miércoles, 10 de abril de 2019

Un museo que mira al futuro posible


Agustín del Castillo/Guadalajara-NTR

Los museos han ambicionado por siglos exhibir colecciones de la historia del mundo, algunas veces con ambición imperial y planetaria, pero casi siempre sobre fronteras más modestas: acotadas a temas o regiones. Muy pocos han buscado construir una herramienta de cambio que permita una mirada a cierto futuro deseable a condición de reconocer la base de todo lo que el hombre (Homo, el animal que proviene del suelo) ha hecho y seguirá haciendo: la propia naturaleza.

Ese es el enfoque radicalmente nuevo del Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara (UdeG), y lo abordó ayer su coordinador, el científico cubano-puertorriqueño-mexicano Eduardo Santana Castellón, en su ponencia de ingreso a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco (BSGEEJ).

Todos los humanos tienen raíces, y como tales, son herederos, receptores de una tradere (“transmisión”, en latín). La tradere que ha recibido Santana Castellón tiene que ver con esa América caribeña que fue el primer escenario malogrado de la conquista americana de hace más de cinco siglos: destrucción ambiental, avidez mercantilista, colapso de poblaciones aborígenes, pérdida de edenes casi intocados. Un fiel reflejo de la singularidad y fragilidad de las ínsulas. ¿Esto despierta en el hombre de ciencias una temprana conciencia ambiental?

Un Museo de Historia Natural para el Futuro. Orígenes y conceptos, resaltó las contribuciones históricas de la sociedad jalisciense al desarrollo del concepto que hoy edifica en el Centro Cultural Universitario. Santana destacó que la idea original nació con el ingeniero Federico Solórzano Barreto, Miembro de la BSGEEJ, quien convenció en los años 80 al entonces director de investigación científica y superación académica de la UdeG, Raúl Padilla López. Era la semilla de un museo de paleontología, que evolucionó hacia un museo de historia natural sobre el ser humano.

“El nuevo museo, aunque con enfoques contemporáneos, tiene sus antecedentes conceptuales en el Museo Regional de Guadalajara y en las colecciones del ingeniero Solórzano y del doctor Enrique Estrada Faudón, quien fuera presidente vitalicio de la BSGEEJ, así como en el trabajo de conservación de la maestra Luz María Villarreal de Puga, primera mujer aceptada como miembro de la sociedad benemérita”.

Hoy, el Museo de Ciencias Ambientales forma parte del CCU, “cuyo primer plan maestro fue elaborado por el arquitecto Jorge Camberos Garibi cuando su ubicación se contemplaba entorno al edificio que alberga el Paraninfo Universitario”. A sugerencia del propio Camberos, uno de ,los grandes humanistas de la casa de estudios, la sede del CCU se trasladó al predio Los Belenes en Zapopan, como parte del proyecto que hoy dirige el arquitecto Mauricio de Font-Réaulx Rojas.

El museo pretende reflejar las tendencias que están transformando al planeta y a las sociedades mexicanas como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Por primera vez en la historia, la mayoría de los seres humanos viven en ciudades. “Estos cambios ya han ocasionado transformaciones geológicas en estratos recientes en los cuales tanto geógrafos como ecólogos coinciden en que hemos iniciado una nueva época geológica planetaria llamada Antropoceno”.

Por eso, el propósito del museo es “comprender la ciudad e inspirar la conservación de la naturaleza que la sustenta”, dijo. El diseño está anclado en la identidad del Occidente de México, ofreciendo oportunidades para iniciar un recorrido desde la ciudad de Guadalajara, pasando por el campo productor de alimentos para la ciudad, y explorar los paisajes de la costa y el océano, de montañas y bosques, de ríos y lagos, y del altiplano árido. El visitante concluye experimentando un paisaje conceptual de la esperanza incitando a la acción, refirió.

Es un edificio de 21 mil 400 metros cuadrados en construcción y si logra “un flujo adecuado de fondos”, podría abrirse al público en dos años. Pero como proyecto, ya incide en la vida científica y cultural de la ciudad, como en la Muestra de Cine Socioambiental, el Premio de Literatura Ciudad y Naturaleza José Emilio Pacheco, la elaboración de diagnósticos técnicos sobre la sustentabilidad urbana y los recursos naturales, consultas con vecinos, “así como el diseño de diversos tipos de exhibiciones temporales que exploran las formas en que los jóvenes piensan y aprenden sobre la naturaleza y su ciudad”.

Eduardo Santana Castellón, doctorado en la Universidad de Wisconsin, llegó a Jalisco hace 33 años y se ligó al proyecto de la Sierra de Manantlán. Su obsesión siempre ha sido la reconciliación entre el ser de la razón y las imaginaciones y el ancho mundo al que este “animal que viene del suelo” parece haber condenado.

Reconciliación

El proyecto del Museo de Ciencias Ambientales tiene más de 21 mil M2

Se ubica en el Centro cultural Universitario de la UD en Belenes

Pretende destacar las bases ambientales de las ciudades modernas

Lo urbano tiene futuro, a condición de que se reconcilie con la naturaleza, es la premisa

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