sábado, 22 de agosto de 2015

800 mil habitantes bajo riesgo por lluvias



Más de 6 mil hectáreas de la ciudad donde ahora hay casas y calles, eran arroyos, ríos y pantanos, lo que explica por qué son zonas de inundación recurrente.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

Desde siempre, esta es Guadalajara: “la ciudad se envuelve en un manto de lluvia; silba el viento de la tempestad en la llanura desierta; se estremece el espacio a cada instante con el estallido del rayo, y el valle todo aparece magníficamente ceñido con una corona de tormentas” (Clemencia, Ignacio Manuel Altamirano).

Y desde hace más de medio siglo, Guadalajara es esta: “Parte de los estragos que dejó la lluvia que se registró anoche [12 de junio de 2015] en gran parte de la Zona Metropolitana de Guadalajara fue la inundación en Pueblo Quieto, entre las calles Lluvia y Tormenta y las vías del tren donde se reportaron 63 viviendas con inundación y daño en menaje de casa. Otro punto afectado de la ciudad fue la zona donde se realizan trabajos de la Línea 3 del Tren Ligero desde La Curva hasta Periférico donde anoche había varias protecciones de las columnas que el agua arrastró además de señalamientos aplastados […] el paso a desnivel de Niños Héroes e Inglaterra continúa cerrado a la circulación ya que el nivel del agua no ha bajado lo suficiente para permitir la circulación de vehículos”, advierte MILENIO JALISCO (http://www.milenio.com/region/Inundaciones-electricidad-lluvia-nocturna-Guadalajara_0_535146538.html).

¿Por qué una ciudad donde siempre ha habido un patrón de lluvias intenso en tiempo y espacios, el tema pasó de la recreación artística al recuento de los desastres? “… a finales siglo XX se contabilizaron un poco más de seis mil hectáreas de paisaje natural modificado, considerando laderas, barrancas, cauces, depresiones y humedales, que por el proceso de urbanización han sido rellenadas con basura, escombro y otros materiales; y haber modificado laderas con asentamientos humanos y con extracción de materiales para construcción. Los municipios con más superficie afectada son San Pedro Tlaquepaque, Zapopan y Guadalajara, en ese orden. Se estima que sobre estas unidades modificadas del paisaje se asienta 18 por ciento de la ciudad”, señala la nota número 19/2013 del Instituto de Información Territorial.

Con base en los estudios pioneros de Luis Valdivia Ornelas, Carlos Suárez, María del Rocío Castillo y Antonio González, el documento añade: la desaparición de la red de drenaje natural de la ciudad ha hecho que en la actualidad se vivan riesgos en 584 colonias, “pertenecientes a los municipios de Guadalajara, San Pedro Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan, en donde habitan un poco más de 800 mil personas, según el censo de población y vivienda 2010”.

Ese drenaje natural tenía un funcionamiento óptimo. “El Agua Azul regulaba los grandes cauces secundarios, luego se acumulaba y drenaba de manera natural hasta San Juan de Dios; El Chicalote, El Arenal, El Álamo, Santa María, drenaban a una parte baja, que eran el Agua Azul o los pantanos de El Algodonal y ahí se acumulaba el agua, que se derivaba hacia San Juan de Dios, el río tenía un cauce más amplio, con un movimiento controlado del agua”, señala a MILENIO JALISCO el investigador Luis Valdivia Ornelas, responsable del Departamento de Geografía y Ordenación Territorial de la UdeG.

“Luego empezaron a urbanizar y segmentar todo el sistema; abrieron en El Algodonal una colonia, luego la zona hoy de la colonia Ferrocarril; luego la ciudad empieza a crecer laderas arriba del cerro del Cuatro, la zona más alta […] ¿qué pasa? El sistema estaba dado para regular grandes tormentas; en el recuento histórico que hicimos, lo primero fue tratar de entender cómo estaba ese sistema antes de la urbanización, y nos dimos cuenta que ese sistema estaba adecuado para las fuertes tormentas, con cauces someros, poco profundos, cada cauce era sinuoso, incluso uno se llamaba El Garabato; regulaba la velocidad y el volumen a través de una serie de desbordes…”.

Las consecuencias de la transformación, que atraviesa las últimas seis o siete décadas de modo acusado, “ahora son evidentes: Deslizamientos de lodo y piedras, hundimientos e inundaciones. Esta desaparición de la red de drenaje natural de la ciudad es una transformación histórica que aceleró sus procesos a partir de la década de los cuarenta del siglo XX cuando aún desconocíamos el papel tan importante que jugarían en la vida de la ciudad; A principios del siglo XXI estamos aprendiendo que sin esta red de drenaje natural, la ciudad está en riesgo a las inundaciones y deslizamientos…”.

¿Cuáles son las recomendaciones? “Entre las acciones de prevención y mitigación ante las inundaciones se podrían realizar una serie de acciones tales como: Establecer un sistema de alerta temprana, desazolve y recuperación de causes en los sitios donde se hallan localidades a una distancia menor a 100 metros de los mismos, construcción de vasos reguladores, construcción de diques y canales de desvío, establecer un programa de cursos sobre peligros y riegos en las comunidades más cercanas a los escurrimientos, y reforestación en las partes altas de las cuencas para evitar arrastre y deposición de sedimentos en lechos de arroyos y ríos”, añade el documento.

Porque el modo de llover, no variará, como desde los tiempos en que Atemajac era ocupada por un vasto bosque espinoso, animales salvajes y algunas aldeas aborígenes. “En pocos lugares de la República puede contemplarse el grandioso espectáculo que en Guadalajara, que pudiera llamarse la hija predilecta del trueno y de la tempestad. Parece también que este cielo y esta atmósfera influyen en el alma de los hijos de la ciudad, pues hay algo de tempestuoso en sus sentimientos; y en sus amores, en sus odios y en sus venganzas se observa siempre la fuerza irresistible de los elementos desencadenados”, apuntaba Ignacio Manuel Altamirano hace casi 150 años. Hace unos días llovió a cántaros en la colonia Independencia y los truenos estremecieron a Victoria e Isabel, dos pequeñas que aún se asombran del poder de los elementos sobre su valle enjuto y solar.

Las zonas con más problemas

Entre las zonas de la ciudad con altos riesgos de inundaciones están la zona industrial, Arcos del Milenio por Mariano Otero hacia Expo Guadalajara; Plaza del Sol; Loma Bonita; glorieta de Los Arcos en Niños Héroes (jardines del Bosque); avenida Américas en su cruce con Montevideo; Mezquitán entre Ávila Camacho y Enrique Díaz de León; San Jacinto en Javier Mina, entre Plutarco Elías Calles y avenida Presa de Osorio, y avenida Colón a la altura de Isla Raza, en Jardines del Sur”

“A las zonas anteriores se le agregan los problemas generados por el estrechamiento e invasión de los cauces de arroyos que permanecen a cielo abierto a manera de canales, como son el caso del Canal del río Atemajac en la avenida Patria, el arroyo de Osorio, entre Tonalá y Guadalajara; la zona de Las Pintas, en El Salto por problemas de desbordamiento de presa y arroyo de Las Pintas; Arenales Tapatíos -donde confluyen varios cauces provenientes de La Primavera que forman parte de la microcuenca Garabatos; y el arroyo ubicado en La Martinica y Tabachines”, al norte de la ciudad.

Fuente: informe técnico del Instituto de Información Territorial



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