miércoles, 8 de junio de 2011

Degradado, 4 veces más bosque que el talado


No obstante, especialista estima que es bosque sano sólo 40 por ciento de toda la masa forestal de Jalisco. Los procesos de decadencia de las florestas del estado están desatados sin que se registren estadísticamente ni incidan en políticas públicas para remediarlo, advierte

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición 7 de junio de 2011

En cifras gruesas, lo que se ha deforestado en Jalisco entre 1993 y 2007 es equivalente a 90 por ciento de la superficie del estado de Tlaxcala, pero esas 366 mil hectáreas (ha) se quedan cortas ante 1.3 millones de ha de “vegetación perturbada”, que son bosques y selvas en proceso de degradación que las fotos satelitales de baja resolución no pueden registrar.

Para el investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Arturo Curiel Ballesteros es claro que la “deforestación” es insuficiente para explicar los problemas de los bosques jaliscienses, que son más graves y profundos. Por un lado, las imágenes 1/250 mil ha que ofrece el Inegi no dan detalles sobre polígonos de menores dimensiones, que pueden alcanzar miles de ha, y donde se dan procesos de destrucción gradual e incluso de regeneración que no son considerados.

El también encargado de educación ambiental del capítulo Mesoamérica de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), considera que sólo 40 por ciento de la superficie de 4.8 millones de ha clasificada como forestal en Jalisco, corresponde a bosques sanos.

En el resto, “debemos considerar que les pegan especies invasoras, les pega la fragmentación, la deforestación hormiga, la extracción de especies y de suelos […] cuando se habla de bosques sanos se debe analizar el tamaño del polígono de los bosques; para señalar bosques que regularmente no son fragmentados tenemos que hablar de masas que tengan al menos diez mil hectáreas, porque apenas una unidad de ese tamaño te permite mantener a la cadena trófica [alimenticia], desde los grandes carnívoros hasta toda una población; y si se habla de bosques de cinco o cuatro mil ha, son bosques importantes que van a tener algunos de los servicios ecosistémicos, pero no suficientes para mantener toda la gama de hábitat de especies silvestres”.

A su juicio, lo que ha pasado en Jalisco es un proceso de fragmentación y degradación con cambios de uso de suelo, con infraestructuras como carreteras y presas; “cuando se hace esto, y metes cercas y cortas la conectividad, o se provoca un incendio, se empieza a afectar la salud de los bosques […] la vegetación original apenas prevalece en 40 por ciento de la superficie reportada como forestal, y es muy importante saber lo que pasa en el resto, de qué manera están perturbados, degradados y fragmentados esos bosques”.

Curiel Ballesteros hace una clasificación del deterioro forestal: “habrían tres tipos o niveles de deforestación; el nivel hormiga, que es cuando derribas diez o doce árboles por hectárea, conservando una masa forestal; otra es términos de polígonos, que son de una a diez hectáreas y que no se registran en esas evaluaciones, y no podemos decir que no sea deforestación porque en predios de esas dimensiones también se hacen reforestaciones; y la gran deforestación o cambio de uso de suelo […] el problema de las cifras oficiales a nivel de deforestación es lo relativo al tamaño de los polígonos que van quedando de bosques”.

De hecho, en la Descripción del sector forestal que hicieron investigadores de la UdeG para el Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial de Jalisco, se definen las áreas forestales perturbadas como “áreas que han sido deforestadas con fines diversos tales como agricultura, ganadería, infraestructura y centros de población”. Y hace una distinción: “Mientras que en los bosques y selvas fragmentados persisten entremezclados manchones de vegetación arbórea que no es posible separar en las imágenes de satélite, en las áreas perturbadas sólo se encuentra relictos de vegetación natural” (ver http://siga.jalisco.gob.mx/moet/SubsistemaProductivo/Forestal/secfojal.h...).

Abunda Curiel Ballesteros: “Creo que desde 2005 la metodología que se ha estado siguiendo para analizar los bosques va por los servicios que proveen para las condiciones de bienestar humano o para la economía; puedes tener una masa aparentemente de uso forestal, pero lo cierto puede ser que la mayor parte sea vegetación invasora, y esto significa que ya el servicio del ecosistema está muy afectado aunque tengas la cobertura forestal: fragmentación o degradación, presencia de plagas, pérdida de suelo; esto afecta notablemente el servicio ecosistémico y no se evalúa en términos de la deforestación”.

Carlos Zermeño Benítez, director de Inventario Forestal y Geomática de la Comisión Nacional Forestal, reconoce la polémica, pero advierte que una cosa es que los datos estén desagregados y otra muy distinta que no se tengan y no se reconozca el problema de la perturbación y la degradación.

“Damos información sobre superficies, también incorporamos valores como el carbono, valores de volúmenes maderables, pero solamente reportamos superficies, lo cual es ya un gran paso, y las obtenemos analizando dinámicas de cambio entre las diferentes series cartográficas que arroja el Inegi”.

Sin embargo, “creo que el mayor problema en México, aun más que la deforestación, es la degradación, y la degradación no es algo que se esté reportando como deforestación, no es tan fehaciente pero ahí está; entonces estos pasos entre bosque primario y bosque secundario, herbáceo, arbustivo o arbóreo, eso es degradación, y eso afecta la biodiversidad y es ahí donde también debemos tener el ojo puesto”, por lo que considera que el debate debería ser rebasado para concentrarse en el tema de los bosques y selvas que se empobrecen lenta y gradualmente.

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