sábado, 3 de septiembre de 2016

Juanacatlán, o de una misión de ONU al "Inferno"



El grupo de expertos para análisis de empresas y derechos humanos visita México; se dicen “impresionados” por lo visto en la zona.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

La comparecencia de trabajadores y habitantes de la cuenca baja del arroyo de El Ahogado, la principal fuente de calamidades ambientales para el río Grande o Santiago, se sucede frente a los pacientes integrantes del Grupo de Trabajo de Empresa y Derechos Humanos de la ONU, quienes reciben un recuento de problemas y dramas humanos que parecieran hacer retroceder la historia a la de esos cascarones de la hidroeléctrica de Juanacatlán, arrumbados como cadáveres de elefantes a un costado del fluir ininterrumpido de un río que desmiente la supuesta perfección de la dialéctica.

Los relatos parecen brotados de lo peor del México porfirista, con empresas poderosas y abusivas contra obreros, inermes ante la indiferencia del sector oficialista, que ve feliz como se incrementan las cifras de productividad y la imagen de país “primermundista”. Pero hay un agregado inquietante: el de los saldos de esa prosperidad, que es la cuenca contaminada porque -aseguran los testigos- la Comisión Nacional del Agua (Conagua) no controla sus descargas.

Tanto Pável Sulyandziga, presidente –un siberiano descendiente de esas viejas etnias chamánicas perseguidas por los soviets que buscaban “el hombre nuevo”, y despreciadas por los neocapitalistas, que buscan sus tierras y recursos-, como el chileno Dante Pesca, integrante del cuerpo colegiado, se reconocen “impresionados” por ese descenso a los infiernos.

El río, a la mitad del temporal, y no obstante el gran volumen de agua pluvial y la dilución, da el espectáculo de agua turbia, olorosa, y jabonosa, como si fuera una enorme lavadora en centrifugado. El paisaje no lo imaginarían para sus instalaciones tipo Land art la polémica pareja de Christo y Jeanne-Claude, quienes envolvieron el Reichstag de Berlín en papel, o para el arte erótico de Spenser Tunick, que pone desnudos gozosos en medio de calles y explanadas. Y sin embargo, es extrañamente fascinante, como fuera del tiempo, aunque el golpe maloliente devuelve al testigo a la realidad.

La misión de ONU es bastante interesante para los activistas, que han luchado por años para visibilizar este problema de una corriente pluvial que está a la cabeza en deterioro de toda la república. El chileno asegura que sólo tienen diez días para visitar diversas regiones del país y recoger testimonios de los desastres ocasionados por malas gestiones empresariales, y que cuando conversen el miércoles que entra, 7 de septiembre, con gente de presidencia y de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, seguro no habrá espacio ni tiempo para abordar en lo particular cada asunto. “Pero este sí lo señalaremos”, le dice a los esperanzados quejosos.

Y si bien –sigue el tono de franqueza- “nuestras observaciones no son vinculantes, les puedo decir que somos totalmente independientes en nuestras observaciones y que haremos público lo que le entreguemos al gobierno mexicano”. Los testimonios de enfermedades renales, respiratorias, olores a huevo podrido (ácido sulfhídrico), padecimientos de la piel, cánceres; o de explotación laboral, negación de derechos de asociación, persecución patronal y un largo etcétera, engrosan lentamente el expediente de agravios. Cuál “liderazgo moral” de Jalisco en el tema ambiental, parecen decir, para desmentir los afanes del gobernador, Aristóteles Sandoval, apenas 20 horas atrás, al celebrar el final de la cumbre climática de Las Américas.

La misión de ONU pasa de prisa porque un largo periplo nacional no puede aguardar. Por la tarde se ve en un hotel de Guadalajara con otras víctimas del binomio empresa-daño ambiental de la región occidente. Y a recorrer una geografía torturada. El río avanza con sus bancos de espumas y sus rachas malolientes que desmienten la aspiración dialéctica de que el proceso lleva siempre la ruta a la perfección, de que los ríos siempre fluyen y de que nadie se baña dos veces en las mismas aguas jabonosas, factura a pagar por el progreso, el otro cambio incesante de una ciudad que - sin asomo de culpas ni ademanes contritos - hoy aspira a la "resiliencia".

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Casos nayaritas

Dos expedientes de alto relieve ha recibido la misión de ONU la tarde de ayer en Guadalajara: el daño ambiental y enorme riesgo social que entraña el proyecto hidroeléctrico de Las Cruces, la amenaza para la preservación de las Marismas Nacionales de Nayarit y Sinaloa, el humedal costero más importante del Pacífico mexicano, y los abusos de los hoteleros de Riviera Nayarit, caso de Grupo Vidanta (Mayan Palace), que destruye esteros en la boca de Tomates, desembocadura del río Ameca, al norte de Puerto Vallarta.

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