martes, 1 de noviembre de 2016

Buscan construir agenda ciudadana de Hábitat III



Organizaciones civiles señalan la importancia de participar y evitar que gobiernos y poderes fácticos definan el destino del área metropolitana.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO.

No existimos para el gobierno, más que en las elecciones”, dijo doña María Teresa, como quien repite una vieja y chistosa conseja que pese al tiempo, no se desgasta.

Hablaba de la vida cotidiana en la colonia marginal Prolongación Rehilete, al pie del cerro del Colli, en el poniente tapatío, donde no hay agua ni drenaje, las casas son de madera, lámina o lona, y ni la luz, ni la recolección de basura ni la seguridad pública son servicios formales; muchos niños ni siquiera están registrados, y por ende, no van a la escuela, no tienen acceso al sistema público de salud, y el embarazo prematuro o las drogas parecen las principales formas de entretenimiento. Allí, la basura es parte del sustento de una precaria pero no menos real economía: es una comunidad de artesanos, albañiles, comerciantes en pequeño y pepenadores.

Pero permanecen invisibles, “como somos habitantes de terrenos irregulares, no tenemos comprobante de domicilio…”; a eso se encadena la falta de identificación de elector, la negativa de registros de nacimientos, la imposibilidad de estar en los padrones de Oportunidades o de los programas de Adulto Mayor. María Teresa sonó sincera cuando reconoció: “qué bueno que ustedes no viven como nosotros”. Pero quizás debió decir lo contrario.

Héctor Castañón, el moderador del encuentro ciudadano en La Fábrica de Chocolate, convocado a través de la plataforma de comunicación Tómala, lo estableció cuando recordó que una de las proclamas centrales de Hábitat III, la cumbre de Naciones Unidas en la ciudad de Quito, Ecuador, fue “no dejar a nadie atrás”. Prolongación Rehilete es el más drástico retrato de la ciudad neoliberal: profundamente desigual, con espacio público privatizado de jure o de facto, con movilidad trastornada para responder al pujante mercado de los automóviles y al de la vivienda barata-y por ende, dispersa -; con pocos ganadores y muchos perdedores, nadie tanto como esos moradores de las orillas, en casas que apenas se sostienen, entre pozos fallidos de fosas quién sabe qué tan sépticas; calles de polvo y lodos; muros por donde se filtran el viento, el agua y los bichos.

En el conversatorio, los asistentes coincidieron que Quito tendrá algún sentido para Guadalajara si se transforma en iniciativa y acción ciudadana, que es el modo de impedir que los poderes de siempre –formales y fácticos - mantengan en sus manos el destino de la ciudad.

La agenda de trabajo constará de seis o siete puntos: se parte de esos caseríos de la pobreza, que están en el corazón del tema de la desigualdad; se atraviesan los páramos de la vivienda digna y la consulta de los instrumentos públicos como el Programa de Desarrollo Metropolitano o los planes parciales –“no debemos dejarlos solos a que decidan como siempre” -; se llega a la montaña con los sistemas naturales que dan vida a la ciudad –La Primavera, la barranca de Huentitán, el Cerro Viejo -, y de regreso a la ciudad del hombre, donde el claro desafío es una nueva economía incluyente, lo que exige el retorno de las regulaciones estatales territoriales y el final de las fortunas inmobiliarias fáciles.

Es así, el regreso de la política: la palabra griega deriva de polis (ciudad), esto es, organización de la ciudad por sus ciudadanos. Y esto entraña derechos a disentir y a debatir. “El ciudadano debe poseer ambas cualidades: la de saber ejercer la autoridad y la de resignarse a la obediencia”, dijo Aristóteles, el de Estagira. O como dicen los políticos de hoy, sean cínicos o no: “mandar obedeciendo”.

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