viernes, 23 de marzo de 2018

Ríos de Guadalajara "ya deben regresar"


Consultor destaca los grandes beneficios ambientales y sociales de recuperar la vieja hidrografía citadina.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

Guadalajara debe apostar por la recuperación de su vieja hidrografía, es decir, decidirse a reabrir cauces, levantar pavimentos y mover calles y colectores de aguas negras en las zonas por donde en el pasado, pasaban ríos y arroyos. Esto tendrá beneficios en aspectos tan diversos como el clima, el crecimiento de las áreas verdes, la disminución de las zonas de inundación y la mayor recarga al acuífero, advierte el consultor ambiental Rodrigo Diez de Sollano

“En la zona metropolitana y en muchas otras ciudades de México tenemos la pésima costumbre de convertir los ríos en drenajes y basureros en lugar de aprovecharlos como lugares de esparcimiento y de atractivo turístico como sucede en otros lugares del planeta. Prácticamente no queda ningún arroyo o río en la ZMG que no esté contaminado, solamente hay pequeños tramos limpios de algunos arroyos, por ejemplo el arroyo de La Campana que nace cerca del Club Atlas en el municipio de Zapopan y que por cierto está en la mira de los ‘desarrolladores’ para entubarlo y convertirlo en otro drenaje más de un fraccionamiento residencial”, destacó en una opinión entregada a MILENIO JALISCO.

“Pero todavía viene lo peor, que consiste en pavimentar encima del arroyo para convertirlo en un drenaje y así impedir la infiltración del agua pluvial, lo cual se traducirá en las clásicas inundaciones de diversos barrios de Guadalajara, por agua de lluvia que se desperdicia y causa daños en lugar de captarla y reutilizarla en la propia ciudad”.

Dos ejemplos: “El arroyo del Chicalote que nace ¿o nacía? en las cercanías del cerro de El Colli y bajaba hacia el oriente para llegar a cruzar lo que era la carretera a la Costa de Jalisco [ahora avenida López Mateos sur] a la altura de lo que hoy es Plaza del Sol, para continuar hacia el oriente hasta desembocar en lo que era el río de San Juan de Dios y ahora es un bello drenaje con la Calzada Independencia encima del río-drenaje”, dijo irónico. Pero “el agua es muy terca y dicen que reconoce su camino, así que cada año el arroyo del Chicalote vuelve a renacer y hace estragos con las inundaciones en las cercanías de Plaza del Sol…”.

El segundo caso: “El arroyo Seco, que tiene su origen en el bosque de la Primavera, también en las cercanías del cerro de El Colli, pero el cauce del arroyo Seco va en dirección sureste para cruzar López Mateos justo a la altura del Periférico Sur. Pasa por detrás del ITESO y sigue hasta desembocar cerca del aeropuerto en la cuenca del Ahogado. El arroyo Seco hace honor a su nombre en tiempos de secas, pero en cuanto llueve empieza a circular agua donde los seres humanos hemos construido invadiendo lo que era el cauce del arroyo, que llegó a tener hasta quince metros de ancho y ahora hay lugares en los que las casas dejan libre solamente un metro para que circule el agua de lluvia, acompañada de basura y drenajes. Por supuesto cada año los daños son cuantiosos…”.

Así ha sido “construida” la ciudad. Lo malo es que “seguimos cometiendo los mismos errores, esperando que las cosas cambien por milagro. Es indispensable diseñar un plan de recuperación de cauces para convertirlos en parques lineales, con andadores y ciclovías a lo largo de ellos. Es factible incluir pequeñas zonas comerciales a lo largo de estos parques, que conviertan cada parque en un atractivo turístico. Obviamente en cada caso se requieren estudios urbanísticos, hidráulicos, para recuperar cada cauce”.

No se trata de “inventar el agua tibia”. Basta “asomarse a ver lo que han hecho en otras ciudades, por ejemplo en el río Manzanares en Madrid, y descubrir que podemos hacer las cosas de otra forma y obtener mejores resultados”, pone en relieve.

SRN

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