“Cada permiso de pesca podía amparar desde una hasta una docena de embarcaciones. En la práctica, un permisionario no registra a su nombre todas las embarcaciones que maneja para no declarar la cantidad de medios de producción que en realidad posee […] por ejemplo, un permisionario que tiene 143 embarcaciones registradas a su nombre, contrata a siete personas o patrones que se responsabilizan cada uno de catoce lanchas; cada patrón le asigna tres o cuatro embarcaciones a otra persona; y éste a su vez consigue a dos pescadores para salir a la faena de pesca. Estos pescadores directos entregan el producto a una bodega menor; la bodega menor a otra mayor; y ésta a la bodega matriz en Mérida o en Progreso desde donde se exporta el producto”.

Estas condiciones “reducen los pagos de derecho por permiso, haciendo atractiva la introducción de embarcaciones sin control”.



La captura incluye más de 100 especies, entre peces, crustáceos y moluscos, pero sólo 24 aportan los mayores volúmenes. La captura de 2006 en Yucatán fue de 25.5 mil toneladas, 38% menos que en 1994. “Sin embargo, la presión pesquera se encuentra principalmente en la franja ribereña, dirigida a dos o tres especies de alto valor comercial […] el pulpo (Octopus maya y O. vulgaris), el mero (Ephiphenus sp) y en la langosta (Panulirus argus). El mero y el pulpo aportan el 60 por ciento de las capturas y la langosta el 30 por ciento de las divisas”.

La concentración de la ganancia en pocas manos, los bancos sobreexplotados y la sobrepoblación lleva a muchos, así, a altamar. Allí muchos se pierden para siempre, como el pasó al hijo de doña Ignacia Osorio, Gabriel Pol, quien tiene ocho años desaparecido tras salir a pescar. “La pesca ya no da, se necesita buscar otras opciones para salir adelante”, señala José Isaías Uhcanul, morador de Celestún.

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