viernes, 10 de julio de 2009

Graves pérdidas por suelos degradados


Avanzan los desiertos, y la Conafor los quiere detener La tasa de desertificación en México es de 260 mil hectáreas al año.

Guadalajara, Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO

México en 2009: la sequía afecta a más de la mitad del territorio nacional; la degradación de tierras alcanza 70 por ciento de la superficie continental; la tasa de desertificación es de 400 mil hectáreas anuales, y obliga a emigrar de sus regiones de origen al menos a 300 mil personas anualmente.

Esto no significa que se estén omitiendo acciones, porque la tasa de deforestación del país ha pasado de 600 mil a 260 mil hectáreas, según mediciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), validadas recientemente, aseguró el gerente regional de la Comisión Nacional Forestal, Ignacio Marmolejo Altamirano, al presentar su ponencia Reforestación contra desertificación, en el marco del ciclo de conferencias convocado por la Secretaría de Desarrollo Rural, en el marco del Día del Árbol, esta semana en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG).

“No es una casualidad que nuestro planeta se llame Tierra. La vida terrestre depende de una frágil capa de suelo que reviste los continentes. Pueden hacer falta siglos para que se formen un par de centímetros de suelo, pero puede perderse en una lluvia. Así, si el suelo se pierde, va desapareciendo la piel del planeta”, subrayó al plantear el tema.

Dijo que el organismo federal ha instrumentado el ProÁrbol como estrategia medular del gobierno federal para detener y revertir la desertificación y degradación de suelos forestales. En el curso del año se busca reforestar 15,400 hectáreas del país, más allá de las polémicas levantadas por este proceso que juzgó necesario para poder regresar de forma gradual a los ecosistemas originales.

Definió la desertificación como la degradación de tierras que se presenta en todos los ecosistemas del país, pero “con mayor vulnerabilidad en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, y conlleva graves consecuencias económicas, sociales y ambientales […] la desertificación está fuertemente vinculada a la pobreza puesto que las tierras al ser improductivas ocasionan subalimentación y migración”, enfatizó.

Esto es uno de de los problemas básicos que enfrenta al menos una quinta parte de la población mexicana, pero los efectos son aún más generales: “Se han salinizado aproximadamente 600 mil hectáreas de las tierras agrícolas, y 36 millones de hectáreas, 18 por ciento de la superficie nacional, está sobrepastoreada”.

Marmolejo Altamirano refirió que entre 2001 y 2007, la Conafor “ha realizado, con el apoyo de los propietarios de terrenos forestales, trabajos de restauración y conservación de suelos en 596 mil hectáreas de todo el país, con una inversión superior a los 540 millones de pesos”. Los estados en donde se presentan un mayor grado de deterioro de los recursos del suelo forestal, y por ende, son considerados como áreas prioritarias para la conservación y restauración son Oaxaca, Chiapas, Quintana Roo, Distrito Federal, Jalisco, Estado de México, Chihuahua y Durango, lo que demuestra que los efectos van más allá de la región semidesértica y los grandes desiertos del norte.

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