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sábado, 11 de mayo de 2019
15% del parque estatal de arce, afectado por el fuego
Agustín del Castillo/ El Diario NTR, Guadalajara
El impacto del incendio que todavía ayer se combatía en las cañadas de El Cuervo y La Cuesta, en Talpa de Allende, para el parque estatal Bosque de Arce, podría ser considerable aunque restringido a 15 por ciento de la superficie protegida: estimaciones preliminares señalan que posiblemente la mitad de las casi 22 hectáreas por donde pasó el fuego, podrían tener impactos severos.
Oficialmente, la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial reconoce daños en la cobertura de pinos, pero vecinos de Talpa aseguran que unas tres ha son cobertura del bosque mesófilo de montaña, es decir, el macizo forestal donde coexisten los arces exclusivos de Jalisco (Acer binzayedii) y unas 40 especies de flora endémicas, amenazadas o en peligro de extinción según la norma oficial mexicana 056-SEMARNAT.
“Se deberá hacer una evaluación general de los daños y determinar las acciones a tomar para restaurar la zona, pero lo que más preocupa es el impacto del calor sobre un ecosistema que requiere humedad y temperaturas más bajas que las de la zona circundante; también se deberá ver cómo afecta que mucho del bosque de la periferia, fuera del parque, se haya quemado, porque sabemos que los bosques mesófilos de montaña requieren de un escudo de bosques que permiten mantenerlos en sombra y humedad”, dijo a El Diario NTR un técnico forestal de la zona.
El impacto fue para esa zona protegida que alguna vez se pensó debía abarcar 56 mil hectáreas, pero está reducida a 150 ha por la falta de acuerdos de los gobiernos federal y estatal con los propietarios de la zona, y en particular, con el sector forestal; pero también se vive en uno de los sectores productivos más importantes que se han potenciado en los últimos años: el del café.
Un morador de La Cuesta aseguró que los cafetales enclavados en la parte alta de esa demarcación, han padecido la presencia del fuego, lo que podría arrojar pérdidas productivas, que de por sí ya habían enfrentado complicaciones en los últimos años por la presencia de la roya del café, una plaga que apenas ha llegado a la zona, pese a que la producción del grano etíope se remonta a más de un siglo.
El incendio estaba en estatus de control la tarde de ayer, pero había otros incendios activos en el área. Hacia las cañadas del río Cuale, los afectados y, presumiblemente, los propios taladores clandestinos, demandaban la presencia de equipo aéreo, preocupados por la merma del recurso que explotan al margen de la ley (ver El Diario NTR, 28, 29 y 30 de marzo de 2019).
De acuerdo al Centro Estatal de Control de Incendios Forestales en Jalisco, la combinación de altas temperaturas (hay zonas del estado donde se rebasan 40 grados) con baja humedad y ráfagas de viento, además de la presencia de material combustible propiciado por el descontrol de la actividad forestal en muchos sitios de Jalisco, ha ocasionado el auge de estos eventos.
La tarde de ayer había activos diez incendios, que eran combatidos por 556 brigadistas de diferentes dependencias y organizaciones civiles. Se reportaban además tres incendios controlados y tres liquidados.
“En la zona sur sureste se encuentran combatiendo 18 brigadas además de dos helicópteros de gobierno del estado: hay dos incendios en San Gabriel, uno en Zapotlán el Grande, uno en Tuxpan, uno en Zapotitlán de Vadillo”; fuera de la zona, uno en Tecolotlán (sierra de Amula), uno en Cuautitlán de García Barragán (Costa Sur), uno en Talpa de Allende y otro en Atenguillo (Sierra Occidental), y uno en Mezquitic (norte).
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Incendios activos la tarde de ayer
1 Predio La Gatera / El Chayote/ El Fortín, municipio de Zapotlán el Grande
2 Predio Copala /Loma de Coa, municipio de Zapotitlán de Vadillo
3 Predio El Floripondio, municipio de San Gabriel
4 Predio Mesa del Carpintero, municipio de San Gabriel
5 Predio Agua del Cuervo, municipio de Tuxpan
6 Predio Palo Herrado, municipio de Tecolotlán
7 Cerro de la Vaca/Desmoronado, municipio de Talpa de Allende
8 Predio Escobillo, municipio de Cuautitlán de García Barragán
9 Predio El Pinar, municipio de Mezquitic
10 Predio Rancho nuevo / Tierras Blancas, municipio de Atenguillo
Incendios controlados
1 Predio El Papanton, municipio de Juanacatlán
2 Predio La Cumbre de los Arrastrados, municipio de Talpa de Allende
3 Predio El Guajolote, municipio de Bolaños
Fuente: Centro Estatal de Control de Incendios Forestales en Jalisco
sábado, 30 de marzo de 2019
El desarrollo en tierras sin ley
Agustín del Castillo/Talpa de Allende-NTR
El jaguar “se había empicado, en dos años me mató más de 30 becerros; fuimos por él, y lo matamos”. Don Efrén (nombre ficticio para esta historia real) ni se inmuta cuando su interlocutor levanta las cejas. “No es cierto que te pagan los becerros los de la secretaría (de Ganadería), es pura burocracia; uno anda acá en el campo y debe tomar decisiones porque luego no hay manera de llevar el pan a la mesa de la familia”.
Además, sigue, “no son poquitos; los que hacen monitoreo nomás ponen unas pocas cámaras, pero nosotros hemos vivido con el tigre todo el tiempo, y a últimas fechas, vemos muchos”. En su hipótesis, los bosques entre La Cuesta, Talpa de Allende, y Llano Grande, de Tomatlán, son refugio de la Panthera onca, en parte, porque la carretera construida de forma irregular hace más de 10 años, los desplazó. En parte, porque los talamontes están acabando los bosques de la cuenca alta, tanto para el rumbo de San Andrés como para el rumbo del bosque de Arce. “Se vienen para acá, porque quieren estar libres de peligro, pero nosotros lo pagamos”.
La conversación es en medio de un bosque mesófilo de montaña con clima un poco más tropical que el del entorno del arce. Esto es posible por la variación altitudinal: la cañada del arroyo La Cajita debe tener 200 a 300 metros menos aunque la distancia en línea recta sea menor a quince kilómetros.
Estas barrancas de la Sierra Madre del Sur son parteaguas para dos cuencas grandes, en el contexto de la costa de Jalisco: del bosque de Maple (Ojo de Agua del Cuervo) brotan los manantiales del río Talpa, tributario del Mascota, y que corre hacia el norte para encontrarse, ya en la planicie costera, con el río Ameca, en Puerto Vallarta. Pero el parteaguas del otro lado es el gran río San Nicolás, una caudalosa corriente superficial que irriga la agricultura copiosa y las selvas sobrevivientes de la parte sur de Tomatlán.
Los monitoreos publicados hace nueve años revelan que en la costa occidental del país, Jalisco, Nayarit, Colima y Michoacán, hay de 420 a 450 ejemplares del mayor felino americano. Pero no se ha actualizado el dato. Lo cierto es que en ese tiempo, la presión para su supervivencia creció, pues entraron en funcionamiento tres carreteras que cortaron corredores: hay felinos que se mueven sobre territorios enormes, de hasta 500 kilómetros cuadrados. Siempre depende de la disposición de presas. El tecuani (“fiera”, nombre de la pantera y de otros grandes depredadores en náhuatl, que es la lengua viva más antigua de esta región) siempre ha sido como un trofeo. Por eso, no solamente los campesinos atribulados lo presionan. Los nuevos amos de las montañas, ligados al Cartel Jalisco Nueva Generación, encuentran solaz en esta ocupación propia de señores medievales: la caza por placer.
“Detuvimos un grupo de personas que se internaron en la selva armados, para cazar; fue en flagrancia, fuimos al Ministerio Público Federal en Autlán, y el responsable de plano nos dijo: ¿quiere que los consigne? Vea esa fila de personas, vienen a casos de robo, de homicidio, de despojos… ¿usted cree que voy a abrir un proceso por cazar animalitos, que eso es más importante?”, confiesa un director de área natural protegida en la zona costera.
Como el funcionario policiaco definió flagrancia como “prácticamente que los detuviéramos apretando el gatillo y de frente a la víctima”, se allanó una derrota más de la causa justiciera ecologista. Y los abusadores gozaron entonces con su venganza, pero fueron moderados. “Al día siguiente, estábamos en las oficinas de la reserva, y pasaron en camioneta los detenidos, libres de nuevo, y nos gritaron, burlándose: ‘regresamos pronto señores, queremos seguir cazando”.
La realidad es que no hace falta pertenecer a ninguna banda para dedicarse a oficios prohibidos en el Código Penal Federal y en la Ley General de Vida Silvestre. El efecto de la impunidad es justamente que nadie debe preocuparse por destruir patrimonio natural. La región de Talpa, Tomatlán y Cabo Corrientes suele recibir a capturadores de aves canoras y parlantes. Estas últimas, de la familia Psittacidae, están en su totalidad incorporadas a la norma oficial mexicana 059, por estar en diversos grados de riesgo de desaparecer: la destrucción de su hábitat, los bosques mesófilos de montaña y las selvas, es la causa principal.
El secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial de Jalisco, Sergio Graf Montero, encuentra que, más allá de la estrategia punitiva que corresponde a la fuerza pública y a las acciones de inspección, vigilancia y sanción que le tocan a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), el estado mexicano debe recuperar la vigencia de la ley ambiental y del derecho al desarrollo de las comunidades de la región costera de Jalisco, en lo forestal y en otras áreas de oportunidad que tiene la región.
“Es una paradoja: hay un problema muy serio para el dueño de los terrenos forestales, que es que la legalidad es cada vez más difícil: hacer un programa de manejo, el tiempo que le toma a la autoridad para dar esa autorización, los procesos de asignación, de guías de transporte; entonces termina siendo poco competitivo el sector, y por lo tanto los propietarios, en un contexto en que la ilegalidad puede estar creciendo, se salen por esa ruta”, reconoce el funcionario.
–Digamos que la ilegalidad es competencia desleal, y mejor se bajan de lo legal.
– Sí, por la demanda creciente de madera; el desarrollo urbano tiene un incremento en la demanda, y es una demanda insatisfecha; México importa una gran cantidad de productos forestales; en lo que nosotros competimos, en el estado, tableros de mediana densidad (…) el hecho de que haya esta competencia desleal, limita, y en ese sentido hay otros problemas, como es la parte institucional, el cual queremos atacar; estamos en pláticas con la Secretaría de Medio Ambiente federal (Semarnat), para nosotros tener las atribuciones, de una manera descentralizada, para la dictaminación de programas de manejo y guías; o sea, es un proceso que tenemos que desarrollar y tenemos que incrementar nuestras capacidades para ello, pero es fundamental para que los productores no estén en esta situación, de limitación para el desarrollo de sus actividades; esta es una tarea que contribuye en la estrategia de impulso a la legalidad del aprovechamiento forestal.
La otra “es analizar las capacidades de los productores forestales para el manejo de su territorio, y esto va en muchos sentidos consolidar en una estrategia conjunta con la Comisión Nacional Forestal, porque no tiene caso que compitamos en subsidios e incentivos, sino que veamos el poco presupuesto que podamos poner como gobierno del estado en el tema de desarrollo forestal, generar sinergias con las inversiones que hace la federación, para apoyar a los productores y encontrar conceptos de apoyo que ayuden a ir consolidando las gestiones que tiene que hacer el productor con la Conafor”.
Por ejemplo, la elaboración de programas de acción predial integral, un instrumento que la Conafor exige para dar más puntaje para subsidios forestales; un segundo es la posibilidad de generar un programa alternativo a los servicios ambientales, que consiste en financiar a los productores, ya sea con programas de aprovechamiento o dedicados a la conservación, “para mejores prácticas para la conservación de la biodiversidad en sus predios”.
También se puede canalizar a dictaminaciones fitosanitarias, para ejecutar acciones de saneamiento; se está generando igual un concepto de apoyo para productores pecuarios, que tengan ya programas silvopastoriles, “para que manejen y mejoren las condiciones de agostadero, para aumentar la productividad forrajera. Si el ganado presiona menos los recursos en bosques y selvas, los procesos de la naturaleza no se interrumpen y las especies en riesgo, los arces del Cuervo, los jaguares de La Cuesta o las guacamayas de Concha de Bramador, pueden aumentar sus oportunidades de subsistencia.
Esta es una tierra de gran riqueza biológica, cuyas tentativas de protección han topado con la realidad de estructuras económicas tradicionales y nuevos actores que constituyen un poder fáctico cuya imposición ha puesto en peligro, también, las bases ambientales del desarrollo.
Numeralia
420 a 450 jaguares se estima que habitan en la costa occidental de México, que conforman Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit, pero su permanencia dependerá de que se reduzca el impacto de las comunidades humanas en contra de su hábitat y que cese la cacería ilegal del felin
100 jaguares se estima que forman la población total de la costa de Jalisco, una densidad de 2.6 a 5.5 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrado
49 especies extintas, 475 en peligro de extinción, 896 amenazadas y 1,185 sujetas a protección especial en México, son las principales categorías de riesgo de acuerdo a la norma oficial mexicana de especies en riesgo (NOM 059) vigente; otras categorías son las especies endémicas y las “raras”
1% del presupuesto nacional está dedicado a preservar el ambiente, lo que constituye menos un cuarto punto porcentual del producto interno bruto
4 mil especies de flora y fauna, se estima habitan en las montañas de Talpa, con la diversidad relativa más alta de Jalisco, junto a otros municipios costeros
jueves, 28 de marzo de 2019
Arce de Talpa, bosque en peligro de extinción
Agustín del Castillo/Talpa de Allende-NTR
Pasa de mediodía. El Sol domina como viejo dios en la anchura de los cielos despejados de la Sierra Madre del Sur, pero su descenso hasta el suelo es contenido en el dosel de la tupida fronda de árboles que se elevan más de 40 metros, salvo en pequeñas rendijas por donde se cuelan haces de luz que abren las penumbras a un fantástico reino de matices del verde, del rojo, del blanco y del café. Se escucha a lo lejos el sordo ruido de un forzado motor de diésel.
La umbría profanada por la luz exhibe troncos añosos y follaje tierno, hongos y líquenes invasores, musgos adheridos a las piedras por donde fluye agua mansa de ecos apacibles que comienza su paciente recorrido hasta el mar; siguen los helechos y los arbustos, la explosión de las flores del sotobosque, cortejadas por la belleza efímera de las mariposas y los afanes de las abejas.
Luego, tímidos renuevos cuyos troncos frágiles comienzan su competencia por la luz y la energía, música de insectos anhelosos de apareamiento y reproducción, troncos muertos que se pudren de calor y humedad, suelos cenagosos, hilos de arañas ocultas entre los huecos tenebrosos. El operador del camión mete primera para domar la pesada carga y el sonido amenazante desciende sobre la barranca.
El arce o maple prospera en manchones, sus hojas trifásicas parecen mamparas colgadas de los árboles, con la cara hacia el cielo, o tapizan el suelo y amarillean, su homenaje a la mortalidad; troncos más anchos pueblan el entorno, los encinos, los pinos, los nogales, los ailes, los carpinos, conforman una barrera hasta ahora inexpugnable, sólo sometida por sus persistentes huéspedes, las epífitas, desde orquídeas hasta agaves, cuya variedad de formas en planta y flor es el otro homenaje del bosque: a la exuberancia de la vida. Después, la impiedad de los tábanos y los barrilitos le recuerdan al visitante que aquí se termina el reino del hombre… El camión ya bajó por la brecha, el ruido sordo invadió la contemplación.
Baja uno más, y otro más, y otro más... La brecha se llena de vehículos con grandes troncos de pino que provienen de la parte alta de la cuenca, la zona de La Cumbre de Guadalupe; el olor a combustible mal quemado, a aceites, a humos negros de los escapes destruye por un momento la paz campestre, un poema que será cada vez más imposible siquiera de balbucear: la huella humana ya ha dejado honda marca en este bosque único, área natural protegida (ANP) de apenas 150 hectáreas, donde 40 especies vegetales, muchas de ellas sólo supervivientes en estas cañadas, están registradas como raras, amenazadas o en peligro crítico de desaparición tanto en la norma oficial mexicana 059 como en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
De ese conglomerado, destaca el arce o maple, descubierto hace menos de 20 años. Es una forma de vida con 5 millones de años de evolución en aislamiento, solamente en los bosques costeros de Jalisco. La especie, Acer binzayedii, sólo ha sido encontrada en dos manchones, uno pequeño en la Sierra de Manantlán, 100 kilómetros al sur, y el más amplio de esta barranca, conocida como Ojo de Agua del Cuervo.
Clasificado “en peligro crítico de extinción”, para la UICN significa que en tres generaciones podría desaparecer para siempre de estas barrancas donde nace el río Talpa.
Los camiones siguen su ruta montaña abajo y regresan los silencios silvestres. Las nubes se acumulan al caer la tarde y le devuelven a la cañada su epíteto: “bosque de niebla”, aquella floresta donde el Sol no es el dios indiscutido, las sombras y la humedad tejen un entramado de vida cuya diversidad por hectárea, dicen los ecólogos, sólo puede ser disputada por las selvas húmedas intertropicales.
LA MECÁNICA DE LA EXTINCIÓN
Yalma Varga Rodríguez es una botánica de la Universidad de Guadalajara (UdeG) con maestría en la Universidad Estatal de Luisiana. Entre sus credenciales tiene ser codescubridora, con el biólogo Antonio Vázquez, del bosque mesófilo de montaña de Ojo de Agua del Cuervo, donde el hallazgo más importante fue el arce, un árbol propio de los bosques caducifolios de América del Norte y China. Durante mucho tiempo se pensó que era la misma especie de arce o maple de otros bosques de niebla de México y Centroamérica. Pero después comprobó que se trata de una especie única.
“Pueden existir varios tipos de especiación; una de las hipótesis que nosotros hemos propuesto es si pudo haber, cuando llegaron los arces provenientes, primero de China a América del Norte, luego a México, migrando quizás por la Sierra Madre Occidental hacia esta región, y por otro lado, toda la migración que existió desde Estados Unidos hacia Tamaulipas, Veracruz y América Central; las condiciones ambientales del occidente y del oriente de México son diferentes, en el oriente hay mayor humedad y esta ha permitido que exista mayor conectividad; entonces pensando que, durante la última glaciación, hay evidencias de que había flujo genético con el polen, entre los arces del sureste de Estados Unidos hacia Tamaulipas, Chiapas e incluso Guatemala (…) el flujo genético es el mayor homogenizador de las poblaciones; sin embargo, los arces que llegaron al occidente de México, Talpa y Manantlán, por muchos factores geológicos, la formación del Eje Neovolcánico entre estos, conformó barreras que empezaron a aislar las poblaciones”, explica en entrevista con NTR.
Al no haber influencia natural entre los arces del oriente y del occidente, “fueron diferenciándose, surgieron diferencias en morfología floral, de tal manera que la estructura reproductiva cambió, y eso, con base a los datos genéticos que encontré, podría ser desde hace 5 millones de años, al menos, cuando se dio esa separación: una especie separada, pero en condiciones climáticas más secas, ha hecho que las poblaciones se empiecen a contraer, existe cierta evidencia fósil, de que el arce aquí en el occidente estaba más ampliamente distribuido, pero ahora son dos pequeños parches”.
- ¿Qué significa que se haya clasificado el arce occidental “en peligro crítico de extinción”
- La UICN establece en esa categoría a las especies que se estima que en tres generaciones podrían desaparecer, bajo ciertas condiciones; si al problema de la reducción de la distribución que ya tenía, asociamos ciertos factores de uso de suelo de la zona, de extracción excesiva de madera en los bosques contiguos, que son claves para la regulación climática que permite existir a un bosque de niebla, la desaparición puede ser incluso más rápida.
El bosque de arce de Talpa tiene al menos 40 especies vegetales bajo norma, “también hay un porcentaje de anfibios y reptiles, de un 14 por ciento, por ejemplo, y están los hongos, entonces es por eso que esa cañada es tan importante, pero precisamente es de las más diversas de Jalisco; por eso no se debe manejar esa zona como si fuera tierra de nadie”.
Menos de un kilómetro antes de llegar a la carretera Talpa-Llano Grande, siete camiones con madera se han detenido y sus operadores se bajan, impacientes, como a la espera de algo. “Seguro no traían guías y no podían mover su carga hacia el destino final”, estima un prestador de servicio técnicos de la zona. El reino del hombre en estas montañas está dominado por bandas criminales. Y uno de sus negocios activos es la madera, que desde 2017 sale a raudales, frecuentemente sin permisos, desde los montes más intrincados de una orografía, hasta hace pocas décadas, remota y olvidada.
Único en el mundo
Durante los primeros muestreos realizados hace 19 años, “se consideró que la única población con una estructura de plántulas y juveniles de arce azucarero que aseguraba la existencia de la especie a largo plazo era la de Talpa de Allende. Sin embargo, muestreos posteriores demuestran que la presión antrópica disminuye aceleradamente la densidad de plántulas y juveniles, produciendo una población susceptible a la extinción local”
En la cañada de Ojo de Agua del Cuervo, “la altura y densidad de plántulas y juveniles de Acer binzayedii está relacionada principalmente con las variables de suelo: pH, calcio, magnesio y textura de suelo. La textura, particularmente limos ricos en nutrimentos, son importantes para sobrevivencia y crecimiento de plántulas y juveniles de la especie”
“El número de plántulas y juveniles del arce azucarero ha disminuido en 88 por ciento en 14 años. Las parcelas permanentes georreferenciadas y mapeadas se establecieron en 2001, a lo largo y adyacente al sendero del Ojo de Agua del Cuervo.
“Utilizando la información del genoma nuclear y de cloroplasto, se documentó una disminución constante del tamaño poblacional efectivo del arce en el occidente de México, desde un periodo glacial del Pleistoceno medio, hace casi 250 mil 000 años”
El linaje de la población de Talpa de Allende y de la Sierra de Manantlán “divergieron en el Plioceno y se han mantenido sin conectividad ni flujo genético del resto de poblaciones en México y Centro América. Esto indica que las poblaciones en Jalisco son unidades evolutivas únicas y son diferentes a las otras poblaciones de México y Guatemala”
Fuente: Texto del equipo de investigación de la UdeG coordinado por Yalma Vargas
“Si al problema de la reducción de la distribución que ya tenía, asociamos ciertos factores de uso de suelo de la zona (…) que son claves para la regulación climática que permite existir a un bosque de niebla, la desaparición puede ser incluso más rápida”
Yalma Varga Rodríguez, botánica de la UdeG
Problemáticas
Otros de los dolores de cabeza del bosque de Talpa son la tala y la existencia de bandas criminales
miércoles, 20 de marzo de 2019
La Cuesta, bosques de niebla con aroma de café
Agustín del Castillo/Talpa-NTR
Los árboles gigantes se elevan majestuosos, recios, todavía sin daños, hasta 50 metros, por encima del tupido dosel del bosque, abierto desde hace décadas por un viejo camino sacacosechas por el cual hoy llegaron muy temprano un grupo de trabajadores, que antes de mediodía se afana entre los cafetos, ávido en extraer las pequeñas cerezas que dan valor a este espacio silvestre y que sostiene la posibilidad de existencia de estas florestas en riesgo de extinción en Jalisco y México.
Es el bosque mesófilo de montaña, tan diverso como una selva húmeda y más amenazado de desaparecer que los manglares costeros. La composición de este paisaje sugiere una perfecta lección en la más exigente cátedra: demuestra que la economía es parte de la ecología, y de este modo, algo más importante: que le está subordinada.
Don Ismael Zepeda Gutiérrez es propietario de este paraje donde prospera desde hace un siglo la variedad arábiga de la bebida más famosa de la Tierra, pero tiene millones de años alojando una impresionante variedad de plantas y animales, cuya supervivencia en la actualidad se debe en buena medida al valor monetario que pueden alcanzar las cosechas del grano de origen etíope. Economía simbiótica, se podría llamar, sobre todo si se tienen precios justos y mercados disponibles. La devastación de cañadas enteras en la misma región, cuando el sustento es sólo ganadería, refleja con nitidez la premisa. Tercera lección del día: la mala economía destruye los sistemas ecológicos. No hay ecología posible sin economía, para decirlo más claro.
Aunque se acerca la hora del calor, el bosque de niebla tiene sus privilegios: los jornaleros, que trabajan frenéticos porque les pagan 4 pesos por kilogramo, están habituados al tormento de los barrilitos (un tipo de mosquito de tenacidad legendaria), pero la generosa fronda los protege del calor. Si logran cosechar de 80 a 100 kilos, la jornada se va hasta 400 pesos, sin considerar que aparte, con el trabajo en el beneficio, puede subir la cuota en 100 ó 200 pesos más. “Es una muy buena paga, pero el trabajo dura poco, más ahora, que como cayeron las plagas, la producción bajó mucho”, señala José Ángel Torres Peña, nativo de La Cuesta, Talpa de Allende, con apenas 22 años.
Don Ismael está orgulloso de haberse sumado a un proyecto modelo, que trata de rescatar esta economía precaria que vivió sus mejores tiempos de los años 50 a 80, cuando el Instituto Mexicano del Café regulaba precios y garantizaba la comercialización. La caída del estado benefactor y el arribo del modelo de economía abierta y globalizada, los obligó a enfrentar la dura realidad del desplome internacional de los precios, no obstante la enorme popularidad de las bebidas de cafeína.
Son 13 familias con predios cafetaleros en la demarcación. La Cuesta, en las fuentes del río San Nicolás, es la región con mayor producción de cafetales en todo Jalisco, pero en comparación con los gigantes del sureste (Veracruz, Chiapas y Oaxaca), esta entidad apenas pinta: no tiene ni 3 mil hectáreas bajo producción, la mayor parte en la Sierra Madre del Sur, entre Puerto Vallarta, al norte, y el volcán de Fuego o de Colima, al sur.
LOS ESFUERZOS PARA PRODUCIR
Luis Javier Peña Robles, responsable de la Escuela de Manejo Agroecológico del Café Sierra Occidental de Jalisco (la marca es café Maple, en alusión a una de las especies más famosa de los bosques de niebla de Talpa), egresado de la Universidad de Chapingo, con especialidad en zonas tropicales, ha sido el extensionista que ha vertebrado el esfuerzo de los 13 socios, con apoyo decidido de su casa de estudios y financiamientos de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet) a través de la Junta Intermunicipal de Medio Ambiente de la Sierra Occidental (Jisoc).
Es una historia de casi ocho años. “A partir de 2011 empezamos un estudio de caracterizaciones agroecológicas, justamente para poder descubrir cuál era la situación del café en lo agronómico, lo social y lo económico, para definir cómo es la cafecultura aquí en Jalisco. Nos llevamos la grata sorpresa de que en La Cuesta hay una historia única dentro del café, una sombra biodiversa y un grupo de productores de amplia capacidad para poder sostener estos cafetales de una manera muy particular. También la sorpresa de esta relación con la ubicación geográfica del bosque de maple (Acer binzayedii, especie exclusiva del occidente de México); en la misma cuenca en que tenemos el café (…) realizamos un estudio de evaluación física territorial, una colecta de diferentes puntos, para la parte alta, media y baja; hicimos una selección y posteriormente se envió a los laboratorios de Chapingo; ahí nos damos cuenta de que este café tiene una excelente calidad, que esta evaluado por encima de los 85 puntos y con notas y sabores a miel de maple”.
En 2014, Peña Robles fue técnico desde la Sagarpa (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación) en el programa del Procafé, “y (al) trabajar con la comunidad, don Ismael Zepeda nos permitió la posibilidad de un trabajo de manejo agroecológico en una de sus parcelas; ahí empezamos una relación de trabajo; luego lo proyectamos hacia otros compañeros, y una vez que termina el programa federal, en lugar de retirarme porque mi trabajo había terminado, hicimos gestiones para continuar con las redes sociales para el desarrollo sustentable (y) durante dos años en una serie de pagos para talleres (…) trabajábamos tres aspectos: manejo agroecológico de cafetales, organización y comercialización”.
PUEDE AUMENTAR. Los árboles de la comunidad protegen a los jornaleros del sol.
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UNA CRISIS
En 2017 se presenta una crisis en la cooperativa que trabaja desde hace décadas en La Cuesta. Debido a un año malo, los productores tuvieron que buscar un beneficio extra al del café y consiguieron diversos apoyos: “En alianza con algunos de los productores pertenecientes a la cooperativa nos aventamos el paquete, es un paquete que implica mucha responsabilidad, la búsqueda de créditos con el riesgo inherente, porque nosotros no teníamos dinero y generar un grupo de trabajo, cuidar la cosecha, sacarla, generar las cadenas de comercialización, entones ahí apostamos y generamos un proyecto de comercio justo y de generación de cadenas locales”.
Cuarta lección: los proyectos deben adaptarse a las circunstancias y sacar el mejor partido. Ya han accedido a todos los eslabones de la cadena que conducen al consumidor final en Guadalajara y en Puerto Vallarta, lo que no significa que no se haya debido enfrentar desafíos como las plagas (la roya mermó considerablemente la producción de la temporada actual) y el establecimiento de una instalación de beneficio propio
“Con los recursos de las cosechas obtenidas nosotros apostamos por seguir con nuestros procesos de capacitación, con el manejo de los cafetales, y a través de los recursos de la Semadet y Jisoc, (hicimos el) pago de jornales, arreglo de brechas y caminos sacacosechas, y pago de algunos estudios”. En 2018 se realizó el primer encuentro regional del café. La base de todo da pie a una quinta y última lección en fast food: sin crédito social no hay proyectos que prosperen. Esta es la sociedad de la confianza.
El bosque del predio de don Ismael tributa a un riachuelo perenne, La Cajita. La exuberancia permite formas de vida animal variadas. Por aquí, con suerte, se puede ver deambular al jaguar, la portentosa pantera americana y al puma. Los enormes nogales, encinos, pinos y capomos son guardianes de este orden doble casi siempre contradictorio: una milenaria naturaleza ubérrima armonizada con la economía centenaria del alcaloide más famoso del mundo: la cafeína.
“Con los recursos de las cosechas obtenidas nosotros apostamos por seguir con nuestros procesos de capacitación, con el manejo de los cafetales”
Luis Javier Peña Robles, responsable de la Escuela de Manejo Agroecológico del Café Sierra Occidental de Jalisco
¿Dónde?
El café que se produce en Jalisco se cultiva mayormente en la Sierra Madre del Sur, entre Puerto Vallarta, al norte, y el volcán de Colima, al sur
El ABC del café
El café es una bebida elaborada con la semilla del cafeto. “El grano de café tostado contiene una compleja mezcla de compuestos químicos que le aportan el sabor y el aroma. Uno de los compuestos más conocidos es la cafeína, alcaloide con propiedades suavemente estimulantes
El cafeto pertenece al género Coffea, que forma parte de la familia de las rubiáceas. Hay más de 100 especies, pero sólo se consumen dos: Coffea arabica, o café del tipo arábiga, y Coffea canephora, conocido como robusta
El café arábiga es 70 por ciento de la producción mundial y es la principal especie cultivada en México. Requiere condiciones climáticas específicas: una altitud de entre 600 y 2 mil metros sobre el nivel del mar, entre mil 500 y 2 mil 500 milímetros de precipitación anual, sin heladas ni sequías prolongadas
También necesita una sombra provista por los árboles entre los que crece. La mayoría de los cafetos no toleran la luz solar directa, pero se han desarrollado variedades que pueden cultivarse a pleno Sol. Por su parte, el café tipo robusta crece del nivel del mar a los 700 metros de altitud y suele plantarse a pleno Sol. Aunque es más productivo, presenta mayor acidez y menor riqueza aromática, por lo que su precio en el mercado es menor al del café arábiga y se destina a la industria del café soluble
Los principales productores de café son Brasil, Vietnam, Indonesia, Colombia, Etiopía, India, México, Honduras, Perú y Guatemala; mientras que los principales consumidores per capita son los habitantes de la Unión Europea (UE), donde se suelen rebasar los 10 kilogramos anuales. En México, el consumo por persona ronda los 2 kilogramos al año
Fuente: Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México 2015
martes, 1 de enero de 2013
Jalisco creó áreas naturales protegidas de papel
Ni un peso de financiamiento a dos reservas decretadas en el gobierno de González Márquez; es un aspecto crítico porque se detiene la gestión de beneficios para los dueños de los bosques, que terminan opuestos a la protección, indica bióloga de la UdeG que documentó el valor de los bosques mesófilos del Nevado de Colima. La foto del Puma concolor fue tomada por el sistema de fototrampas del volcán extinto en octubre pasado
Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO
El gobierno que preside Emilio González Márquez en Jalisco deja una estela de “simulación” en el caso de las áreas naturales protegidas creadas con base en la legislación estatal. Tanto el parque estatal Bosques Mesófilos del Nevado de Colima como en el área de protección hidrológica Sierra del Águila, desde su creación no han recibido un solo peso del presupuesto del estado.
Para la bióloga Sonia Navarro Pérez, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la UdeG, y que encabezó la investigación para documentar la riqueza de los también llamados “bosques de niebla” de la mayor montaña de Jalisco, la ausencia de presupuesto es crítica porque se queda la gestión de las reservas sin manos ni pies para generar condiciones de negociación con los dueños de las florestas para mejorar sus condiciones económicas y hacerlos grandes aliados de la conservación. No es casualidad que en el caso del Nevado, se haya logrado echar abajo el decreto en más de 500 hectáreas correspondientes a los ejidos Huescalapa y Los Mazos (MILENIO JALISCO, 6 de octubre de 2012).
“En el caso de los ejidos, nosotros lo que tratábamos era de que al entender el decreto, ellos entraran en una dinámica de conservación y manejo, debido a que son grandes superficies que se prestan para eso […] es una situación que merece atención a todas luces, porque la misma gente está esperando que haya una respuesta directa de parte del gobierno, y cuando nos dicen que hay protección y hay desarrollo regional pues todos estamos a la expectativa de lo que viene, pero no hemos tenido esa calidad de respuesta del gobierno”, pone en relieve.
“El caso de crear reservas en papel no nos ha dejado ni una satisfacción, porque eso es una gran mentira, el caso es un compromiso que no se está dando […] nosotros estamos poniendo siempre lo mejor de nuestra parte, campesinos, instituciones, la universidad, y de parte del gobierno, donde deberíamos tener correspondencia, es donde encontramos esos vacíos”.
- Por si fuera poco, salen permisos de corta (de árboles) que no consideran los valores ecológicos, el gobierno parece que tampoco hace su trabajo en eso…
- Las instancias de gobierno están exhortando para que entendamos la conservación, en donde las reservas uno, no sean en papel, y dos, que las cortas de madera y cualquier manejo, no tienen que derivar de que hay un límite de las áreas protegidas, como pasa con Huescalapa (que recibió un permiso de la Semarnat fuera del polígono de protección); sabemos que para tener una reserva tenemos que tener áreas de amortiguamiento, no es que vamos ir al límite e ir arrasando todo, porque a esa reserva la vamos a respetar; debemos de tener la idea clara de lo que es el manejo de la reserva, saber en dónde se puede estar interviniendo de una manera que sea armónica, y en dónde corresponde hacer un aprovechamiento, pero no al estilo de la vieja escuela, de vamos a ir a sacar todo lo que sea posible…
En los bosques del Nevado hay árboles de Abies endémicos (exclusivos) a nivel mundial (MILENIO JALISCO, 15 de diciembre de 2012); hay mamíferos tan importantes como el jaguar (en las partes bajas) y el puma (cuyo registro en cámaras es permanente), y cientos de especies protegidas de flora y fauna. “Todo este sistema demanda una visión integral, y no de acabarnos el bosque hasta donde se pueda, no es el caso”, concluye Navarro Pérez.
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Claves
Las reservas fallidas
- La legislación de Jalisco prevé la creación de áreas naturales protegidas de carácter estatal; hay dos: los Bosques Mesófilos del Nevado de Colima y el área de protección hidrológica Sierra del Águila, al norte del valle de Ameca-Ahualulco. Nunca les ha destinado presupuesto.
- A los bosques del Nevado les ha mitigado el problema de recursos que la dirección del parque nacional se encargue de ellos a la par de la superficie de alta montaña que le corresponde por el decreto federal de 1936.
La prueba más reciente de la riqueza de esos bosques es la foto de un puma tomado en una cámara trampa del programa de monitoreo.
- “Los felinos comentan que son indicadores de la integridad de los ecosistemas de montaña y visto lo saludable que se observa el gran felino y la alta frecuencia de sus registros entonces los bosques del Nevado de Colima aportan el bienestar necesario para su existencia, motivo para continuar en lo posible pugnando por las mejores estrategias para su conservación”, señala José Villa Castillo, director del parque nacional.
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miércoles, 14 de marzo de 2012
La UdeG promueve laboratorio natural en el bosque de arce
Dentro del proyecto de 8 mil hectáreas se construiría una estación científica y un museo, prevén la Semades y la casa de estudios
Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO
Nació como la propuesta de una gran reserva de la biosfera de 56 mil hectáreas (ha), tras el espectacular descubrimiento de un relicto de bosque de arce o niebla, sobreviviente de las glaciaciones, en Talpa. Hoy es un modesto proyecto inconcluso de parque estatal de menos de ocho mil ha, pero uno de sus descubridores, Antonio Vázquez, no se arredra: es el comienzo del rescate de todas estas montañas costeras con alta diversidad biológica.
“Estamos retomando todo lo que es el proyecto de conservación; hay una propuesta de la Semades [Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable] para que en coordinación con la UdeG, el área pueda coadministrarse; por lo pronto, que las 150 hectáreas de la propiedad pública, donde está el arce, pueda cederse en un primer periodo de tres a seis años, [...] eso implica comisionar personal, que el gobierno del estado designe un presupuesto anual como capital semilla para arrancar el trabajo, buscar recursos para un proyecto ejecutivo, pero ahora tenemos el diseño de una estación científica que se va a presentar, pero faltan recursos para el proyecto ejecutivo”, destaca el doctor en ciencias, quien vio el sorprendente macizo de arce de azúcar (Acer skutchii) hace más de una década, en sus andanzas por la zona junto con su socia de trabajo, Yalma Vargas, ahora en la Lousiana State University.
“Vamos a ver cuál es la mejor opción, porque es una necesidad a nivel estatal que estas áreas protegidas no queden nada más en el papel y en la declaratoria”.
—¿Por qué es importante que se instale una estación científica en este bosque de arce?
—Este bosque de arce es un relicto del terciario, de alrededor de 30 millones de años; sobrevivieron y se refugiaron ahí muchas especies que tienen un origen desconocido, porque las teorías geográficas hoy existentes no pueden explicar cómo se reunieron todos estos elementos florísticos en esta zona; entonces es importante conservar y conocer el origen de esta flora, para poder explicar cómo se distribuyeron otras comunidades vegetales en el resto del país, y conocer qué fue de esas comunidades de flora y vegetación, en particular del occidente de México.
Talpa es inmensamente rico en biodiversidad. Sin embargo, “nunca ha tenido recursos para estudiarse bien este municipio, y sí los tuvimos en Manantlán, donde trabajé por trece años: estudios florísticos, estudios ecológicos, que nos permitan entender cómo funcionan las comunidades y hacer propuestas de conservación y de manejo”.
La estación científica, dice por su parte el director de recursos naturales de la Semades, Antonio Ordorica Hermosillo, “es por ahora una propuesta de arquitectura en un predio particular que está erosionado, a un lado de la carretera y de la brecha que va hacia la Cumbre de Guadalupe [y pasa al lado del bosque de arces]; en un espacio de 400 metros cuadrados. No se tiene el proyecto ejecutivo, pero va en el sentido de tener un museo que esté abierto al público, que también sirva como estación científica, para que se propaguen las especies nativas, teniendo esta parte de atención al público como un sendero interpretativo, un museo de los elementos naturales, y que a la vez esté la presencia permanente de estudiantes y académicos que hagan el trabajo de investigación, pero también se enfoquen a la asesoría”.
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Claves
La importancia
► El bosque de arce de Talpa es una comunidad única en Jalisco, más extendida y vigorosa que la existente en Manantlán, y con mejores comportamientos de sucesión y supervivencia que los similares de Chiapas y Tamaulipas.
► En 2002, la mitad de los habitantes de Talpa solicitaron por escrito su conservación. A 10 años, los intereses madereros y privados impiden su protección. Pero la Semades espera que el parque estatal esté en su fase final.
► “Estamos en las últimas reuniones de trabajo, hemos realizado las modificaciones pertinentes y esperamos que en poco tiempo tengamos la declaratoria lista para publicarse”, señala Antonio Ordorica Hermosillo.
domingo, 1 de enero de 2012
Urgente, proteger el bosque de arce en Talpa
Se retrasa el decreto de protección y manejo y el ecosistema se deteriora. La investigadora de la UdeG Yalma Vargas Rodríguez, codescubridora del ecosistema, advierte de los riesgos y presiones
Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO JALISCO
Resulta esencial que se culmine con éxito la creación del área natural protegida en el bosque de niebla de Talpa donde sobrevive una comunidad de arces o maples única en México, porque las presiones y amenazas no han cesado de incrementarse desde la apertura ilegal de la carretera Talpa-Llano Grande, advierte la investigadora de la Universidad de Guadalajara y candidata a doctora por la Louisiana State University, Yalma Vargas Rodríguez.
Codescubridora de ese bosque hace once años, junto con el botánico José Antonio Vázquez García, la experta hizo una visita reciente a la zona y entregó sus comentarios a MILENIO JALISCO, donde resalta su preocupación por la lentitud con que se integran las negociaciones para generar el área protegida estatal en la zona.
“Se me comenta por parte de los responsables de las negociaciones [de la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable] que han seguido en pláticas con las personas que tienen terreno dentro del polígono del parque estatal. Parece que ahora si quieren definir quiénes están dentro del polígono, porque otros, externos, están metiendo mucho ruido en las negociaciones […] me comentan que quizás para febrero puedan dar un decreto, aunque, como siempre, las fechas no se suelen cumplir”.
Vargas Rodríguez destaca que “a once años de haber dado a conocer el bosque, continúa sin tener un decreto de protección ni de manejo. La desinformación o la deliberada difusión de información errónea sobre este bosque y sobre su propuesta de conservación ha sido uno de los principales obstáculos para la puesta en marcha de programas de preservación, manejo y restauración. Además, el desinterés y el pensar que estos bosques seguirán igual aunque no se haga nada por conservarlos es un problema predominante”.
Sin embargo, “la fragilidad y unicidad de este ecosistema implica que no se puede esperar más tiempo para protegerlo y manejarlo. El impacto de las visitas ecoturísticas —hasta tres grupos cada dos horas— sin organización e información adecuada, resultan en acumulación de basura en el bosque, la presencia de mascotas [las que pueden cazan fauna —aves—], compactan el suelo afectando las plántulas de muchos árboles; introducen especies exóticas [quedan semillas de la fruta que llevan para comer], saquean plantas —helechos, orquídeas, plántulas de árboles—; establecen fogatas con su consecuente potencial de incendios forestales y además, existe el potencial de introducción de plagas forestales”.
Esto está pasando “ahora, y seguirá mientras continúe la desarticulación entre el gobierno municipal, estatal, forestales e investigadores y predomine el interés en la extracción de madera o negocios ecoturísticos sin regulación”.
Debe recordarse “que los bosques son multifuncionales y ofrecen una gran variedad de servicios, usos no madereros, y tan importantes como la captura de agua. La frecuencia de niebla es una de las variables climáticas más importantes que definen y afectan a estos bosques. Esta característica permite la persistencia e incremento del volumen de agua de los arroyos, debido a que es capturada de las nubes que se estacionan en estos bosques. Entonces, además del agua que provee la precipitación, la de la niebla otorga una cantidad importante extra”.
En Talpa de Allende, “el éxito de conservar, manejar y restaurar los bosques debe estar basado en las necesidades de la comunidad en conjunto con bases científicas. Esto debe ser la guía para lograr un uso sustentable de los bosques del municipio, no sólo el de arce. La creación de un área protegida será un paso mayúsculo para lograr este objetivo”.
La especialista pone en relieve: “el cambio climático no sólo es global, es también regional y afecta principalmente la humedad y la temperatura del bosque de arce. La deforestación debida a la apertura de la carretera en la zona adyacente del bosque y en los bosques de niebla de la misma cañada del arce, directamente afecta la temperatura, incrementándola”.
Este solo factor “origina varios efectos negativos: con ambientes más secos, se incrementan las probabilidades de incendios, sobre todo durante el evento de El Niño; que se modifique de la elevación en donde se presenta la niebla”.
Se estima que un incremento de 3°C [grados centígrados] en la temperatura, “podría implicar que la presencia de niebla se eleve de 450 a 600 metros. Esta modificación impacta al ecosistema en términos de su diversidad, al disminuir la presencia de las plantas epífitas y los anfibios, por ejemplo, hasta cambios hidrológicos y en las funciones ecológicas, como variaciones en la fructificación de las plantas y su consecuente efecto en las poblaciones de aves frugívoras o bien, cambios en la descomposición de la hojarasca, lo que afecta la mineralización, la actividad microbiana y consecuentemente la disponibilidad de nutrimentos en el bosque”, puntualiza.
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martes, 19 de julio de 2011
Reclaman apoyos contra deforestación en la Sierra Occidental de Jalisco
Criterios de eligibilidad son contraproducentes, indican afectados, "conservamos el agua y los bosques para Puerto Vallarta". La Conafor señala que sí hay recursos para los silvicultores de la región de Talpa.
Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 4 de julio de 2011
Ejidos y pequeños propietarios de Talpa de Allende, donde nacen las aguas que alimentan los ríos de Puerto Vallarta y 80 por ciento de lo que recibe la presa Cajón de Peña, la mayor de Jalisco, denuncian que se han quedado sin apoyos de los fondos concurrentes contra la deforestación que conformaron la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder) y la Comisión Nacional Forestal (Conafor), lo que ha motivado protestas de los productores que han conservado los bosques de la Sierra Madre del Sur.
Desde 2010 se implantó ese programa de pago. “El gobierno del estado, por medio de la Seder, pone 3.5 millones de pesos y la Conafor pone 3.5 millones para las cuencas de los ríos Cuale y Pitillal para beneficio del agua que recibe Puerto Vallarta […] funcionarios de la Seder deciden que sea un polígono elegible que abarca sólo territorio del municipio de Vallarta y apoya a dos ejidos en la zona baja de la cuenca, por ser los que más deterioro por deforestación presenta, pero nos dio en la torre al trabajo que hacemos arriba”, señalaron productores talpenses en una carta enviada a este diario.
La Conafor respondió a esta queja: el esquema de fondos concurrentes “es aplicado a las zonas de elegibilidad de atención prioritaria para la autoridad estatal, sin que esto signifique que se deje de atender con los otros dos esquemas de pagos por servicios ambientales, a las regiones que no entren en el esquema de recursos concurrentes”, por lo cual “refrenda su compromiso para incorporar cada año una mayor superficie de ecosistemas prioritarios al pago de los servicios hidrológicos o de conservación de la biodiversidad, con el objetivo de lograr su conservación”.
Así, fue el gobierno de Jalisco el que decidió el apoyo especial a los ejidos de Vallarta, atenido a que la parte alta ya recibe más de nueve millones de pesos en 2011.
Pero no lo ven así en Talpa. “Se deja sin apoyo a los ejidos de arriba de la zona de recarga de la cuenca que pertenecen al municipio de Talpa de Allende, porque se encuentran bien conservados, que tienen una gran biodiversidad y están dentro del programa de las 60 montañas prioritarias del país”, añaden los productores. Sin embargo, esto es contraproducente. “Los ejidos con más cobertura y bien conservados son los que garantizan mayor captación y retención y recarga de los mantos acuíferos; si nos basamos en los criterios que se utilizaron de la zona elegible, entonces para ser sujetos de apoyo hay que talar todo para ser los privilegiados”.
Los quejosos presentan oficios oficiales firmados por Salvador Martín Uribe Gil, presidente municipal de Talpa de Allende; Salvador González Reséndiz, alcalde de Puerto Vallarta, y Humberto Muñoz Vargas, director del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Puerto Vallarta, quienes le piden al gobernador Emilio González recursos para fortalecer los procesos de conservación de la parte alta de la cuenca con fondos concurrentes, lo cual quedará para mejor ocasión.
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En 2011, Conafor dará 9.6 mdp para cuatro municipios
La Conafor niega abandonar las montañas de Talpa. “A través del Programa Nacional de Pago por Servicios Ambientales, se han destinado a los municipios de Talpa de Allende, Atenguillo, Guachinango, Mascota, Mixtlán, San Sebastián del Oeste y Puerto Vallarta, un total de 109 millones de pesos en el periodo 2003-2010, con ello se han conservado 71,400 hectáreas a través de 92 proyectos”, informó en una nota el organismo federal.
Para el municipio de Talpa de Allende “se han beneficiado 26,200 hectáreas bajo el esquema, con una inversión de 23.3 millones de pesos durante cinco años, que se destinaron a 34 proyectos, durante el mismo periodo de tiempo, esto para ejidos como El Cuale, Concepción del Bramador, San Andrés y La Cuesta, entre otros”.
Además, “para este año 2011, se han asignado cuatro apoyos para los municipios de Talpa de Allende y Mascota, para los ejidos La Cuesta, Los Ocotes, Mirandillas y La Palapa, conservando 4,710 hectáreas para lo que se destinarán durante cinco años poco más de 9.6 millones de pesos”.
viernes, 29 de octubre de 2010
Proponen a Jalisco comprar 3 mil ha del bosque de arce


Propietarios de la montaña en Talpa lanzaron la oferta al gobierno del estado. El Ejecutivo analizará una propuesta para adquirir parte de estas florestas por poco más de 9 millones de pesos. Descubridor del bosque resalta que biodiversidad de la zona vale cientos de veces más
Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO. Edición del 23 de octubre de 2010
Como sucedió en décadas pasadas con los parques nacionales, y en los últimos tiempos con la vasta selva de Calakmul, Campeche, o el mismo bosque La Primavera, la expropiación o compra de tierras es una opción que se abre, en esta ocasión, como posibilidad para garantizar la permanencia de una parte importante de las cañadas donde sobrevive el reducto de arces o árbol de maple mejor conservado del país, en el municipio jalisciense de Talpa de Allende.
La oferta fue lanzada hace algunos meses al rector de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Marco Antonio Cortés Guardado, por una familia poseedora de alrededor de tres mil hectáreas (ha) boscosas. El precio suena a ganga: alrededor de tres mil pesos por ha, lo que significa que esa vasta heredad podría adquirirse para el patrimonio público de Jalisco por poco más de nueve millones de pesos.
Ahora, los propietarios —cuyos nombres permanecen sin ser publicitados— han presentado su oferta al gobernador del estado, Emilio González Márquez. La idea sería que por medio de la Secretaría de Desarrollo Urbano (Sedeur) se pudieran aportar recursos a cuenta de las mitigaciones que la dependencia debe seguir financiando por las obras carreteras de la zona.
Pero el director de Planeación Ambiental y Desarrollo Sustentable de la Secretaría de Medio Ambiente (Semades), Antonio Ondorica Hermosillo, considera que no es la única posibilidad: también se puede establecer algún patronato o fideicomiso privado que colecte el dinero y entregue esos terrenos para la conservación, tal y como sucedió en 2005 con la gigantesca reserva de selva tropical de Calakmul, a la que se le incorporaron, por poco más de 30 millones de pesos, 151 mil ha, con financiamiento mayoritariamente privado (Público, 18 de marzo de 2005).
“Está regalado, a tres mil pesos la hectárea, a 30 centavos el metro cuadrado”, secunda Antonio Vázquez García, uno de los botánicos de altos vuelos que tiene el Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Administrativas (CUCBA).
¿Los vale? Vázquez García, codescubridor y responsable de los inventarios de esta floresta de niebla, que los científicos clasifican como “bosque mesófilo de montaña”, no tiene la menor duda: “estamos hablando de uno de los bosques en su tipo más extraordinarios de América del Norte […] toda esta conjunción de elementos de diferente origen y procedencia que han llegado en esta época no encuentran paralelo, no encuentran un bosque análogo en todo el continente americano”, señala sin dudar (ver nota aparte).
No se diga de los servicios ambientales que presta esta zona alta, cuna del río Talpa que converge al Ameca, y del San Nicolás, el más copioso de los que desembocan en el Pacífico central. El riesgo de que se pierda es algo más que latente, pues en el pasado reciente la propia Sedeur abrió estos bosques sin permisos ambientales para construir una ruta pavimentada de Talpa a Llano Grande, lo que devastó una parte de la umbría. Lo peor del caso es que la carretera se dejó a medias, por lo que el deterioro no ha terminado.
Por esas obras ilegales, la dependencia fue multada por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). E invirtió más de nueve millones de pesos en comprar apenas 150 ha de la zona núcleo… a 60 mil pesos por ha (Público, 28 de enero de 2007).
De la nueva propuesta, a costos de apenas 5 por ciento por ha, en comparación con la primera compra, no hay una respuesta oficial.
Pero será medular lo que se decida porque la Semades tiene en fase de consulta establecer en la zona un parque ecológico estatal de poco menos de siete mil ha, que ya ha encontrado resistencias entre los propietarios del área (Público, 10 de octubre de 2010).
Nueve millones de pesos es el costo promedio de la construcción de 1.5 kilómetros de una carretera tipo C, o 30 por ciento de lo que cuesta un paso a desnivel simple en una ciudad, o algo más de 2 por ciento de lo que costará el puente atirantado que edifica el gobierno de Emilio González Márquez sobre la calzada Lázaro Cárdenas, en la zona económicamente más importante de la capital de Jalisco.
Aun así, hay quienes consideran que “no hay dinero” para hacer la compra. Pero el bosque de arces no podrá esperar siempre.
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La oferta fue lanzada hace algunos meses al rector de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Marco Antonio Cortés Guardado, por una familia poseedora de alrededor de tres mil hectáreas (ha) boscosas. El precio suena a ganga: alrededor de tres mil pesos por ha, lo que significa que esa vasta heredad podría adquirirse para el patrimonio público de Jalisco por poco más de nueve millones de pesos.
Ahora, los propietarios —cuyos nombres permanecen sin ser publicitados— han presentado su oferta al gobernador del estado, Emilio González Márquez. La idea sería que por medio de la Secretaría de Desarrollo Urbano (Sedeur) se pudieran aportar recursos a cuenta de las mitigaciones que la dependencia debe seguir financiando por las obras carreteras de la zona.
Pero el director de Planeación Ambiental y Desarrollo Sustentable de la Secretaría de Medio Ambiente (Semades), Antonio Ondorica Hermosillo, considera que no es la única posibilidad: también se puede establecer algún patronato o fideicomiso privado que colecte el dinero y entregue esos terrenos para la conservación, tal y como sucedió en 2005 con la gigantesca reserva de selva tropical de Calakmul, a la que se le incorporaron, por poco más de 30 millones de pesos, 151 mil ha, con financiamiento mayoritariamente privado (Público, 18 de marzo de 2005).
“Está regalado, a tres mil pesos la hectárea, a 30 centavos el metro cuadrado”, secunda Antonio Vázquez García, uno de los botánicos de altos vuelos que tiene el Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Administrativas (CUCBA).
¿Los vale? Vázquez García, codescubridor y responsable de los inventarios de esta floresta de niebla, que los científicos clasifican como “bosque mesófilo de montaña”, no tiene la menor duda: “estamos hablando de uno de los bosques en su tipo más extraordinarios de América del Norte […] toda esta conjunción de elementos de diferente origen y procedencia que han llegado en esta época no encuentran paralelo, no encuentran un bosque análogo en todo el continente americano”, señala sin dudar (ver nota aparte).
No se diga de los servicios ambientales que presta esta zona alta, cuna del río Talpa que converge al Ameca, y del San Nicolás, el más copioso de los que desembocan en el Pacífico central. El riesgo de que se pierda es algo más que latente, pues en el pasado reciente la propia Sedeur abrió estos bosques sin permisos ambientales para construir una ruta pavimentada de Talpa a Llano Grande, lo que devastó una parte de la umbría. Lo peor del caso es que la carretera se dejó a medias, por lo que el deterioro no ha terminado.
Por esas obras ilegales, la dependencia fue multada por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). E invirtió más de nueve millones de pesos en comprar apenas 150 ha de la zona núcleo… a 60 mil pesos por ha (Público, 28 de enero de 2007).
De la nueva propuesta, a costos de apenas 5 por ciento por ha, en comparación con la primera compra, no hay una respuesta oficial.
Pero será medular lo que se decida porque la Semades tiene en fase de consulta establecer en la zona un parque ecológico estatal de poco menos de siete mil ha, que ya ha encontrado resistencias entre los propietarios del área (Público, 10 de octubre de 2010).
Nueve millones de pesos es el costo promedio de la construcción de 1.5 kilómetros de una carretera tipo C, o 30 por ciento de lo que cuesta un paso a desnivel simple en una ciudad, o algo más de 2 por ciento de lo que costará el puente atirantado que edifica el gobierno de Emilio González Márquez sobre la calzada Lázaro Cárdenas, en la zona económicamente más importante de la capital de Jalisco.
Aun así, hay quienes consideran que “no hay dinero” para hacer la compra. Pero el bosque de arces no podrá esperar siempre.
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Otras compras
En el caso Calakmul, en 2005 se formalizó la compra de 151 mil hectáreas a los ejidos de la zona para establecerlas como parte del área núcleo de la reserva de la biosfera con selvas más grande del país.
Para ello, se pagaron más de 30 millones de pesos aportados por el gobierno federal, pero sobre todo, por recursos acarreados por las organizaciones no gubernamentales Pronatura de la península de Yucatán y Natural Conservancy.
Para el bosque La Primavera, el gobierno de Alberto Cárdenas Jiménez adquirió, en 2001, a poco menos de 20 millones de pesos, un predio de alrededor de 700 hectáreas, Agua Brava.
En el caso Calakmul, en 2005 se formalizó la compra de 151 mil hectáreas a los ejidos de la zona para establecerlas como parte del área núcleo de la reserva de la biosfera con selvas más grande del país.
Para ello, se pagaron más de 30 millones de pesos aportados por el gobierno federal, pero sobre todo, por recursos acarreados por las organizaciones no gubernamentales Pronatura de la península de Yucatán y Natural Conservancy.
Para el bosque La Primavera, el gobierno de Alberto Cárdenas Jiménez adquirió, en 2001, a poco menos de 20 millones de pesos, un predio de alrededor de 700 hectáreas, Agua Brava.
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Hacer un parque estatal no basta, pero “es un comienzo”
Diez años de esfuerzos por proteger el arce, recuento de fracasos
Muchos se sorprenden de que a diez años de su descubrimiento, el bosque de niebla que contiene la mejor comunidad de arces o maple de México, siga sin protección legal, no obstante que para la comunidad científica ha quedado clara la enorme relevancia de su conservación.
La realidad es que los políticos de Jalisco no lo han visto así y la floresta ha debido enfrentar los inconvenientes de su súbita fama, que ha atraído a numerosos turistas y ha generado resistencias entre los madereros de la región Mascota –que ven en las áreas naturales protegidas una expropiación virtual de sus tierras–; así como los derivados de grandes proyectos de infraestructura –una carretera ilegal que destruyó bosques vecinos en la misma cañada– que generaron un “efecto de borde” que ya está dañando la masa forestal, que requiere de alta humedad y muchas sombras para sobrevivir.
Por eso, parece raquítica la intención de la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades) de constituir un parque estatal. Antonio Vázquez García, científico que junto a su colega Yalma Vargas descubrió el bosque y comenzó su inventario, dice que es un comienzo.
“Desde el punto de vista científico es ya un avance lograr el establecimiento de estas siete mil hectáreas, y si en un futuro existen mejores condiciones o mejor apoyo, una vez que hayamos convencido con resultados a la población, éste debe de pensarse como una reserva federal de la biosfera con mayores dimensiones, que le den una mayor certidumbre”.
Pero en las condiciones actuales, no se está enfrentando el “efecto de borde” (un fenómeno de degradación ocasionado por la proximidad con un ecosistema diferente, frecuentemente artificial, como es el caso de una carretera o una comunidad humana), lo que está claramente documentado: “nosotros estábamos contemplando como zona núcleo y zona de amortiguamiento un área total propuesta que científicamente debiera tener 56 mil hectáreas; tenemos conocimiento de que en el Amazonas el efecto es nulo después de ocho kilómetros, entonces ni siquiera en estas condiciones se evitaba, pero de cualquier forma habíamos seleccionado las mejores masas, de mayor valor de conservación, en base al endemismo de la biodiversidad, poca fragmentación, y de densidad humana de baja a prácticamente nula”. Y eso con la primera y fracasada propuesta.
Y los efectos de borde, que no tiene que ver con papeleo y procedimientos burocráticos, ya se están viviendo, admite.
“Hay bastante vulnerabilidad […] estas especies no van a germinar si el suelo aumenta su temperatura, lo cual sucede cuando talan árboles o hay aclareos por el disturbio o un exceso de visitas en el área; y no sólo no germinarían ya los oyameles y los podocarpos, sino que en el maple ya se han visto árboles caídos a causa de un barrenador, y estas plagas forestales aumentan con la visita de humanos y esto se convierte en una amenaza, podemos hablar que el bosque ya sido visitado por miles de personas”, agrega.
¿Qué es lo que está en riesgo? “El bosque de arce de Talpa tiene una composición florística muy compleja […] no hay una teoría que explique adecuadamente cómo se originaron estos bosques, se requieren estudios paleobotánicos, genéticos, moleculares, para poder dilucidarlo. Estos bosques han sobrevivido fluctuaciones climáticas durante millones de años, desde el Mioceno y Pleistoceno, cuando los periodos fríos han empujado hacia el sur a los árboles boreales; pero ahora en el periodo actual, Holoceno, que es un poco menos frío y más seco, se están retractando la mayoría de las especies, de tal manera que el bosque sobrevive en un refugio en las cañadas de estas montañas, y viene a ser todo un acontecimiento evolutivo y biogeográfico, sorprendente, espectacular: sería el equivalente a estar viendo vivos algunos mamuts o tigres dientes de sable, pero en vegetales […] de ese tamaño es lo que encontramos allí”.
Es decir, si no sobrevive esta umbría, se borrarán 25 millones de años de evolución.
La realidad es que los políticos de Jalisco no lo han visto así y la floresta ha debido enfrentar los inconvenientes de su súbita fama, que ha atraído a numerosos turistas y ha generado resistencias entre los madereros de la región Mascota –que ven en las áreas naturales protegidas una expropiación virtual de sus tierras–; así como los derivados de grandes proyectos de infraestructura –una carretera ilegal que destruyó bosques vecinos en la misma cañada– que generaron un “efecto de borde” que ya está dañando la masa forestal, que requiere de alta humedad y muchas sombras para sobrevivir.
Por eso, parece raquítica la intención de la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades) de constituir un parque estatal. Antonio Vázquez García, científico que junto a su colega Yalma Vargas descubrió el bosque y comenzó su inventario, dice que es un comienzo.
“Desde el punto de vista científico es ya un avance lograr el establecimiento de estas siete mil hectáreas, y si en un futuro existen mejores condiciones o mejor apoyo, una vez que hayamos convencido con resultados a la población, éste debe de pensarse como una reserva federal de la biosfera con mayores dimensiones, que le den una mayor certidumbre”.
Pero en las condiciones actuales, no se está enfrentando el “efecto de borde” (un fenómeno de degradación ocasionado por la proximidad con un ecosistema diferente, frecuentemente artificial, como es el caso de una carretera o una comunidad humana), lo que está claramente documentado: “nosotros estábamos contemplando como zona núcleo y zona de amortiguamiento un área total propuesta que científicamente debiera tener 56 mil hectáreas; tenemos conocimiento de que en el Amazonas el efecto es nulo después de ocho kilómetros, entonces ni siquiera en estas condiciones se evitaba, pero de cualquier forma habíamos seleccionado las mejores masas, de mayor valor de conservación, en base al endemismo de la biodiversidad, poca fragmentación, y de densidad humana de baja a prácticamente nula”. Y eso con la primera y fracasada propuesta.
Y los efectos de borde, que no tiene que ver con papeleo y procedimientos burocráticos, ya se están viviendo, admite.
“Hay bastante vulnerabilidad […] estas especies no van a germinar si el suelo aumenta su temperatura, lo cual sucede cuando talan árboles o hay aclareos por el disturbio o un exceso de visitas en el área; y no sólo no germinarían ya los oyameles y los podocarpos, sino que en el maple ya se han visto árboles caídos a causa de un barrenador, y estas plagas forestales aumentan con la visita de humanos y esto se convierte en una amenaza, podemos hablar que el bosque ya sido visitado por miles de personas”, agrega.
¿Qué es lo que está en riesgo? “El bosque de arce de Talpa tiene una composición florística muy compleja […] no hay una teoría que explique adecuadamente cómo se originaron estos bosques, se requieren estudios paleobotánicos, genéticos, moleculares, para poder dilucidarlo. Estos bosques han sobrevivido fluctuaciones climáticas durante millones de años, desde el Mioceno y Pleistoceno, cuando los periodos fríos han empujado hacia el sur a los árboles boreales; pero ahora en el periodo actual, Holoceno, que es un poco menos frío y más seco, se están retractando la mayoría de las especies, de tal manera que el bosque sobrevive en un refugio en las cañadas de estas montañas, y viene a ser todo un acontecimiento evolutivo y biogeográfico, sorprendente, espectacular: sería el equivalente a estar viendo vivos algunos mamuts o tigres dientes de sable, pero en vegetales […] de ese tamaño es lo que encontramos allí”.
Es decir, si no sobrevive esta umbría, se borrarán 25 millones de años de evolución.
domingo, 10 de octubre de 2010
Bosque de arce tendrá que esperar para ser protegido

Propietarios colindantes reclaman no haber sido considerados para la conformación del área natural protegida estatal; la Semades buscará negociar el consenso en lo que resta de 2010
Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO
Las quejas de propietarios particulares y ejidales cuyos terrenos se ubican en la zona propuesta para parque estatal por la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades) en Talpa de Allende, Atenguillo y Tomatlán, han frenado el proceso de consulta pública previo a la declaratoria de área natural protegida, reconoció el responsable de las negociaciones, Antonio Ordorica Hermosillo.
El director de Planeación Ambiental y Desarrollo Sustentable de la dependencia subrayó que muchos de esos quejosos no habían sido identificados en el proceso previo de levantamiento del polígono, pero consideró que esa es también la función de las consultas públicas, que quienes no han sido por alguna razón notificados, tengan oportunidad de participar y ofrecer sus puntos de vista.
“Esto nos va a llevar unos dos o tres meses más de trabajo, porque no se quiere retrasar la declaratoria demasiado; vamos a buscar convencerlos de las bondades y las ventajas del área protegida, es la tarea en la que ya me estoy metiendo, a pesar de que los 60 días de la consulta acaban de vencer”, explicó Ordorica Hermosillo.
La zona a proteger tiene ya un historial de diez años en que se busca un esquema legal para que no desaparezca su bosque mesófilo de montaña, que tiene la particularidad de albergar decenas de especies en peligro de extinción, entre las que destaca el arce de azúcar (Acer skutchii) o maple, especie que data de los periodos glaciares y que ha sobrevivido pese a ubicarse en un entorno subtropical, lo que hace única a esa comunidad.
Con dicha declaratoria se alcanzaría la tercera área natural protegida de carácter estatal en Jalisco, pues ya existen las correspondientes a los bosques mesófilos del Nevado de Colima y la llamada Sierra del Águila, entre Ameca y Ahualulco.
El bosque de arce abarca, en la propuesta de parque, 7,879.74 hectáreas de superficie. Según el estudio justificativo, el bosque de arce es un área de importante refugio y corredor biológico para especies amenazadas o en peligro de extinción como el jaguar, el tigrillo, el jaguarundi, el ocelote, la guacamaya verde, el loro cabeza amarilla. Dentro del polígono se ubican 40 plantas endémicas (exclusivas), 170 especies de aves, 40 especies de reptiles y 47 especies de mamíferos.
El estudio estuvo coordinado por José Antonio Vázquez García, profesor investigador de la Universidad de Guadalajara, descubridor de ese ecosistema en sociedad con la investigadora Yalma Vargas.
La oposición no deja de generar sorpresa, pues el polígono del parque estatal es una significativa reducción en relación con la primer propuesta, de 2002, que rebasaba 22 mil ha.
No obstante esta riqueza biológica documentada, las políticas públicas que han seguido los gobiernos de Jalisco, sobre todo el que encabezó Francisco Ramírez Acuña (2001-2007), fue tendiente no sólo a despreciar este recurso, sino incluso destruirlo, al abrir sin permisos ambientales la carretera pavimentada Talpa-Llano Grande, y desdeñar la propuesta presentada en 2002 por el ayuntamiento talpense, con respaldo de la mitad de la población, para que se constituyera en la zona una reserva de la biosfera federal, que nunca prosperó.
La superficie del parque ahora propuesto no es suficiente para proteger la dinámica natural necesaria que propicia ese bosque de niebla. Se deberá incidir de forma paralela en la conservación de una amplia zona de amortiguamiento, ya que de talarse esa área cambiaría las condiciones de microclima requeridos para conservar la biodiversidad del bosque mesófilo.
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Floresta fantasmal
Este boque mesófilo o de niebla contiene biomas que dependen de una elevada humedad atmosférica durante gran parte del año, lo que propicia una mezcla de elementos florísticos holárticos (procedentes del hemisferio norte) y neotropicales (procedentes de Sudamérica).
En estas cañadas donde nace el río Talpa se tiene alta diversidad de epífitas y helechos. Las orquídeas tienden a ser numerosas así como los árboles de los géneros Carpinus (mora blanca), Ostrya (mora roja), Alnus (aile), Magnolia (magnolia), Quercus (encino o roble), Juglans (nogal), Tilia (cirimbo), Cornus (azulillo) y Acer skutchii rehder (arce o maple).
Este último es considerado una subespecie de maple o arce azucarero (Acer saccharum) fuente de la miel o jarabe de maple.
Este boque mesófilo o de niebla contiene biomas que dependen de una elevada humedad atmosférica durante gran parte del año, lo que propicia una mezcla de elementos florísticos holárticos (procedentes del hemisferio norte) y neotropicales (procedentes de Sudamérica).
En estas cañadas donde nace el río Talpa se tiene alta diversidad de epífitas y helechos. Las orquídeas tienden a ser numerosas así como los árboles de los géneros Carpinus (mora blanca), Ostrya (mora roja), Alnus (aile), Magnolia (magnolia), Quercus (encino o roble), Juglans (nogal), Tilia (cirimbo), Cornus (azulillo) y Acer skutchii rehder (arce o maple).
Este último es considerado una subespecie de maple o arce azucarero (Acer saccharum) fuente de la miel o jarabe de maple.
jueves, 29 de julio de 2010
Tras diez años de lucha, protegerán el bosque de arce de Talpa

Se trata del ecosistema de niebla con una comunidad de arces más importante de América del Norte, considerando que ésta comienza en el istmo de Tehuantepec. El gobierno de Jalisco, que propició su destrucción, intenta rescatarla de forma modesta por medio de un parque estatal. Foto de Marco A. Vargas
Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO
Ayer arrancó formalmente el proceso de consulta pública para el área natural protegida estatal “Bosque de Arce”, enclavado en los municipios de Talpa de Allende, Tomatlán y Atenguillo, de 7,879 hectáreas, con lo que se busca cristalizar una lucha por la conservación que data del descubrimiento del bosque mesófilo con la población de arce de azúcar o maple (Acer skutchii) más importante de México, en el año 2000.
El polígono a conservar es una significativa reducción en relación con la primer propuesta, de 2002, que rebasaba 22 mil ha. En la página de la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades) ya están disponibles los datos técnicos, el polígono y la propuesta de manejo, que contará con 60 días para que se consulten y se critiquen, de manera que después se elabore un decreto para conformar lo que será, de este modo, la tercera área natural protegida según la legislación estatal.
La riqueza extraordinaria del bosque de arce no es comparable con la de ningún otro ecosistema similar del hemisferio norte en América. Son biomas que dependen de una elevada humedad atmosférica durante gran parte del año y la mezcla de elementos florísticos holárticos (procedentes del hemisferio norte) y neotropicales (procedentes de Sudamérica).
Estas cañadas de Talpa tienen alta diversidad de epífitas y helechos. Las orquídeas tienden a ser numerosas y árboles como los de los géneros Carpinus (mora blanca), Ostrya (mora roja), Alnus (aile), Magnolia (magnolia), Quercus (encino o roble), Juglans (nogal), Tilia (cirimbo), Cornus (azulillo) y Acer skutchii rehder (arce o maple), éste último considerado como una subespecie de maple o arce azucarero (Acer saccharum) fuente de la miel o jarabe de maple ampliamente difundida en el oriente de Canadá y Estados Unidos.
No obstante esta riqueza biológica documentada, las políticas públicas que han seguido los gobiernos de Jalisco, sobre todo el que encabezó Francisco Ramírez Acuña (2001-2007), fue tendiente no sólo a despreciar este recurso, sino incluso destruirlo, al abrir sin permisos ambientales la carretera pavimentada Talpa-Llano Grande, y desdeñar la propuesta presentada en 2002 por el ayuntamiento talpense, con respaldo de la mitad de la población, para que se constituyera en la zona una reserva de la biosfera federal, que nunca prosperó.
La superficie del parque ahora propuesto, de acuerdo a los trabajos de los descubridores de esta cañada, Antonio Vázquez y Yalma Vargas, no es suficiente para proteger la dinámica natural necesaria que propicia ese bosque de niebla. Se deberá incidir de forma paralela en la conservación de una amplia zona de amortiguamiento, ya que de talarse esa área cambiarían las condiciones de microclima requeridos para conservar la biodiversidad del bosque mesófilo.
La novedad de esta propuesta es que se ocupan espacios silvestres de municipios vecinos, Tomatlán y Atenguillo.
“El Bosque de Arce es un área de importante refugio y corredor biológico para especies amenazadas o en peligro de extinción, tales como: Jaguar, el tigrillo, jaguarundi, la guacamaya verde, el loro nuca amarilla, entre muchas otras especies. Dentro del polígono encontramos 40 plantas endémicas, 170 especies de aves, 40 especies de reptiles y 47 especies de mamíferos”, dijo, en la presentación de la consulta, Mónica Reyes Garrido, directora general de Protección Ambiental y De-sarrollo de la Semades.
Subrayó que el objetivo de este decreto es garantizar la conservación de los recursos naturales del bosque de Arce a través de alternativas de manejo y uso sustentable de los recursos naturales, así como de actividades ecoturísticas para asegurar la protección y continuidad de los procesos ecológicos y el desarrollo de las comunidades.
Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO
Ayer arrancó formalmente el proceso de consulta pública para el área natural protegida estatal “Bosque de Arce”, enclavado en los municipios de Talpa de Allende, Tomatlán y Atenguillo, de 7,879 hectáreas, con lo que se busca cristalizar una lucha por la conservación que data del descubrimiento del bosque mesófilo con la población de arce de azúcar o maple (Acer skutchii) más importante de México, en el año 2000.
El polígono a conservar es una significativa reducción en relación con la primer propuesta, de 2002, que rebasaba 22 mil ha. En la página de la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades) ya están disponibles los datos técnicos, el polígono y la propuesta de manejo, que contará con 60 días para que se consulten y se critiquen, de manera que después se elabore un decreto para conformar lo que será, de este modo, la tercera área natural protegida según la legislación estatal.
La riqueza extraordinaria del bosque de arce no es comparable con la de ningún otro ecosistema similar del hemisferio norte en América. Son biomas que dependen de una elevada humedad atmosférica durante gran parte del año y la mezcla de elementos florísticos holárticos (procedentes del hemisferio norte) y neotropicales (procedentes de Sudamérica).
Estas cañadas de Talpa tienen alta diversidad de epífitas y helechos. Las orquídeas tienden a ser numerosas y árboles como los de los géneros Carpinus (mora blanca), Ostrya (mora roja), Alnus (aile), Magnolia (magnolia), Quercus (encino o roble), Juglans (nogal), Tilia (cirimbo), Cornus (azulillo) y Acer skutchii rehder (arce o maple), éste último considerado como una subespecie de maple o arce azucarero (Acer saccharum) fuente de la miel o jarabe de maple ampliamente difundida en el oriente de Canadá y Estados Unidos.
No obstante esta riqueza biológica documentada, las políticas públicas que han seguido los gobiernos de Jalisco, sobre todo el que encabezó Francisco Ramírez Acuña (2001-2007), fue tendiente no sólo a despreciar este recurso, sino incluso destruirlo, al abrir sin permisos ambientales la carretera pavimentada Talpa-Llano Grande, y desdeñar la propuesta presentada en 2002 por el ayuntamiento talpense, con respaldo de la mitad de la población, para que se constituyera en la zona una reserva de la biosfera federal, que nunca prosperó.
La superficie del parque ahora propuesto, de acuerdo a los trabajos de los descubridores de esta cañada, Antonio Vázquez y Yalma Vargas, no es suficiente para proteger la dinámica natural necesaria que propicia ese bosque de niebla. Se deberá incidir de forma paralela en la conservación de una amplia zona de amortiguamiento, ya que de talarse esa área cambiarían las condiciones de microclima requeridos para conservar la biodiversidad del bosque mesófilo.
La novedad de esta propuesta es que se ocupan espacios silvestres de municipios vecinos, Tomatlán y Atenguillo.
“El Bosque de Arce es un área de importante refugio y corredor biológico para especies amenazadas o en peligro de extinción, tales como: Jaguar, el tigrillo, jaguarundi, la guacamaya verde, el loro nuca amarilla, entre muchas otras especies. Dentro del polígono encontramos 40 plantas endémicas, 170 especies de aves, 40 especies de reptiles y 47 especies de mamíferos”, dijo, en la presentación de la consulta, Mónica Reyes Garrido, directora general de Protección Ambiental y De-sarrollo de la Semades.
Subrayó que el objetivo de este decreto es garantizar la conservación de los recursos naturales del bosque de Arce a través de alternativas de manejo y uso sustentable de los recursos naturales, así como de actividades ecoturísticas para asegurar la protección y continuidad de los procesos ecológicos y el desarrollo de las comunidades.
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Riqueza sin igual
El estudio técnico justificativo del parque estatal estuvo coordinado por José Antonio Vázquez García, profesor investigador de la Universidad de Guadalajara, quien ayer señaló que este bosque ha logrado sobrevivir por más de 25 millones de años.
“No hay un bosque de maple con ese nivel de riqueza en el continente, por eso, es muy importante impulsar el establecimiento de una estación científica que pueda ser administrada conjuntamente con el Gobierno y la Universidad de Guadalajara; poder ofrecer una educación ambiental adecuada, una asesoría a proyectos productivos de la región, pero más que todo la investigación científica que le puede dar certidumbre a este bosque, que tiene una fragilidad al cambio climático, y entender su funcionamiento”.
jueves, 8 de julio de 2010
Árboles, gigantes al borde de la extinción
Seis grandes ecosistemas amenazados con desaparecer en el estado. Los ejemplares silvestres enfrentan crisis de supervivencia por la combinación de cambio climático con presión comercial por su madera, y los cambios de uso de suelo para ganadería y huertas. En las fotos, arriba, el encino de La Primavera que recibé homenaje hoy; abajo, el homenajeado de hace un año: el sabino de Ixtlahuacán de los Membrillos
Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO
La montaña más alta de Jalisco guarda algunos de los árboles más longevos del occidente mexicano: Pinus hartwegii, oyameles y juníperos que ya existían cuando los hombres de Francisco Cortés de Buenaventura divisaron por primera vez para un europeo la cumbre nevada del sur de Jalisco, alrededor del año 1524.
486 años después, esos árboles están en riesgo de muerte.
Además de la tala comercial excesiva a que ha sido sometido el Nevado de Colima, y de los cambios de uso de suelo para ganadería y huertos que ahora destruyen sus laderas, el aumento de la temperatura terrestre, de seguir con un escenario tendencial, barrerá con los ecosistemas que los sustentan, tal vez antes del año 2050, casi seguro antes de 2100.
José Villa Castillo, director del parque nacional, sabe que le toca administrar ecosistemas en “terapia intensiva”, pues al ser la mayor prominencia del Pacífico mexicano, sólo allí existen los climas que propiciaron estas formas de vida.
Los estudios científicos revelan los cambios: “Se ha desplomado la precipitación en el Nevado de Colima de los años 50 del siglo XX al comienzo de este siglo, evidencia del cambio climático; esto ya es un serio problema y de seguir la tendencia desfavorable se pondrá en grave riesgo el destino de las masas forestales que requieren de mucha agua para su sostenimiento”, sin olvidar la pérdida de servicios ambientales como la recarga de acuíferos, explica.
Pinus hartwegii, la especie de pino que sobrevive a mayores alturas en el planeta, y el Juniperus monticola, desaparecerán cuando esta alta montaña deje de poseer el clima frío que soporta estas comunidades extremas. El caso del oyamel (Abies religiosa), que prospera un poco más abajo, es igual de complejo: “Requiere de una simbiosis de hongo micorrizico que sólo en ese suelo existe; producir el Abies es casi misión imposible en vivero, y yo tengo experiencia en ese tema; su medio es de un especificidad holística: suelo, clima, sombra, micorriza, humedad […] las generaciones humanas no verán, probablemente, el regreso de ese bosque…”.
Por eso, “hemos dicho que abrir las masas de oyamel compromete su desarrollo, por las condiciones ambientales tan frágiles que requiere […] por eso queremos que también sea protegido”. El Nevado alberga además un magnífico parque estatal con bosque mesófilo de montaña, un ecosistema privilegiado donde coexisten gran cantidad de especies boreales y tropicales, lo que lo hace, en términos relativos, el campeón de la biodiversidad mexicana. Llamado a ser otra de las víctimas notables del calor que aumenta, año con año.
Mientras la extinción los alcanza. Hoy, 8 de julio de 2010, Día del Árbol y mes del bosque.
Mundos en desaparición
Los riesgos de extinción alcanzan otras comunidades distintas al Nevado de Colima. Enrique Jardel Peláez, experto forestal de la Sierra de Manantlán e investigador y catedrático de la Universidad de Guadalajara, señala otros tipos de vegetación proclive a desaparecer: la selva mediana subcaducifolia, única en esta región del mundo y con alta riqueza de especies, cuya presencia relativa es restringida. “Algunas notables especies de allí son la caoba, la parota, el barcino y el cedro, que sufren una fuerte presión por su madera”, muy preciada para muebles finos.
De los bosques mesófilos distintos al Nevado, están sin duda los de Manantlán y los de Talpa, “con algunas especies llamativas de distribución restringida como el arce o maple”, además de magnolias y helechos arborescentes, entre decenas de especies oficialmente protegidas por ubicarse en alguna categoría de riesgo (NOM 059 SEMARNAT 2003).
Jardel agrega que también hay bosques de oyamel tanto en la región de Mascota como en Manantlán. “Quizás es el ecosistema más amenazado en contexto de cambio climático porque depende de condiciones de alta montaña”.
—¿No se puede pensar en un desplazamiento del ecosistema hacia partes más altas, en el propio Nevado de Colima?
—Bueno, si tienes una situación de desplazamiento de zonas de vida, las cosas que están encima son a las que les queda menos hábitat y menores oportunidades… Además, el cambio trae aumento de frecuencia e intensidad de incendios; entonces estos bosques son reemplazados por otros ecosistemas que resisten mejor el fuego, como los bosques de pino y encino.
En una situación igual de endeble están los bosques de galería, que son las comunidades forestales que subsisten al borde de ríos, arroyos y manantiales, con gigantes como el sauce y el ahuehuete. “Su destino va asociado a la alteración de cuerpos de agua, desviación del agua represada para agricultura o centros de población, inundación de los propios vasos de presas, contaminación acuática y también, de nuevo, el cambio climático por reducción de flujo de agua”.
En el caso del bosque de pino-encino, aunque tiene amplias oportunidades con el cambio de clima por su largo historial exitoso de adaptación, sus endemismos (especies exclusivas) también estarán en riesgo de desaparecer. Es el caso de un pino de muy raquítica distribución, el Pinus jaliscana.
La norma es que especies restringidas tienden a tener menores oportunidades de sobrevivir en un mundo cambiante.
Bosques sin árboles
Ni el manglar ni la vegetación de semidesierto, también presentes en Jalisco, se consideran árboles, pues no son especies leñosas. Sin embargo, en las grandes discusiones sobre la reforestación nacional, se ha impulsado la reintroducción de sus especies para recuperar la funcionalidad de sus ecosistemas.
“Los manglares, en términos de servicios ecosistémicos, son fundamentales, pues brindan protección a las costas por marejadas y huracanes y tienen una muy valiosa función como sitios de cría de especies pesqueras importantes de las riberas […] su riesgo actual se da más por la acción humana tanto en los sitios, para abrir desarrollos turísticos o espacios de cultivo, como por la alteración de la hidrología de la parte alta, por cambios de uso de suelo […] pero enfrentarán desaparición con la elevación del nivel del mar, y con pocas oportunidades de desplazarse, pues están restringidos a terrenos con agua salobre, generalmente al borde de esteros y llanuras inundables…”, agrega Jardel.
A su juicio, es necesario entender que “la conservación de las especies arbóreas, en las que Jalisco tiene mucha diversidad, depende de mantener los ecosistemas de los que forman parte; no es posible una conservación exitosa fuera de esos ecosistemas, aunque sean útiles jardines botánicos o parques en las ciudades”.
Se supone que los desiertos tendrán una gran oportunidad con la elevación de las temperaturas. Pero con una flora empobrecida por el intenso tráfico comercial que se hace con cactáceas desde hace décadas, para usos medicinal y ornamental.
Un desierto natural es vida en el límite, con maravillosas adaptaciones evolutivas; mas no lo son esos páramos huérfanos de especies que son los desiertos fabricados por el hombre.
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Guadalajara, ciudad que agrede a su arbolado
La historia del arbolado urbano en Guadalajara está llena de sacrificios en favor del “progreso” y de abiertas agresiones, entre declaraciones sentidas de funcionarios públicos que dicen amar el verdor de parques y fuentes —mientras no se les proponga un gran negocio para la ciudad por cambiarlas a edificación gris—, y una merma constante de ejemplares forestales de gran valor.
Lo cierto es que se ha desdeñado el servicio ambiental que estos espacios y estos individuos procuran a la ciudad, donde una cantidad creciente de automotores aumenta la contaminación, eleva las temperaturas y los niveles de estrés. En ese entorno lleno de cambios, los supervivientes son notables, y deben ser protegidos según la legislación estatal vigente.
La idea es caminar hacia declaraciones de árboles patrimoniales, algo previsto en la legislación estatal. “Árbol patrimonial. Sujeto forestal que contiene relevancia histórica, valor paisajístico, tradicional, etnológico, artístico o monumento natural para la sociedad jalisciense, y en su caso se hubiese declarado por el gobierno correspondiente”, define la norma ambiental estatal NAE-SEMADES-001/2003, “que establece los criterios y especificaciones técnicas bajo las cuales se deberá realizar la poda, el transplante y el derribo del arbolado en zonas urbanas”.
Esta norma está complementada en la NAE-SEMADES-005/2005, “que establece los criterios técnicos ambientales para la selección, planeación, forestación y reforestación de especies arbóreas en zonas urbanas”. Con base en estas consideraciones, el Ayuntamiento de Guadalajara premió por única ocasión, en 2006, a siete ciudadanos que han conservado árboles valiosos. Pero fue un esfuerzo que ya no ha tenido continuidad.
Buena parte de los cercenamientos y las podas descontroladas derivan de una presunta mala selección de individuos forestales. Por ejemplo, los grandes eucaliptos tienen raíces débiles y se caen en las tormentas, pero fueron esenciales para desecar pantanos en el sur de la ciudad donde brotaba la malaria en los años 40 y 50, donde ahora se asientan los parques Agua Azul y González Gallo. Están los grandes laureles de la India, hules, zalates y demás parientes de las higueras, que tienen raíces grandes y retorcidas que rompen pavimentos e incluso líneas de agua y drenaje, pero en su momento fueron plantados porque embellecían el paisaje urbano y propiciaban —sin duda, los que sobreviven lo siguen haciendo— microclimas frescos y arropadores.
Pero la mayor parte de las agresiones derivan de dos problemas muy básicos: las copas de los árboles que crecen sobre la calle y pueden ocupar la servidumbre de las líneas eléctricas, o peor aún, que estorban un fachada o un estacionamiento. Y de plano, ni pedir permiso: de la noche a la mañana “podan” o talan los árboles estorbo.
Es por eso que la ciudad sufre un estrés climático mayor. Pero nadie parece comprenderlo.
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Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO
La montaña más alta de Jalisco guarda algunos de los árboles más longevos del occidente mexicano: Pinus hartwegii, oyameles y juníperos que ya existían cuando los hombres de Francisco Cortés de Buenaventura divisaron por primera vez para un europeo la cumbre nevada del sur de Jalisco, alrededor del año 1524.
486 años después, esos árboles están en riesgo de muerte.
Además de la tala comercial excesiva a que ha sido sometido el Nevado de Colima, y de los cambios de uso de suelo para ganadería y huertos que ahora destruyen sus laderas, el aumento de la temperatura terrestre, de seguir con un escenario tendencial, barrerá con los ecosistemas que los sustentan, tal vez antes del año 2050, casi seguro antes de 2100.
José Villa Castillo, director del parque nacional, sabe que le toca administrar ecosistemas en “terapia intensiva”, pues al ser la mayor prominencia del Pacífico mexicano, sólo allí existen los climas que propiciaron estas formas de vida.
Los estudios científicos revelan los cambios: “Se ha desplomado la precipitación en el Nevado de Colima de los años 50 del siglo XX al comienzo de este siglo, evidencia del cambio climático; esto ya es un serio problema y de seguir la tendencia desfavorable se pondrá en grave riesgo el destino de las masas forestales que requieren de mucha agua para su sostenimiento”, sin olvidar la pérdida de servicios ambientales como la recarga de acuíferos, explica.
Pinus hartwegii, la especie de pino que sobrevive a mayores alturas en el planeta, y el Juniperus monticola, desaparecerán cuando esta alta montaña deje de poseer el clima frío que soporta estas comunidades extremas. El caso del oyamel (Abies religiosa), que prospera un poco más abajo, es igual de complejo: “Requiere de una simbiosis de hongo micorrizico que sólo en ese suelo existe; producir el Abies es casi misión imposible en vivero, y yo tengo experiencia en ese tema; su medio es de un especificidad holística: suelo, clima, sombra, micorriza, humedad […] las generaciones humanas no verán, probablemente, el regreso de ese bosque…”.
Por eso, “hemos dicho que abrir las masas de oyamel compromete su desarrollo, por las condiciones ambientales tan frágiles que requiere […] por eso queremos que también sea protegido”. El Nevado alberga además un magnífico parque estatal con bosque mesófilo de montaña, un ecosistema privilegiado donde coexisten gran cantidad de especies boreales y tropicales, lo que lo hace, en términos relativos, el campeón de la biodiversidad mexicana. Llamado a ser otra de las víctimas notables del calor que aumenta, año con año.
Mientras la extinción los alcanza. Hoy, 8 de julio de 2010, Día del Árbol y mes del bosque.
Mundos en desaparición
Los riesgos de extinción alcanzan otras comunidades distintas al Nevado de Colima. Enrique Jardel Peláez, experto forestal de la Sierra de Manantlán e investigador y catedrático de la Universidad de Guadalajara, señala otros tipos de vegetación proclive a desaparecer: la selva mediana subcaducifolia, única en esta región del mundo y con alta riqueza de especies, cuya presencia relativa es restringida. “Algunas notables especies de allí son la caoba, la parota, el barcino y el cedro, que sufren una fuerte presión por su madera”, muy preciada para muebles finos.
De los bosques mesófilos distintos al Nevado, están sin duda los de Manantlán y los de Talpa, “con algunas especies llamativas de distribución restringida como el arce o maple”, además de magnolias y helechos arborescentes, entre decenas de especies oficialmente protegidas por ubicarse en alguna categoría de riesgo (NOM 059 SEMARNAT 2003).
Jardel agrega que también hay bosques de oyamel tanto en la región de Mascota como en Manantlán. “Quizás es el ecosistema más amenazado en contexto de cambio climático porque depende de condiciones de alta montaña”.
—¿No se puede pensar en un desplazamiento del ecosistema hacia partes más altas, en el propio Nevado de Colima?
—Bueno, si tienes una situación de desplazamiento de zonas de vida, las cosas que están encima son a las que les queda menos hábitat y menores oportunidades… Además, el cambio trae aumento de frecuencia e intensidad de incendios; entonces estos bosques son reemplazados por otros ecosistemas que resisten mejor el fuego, como los bosques de pino y encino.
En una situación igual de endeble están los bosques de galería, que son las comunidades forestales que subsisten al borde de ríos, arroyos y manantiales, con gigantes como el sauce y el ahuehuete. “Su destino va asociado a la alteración de cuerpos de agua, desviación del agua represada para agricultura o centros de población, inundación de los propios vasos de presas, contaminación acuática y también, de nuevo, el cambio climático por reducción de flujo de agua”.
En el caso del bosque de pino-encino, aunque tiene amplias oportunidades con el cambio de clima por su largo historial exitoso de adaptación, sus endemismos (especies exclusivas) también estarán en riesgo de desaparecer. Es el caso de un pino de muy raquítica distribución, el Pinus jaliscana.
La norma es que especies restringidas tienden a tener menores oportunidades de sobrevivir en un mundo cambiante.
Bosques sin árboles
Ni el manglar ni la vegetación de semidesierto, también presentes en Jalisco, se consideran árboles, pues no son especies leñosas. Sin embargo, en las grandes discusiones sobre la reforestación nacional, se ha impulsado la reintroducción de sus especies para recuperar la funcionalidad de sus ecosistemas.
“Los manglares, en términos de servicios ecosistémicos, son fundamentales, pues brindan protección a las costas por marejadas y huracanes y tienen una muy valiosa función como sitios de cría de especies pesqueras importantes de las riberas […] su riesgo actual se da más por la acción humana tanto en los sitios, para abrir desarrollos turísticos o espacios de cultivo, como por la alteración de la hidrología de la parte alta, por cambios de uso de suelo […] pero enfrentarán desaparición con la elevación del nivel del mar, y con pocas oportunidades de desplazarse, pues están restringidos a terrenos con agua salobre, generalmente al borde de esteros y llanuras inundables…”, agrega Jardel.
A su juicio, es necesario entender que “la conservación de las especies arbóreas, en las que Jalisco tiene mucha diversidad, depende de mantener los ecosistemas de los que forman parte; no es posible una conservación exitosa fuera de esos ecosistemas, aunque sean útiles jardines botánicos o parques en las ciudades”.
Se supone que los desiertos tendrán una gran oportunidad con la elevación de las temperaturas. Pero con una flora empobrecida por el intenso tráfico comercial que se hace con cactáceas desde hace décadas, para usos medicinal y ornamental.
Un desierto natural es vida en el límite, con maravillosas adaptaciones evolutivas; mas no lo son esos páramos huérfanos de especies que son los desiertos fabricados por el hombre.
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Guadalajara, ciudad que agrede a su arbolado
La historia del arbolado urbano en Guadalajara está llena de sacrificios en favor del “progreso” y de abiertas agresiones, entre declaraciones sentidas de funcionarios públicos que dicen amar el verdor de parques y fuentes —mientras no se les proponga un gran negocio para la ciudad por cambiarlas a edificación gris—, y una merma constante de ejemplares forestales de gran valor.
Lo cierto es que se ha desdeñado el servicio ambiental que estos espacios y estos individuos procuran a la ciudad, donde una cantidad creciente de automotores aumenta la contaminación, eleva las temperaturas y los niveles de estrés. En ese entorno lleno de cambios, los supervivientes son notables, y deben ser protegidos según la legislación estatal vigente.
La idea es caminar hacia declaraciones de árboles patrimoniales, algo previsto en la legislación estatal. “Árbol patrimonial. Sujeto forestal que contiene relevancia histórica, valor paisajístico, tradicional, etnológico, artístico o monumento natural para la sociedad jalisciense, y en su caso se hubiese declarado por el gobierno correspondiente”, define la norma ambiental estatal NAE-SEMADES-001/2003, “que establece los criterios y especificaciones técnicas bajo las cuales se deberá realizar la poda, el transplante y el derribo del arbolado en zonas urbanas”.
Esta norma está complementada en la NAE-SEMADES-005/2005, “que establece los criterios técnicos ambientales para la selección, planeación, forestación y reforestación de especies arbóreas en zonas urbanas”. Con base en estas consideraciones, el Ayuntamiento de Guadalajara premió por única ocasión, en 2006, a siete ciudadanos que han conservado árboles valiosos. Pero fue un esfuerzo que ya no ha tenido continuidad.
Buena parte de los cercenamientos y las podas descontroladas derivan de una presunta mala selección de individuos forestales. Por ejemplo, los grandes eucaliptos tienen raíces débiles y se caen en las tormentas, pero fueron esenciales para desecar pantanos en el sur de la ciudad donde brotaba la malaria en los años 40 y 50, donde ahora se asientan los parques Agua Azul y González Gallo. Están los grandes laureles de la India, hules, zalates y demás parientes de las higueras, que tienen raíces grandes y retorcidas que rompen pavimentos e incluso líneas de agua y drenaje, pero en su momento fueron plantados porque embellecían el paisaje urbano y propiciaban —sin duda, los que sobreviven lo siguen haciendo— microclimas frescos y arropadores.
Pero la mayor parte de las agresiones derivan de dos problemas muy básicos: las copas de los árboles que crecen sobre la calle y pueden ocupar la servidumbre de las líneas eléctricas, o peor aún, que estorban un fachada o un estacionamiento. Y de plano, ni pedir permiso: de la noche a la mañana “podan” o talan los árboles estorbo.
Es por eso que la ciudad sufre un estrés climático mayor. Pero nadie parece comprenderlo.
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Los homenajeados 2004-2010
• 2004
ABIES RELIGIOSA
Nombre común, oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2005
PINUS HARTWEGII
Nombre común: pino de alta montaña
Ubicación: Nevado de Colima
• 2006
ALNUS JORULLENSIS
Nombre común: aile, aliso
Ubicación: Nevado de Colima
• 2007
ABIES RELIGIOSA
Nombre común: oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2008
PINUS HARTWEGII
Nombre común: pino de alta montaña
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2009
ALNUS JORULLENSIS
Nombre común: aile, aliso
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2009
TAXODIUM MUCRONATUM
Nombre común: ahuehuete o sabino
Ubicación: La Cañada, Ixtlahuacán de los Membrillos
• 2010
ABIES RELIGIOSA
Nombre común: oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2010
QUERCUS CASTANEA
Nombre común: roble o encino
Ubicación: Plan de Milpillas, bosque La Primavera
• 2004
ABIES RELIGIOSA
Nombre común, oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2005
PINUS HARTWEGII
Nombre común: pino de alta montaña
Ubicación: Nevado de Colima
• 2006
ALNUS JORULLENSIS
Nombre común: aile, aliso
Ubicación: Nevado de Colima
• 2007
ABIES RELIGIOSA
Nombre común: oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2008
PINUS HARTWEGII
Nombre común: pino de alta montaña
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2009
ALNUS JORULLENSIS
Nombre común: aile, aliso
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2009
TAXODIUM MUCRONATUM
Nombre común: ahuehuete o sabino
Ubicación: La Cañada, Ixtlahuacán de los Membrillos
• 2010
ABIES RELIGIOSA
Nombre común: oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima
• 2010
QUERCUS CASTANEA
Nombre común: roble o encino
Ubicación: Plan de Milpillas, bosque La Primavera
Etiquetas:
árboles,
áreas naturales protegidas,
bosque de maple,
bosques de Jalisco,
cambio climático,
La Primavera,
Nevado de Colima,
zona conurbada de Guadalajara
miércoles, 22 de julio de 2009
Estado propone a UdeG compra de 300 ha del bosque de arce
Están contiguas a la propiedad estatal de 150 hectáreas. Buscan constituir un laboratorio natural de 450 ha en mesófilo de Talpa.
Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO
El gobierno de Jalisco le propuso a la Universidad de Guadalajara (UdeG) adquirir en propiedad 300 hectáreas del bosque de arce en Talpa de Allende, con el objetivo de acrecentar el patrimonio público y crear un laboratorio natural que sea eje de la conservación de esa singular floresta de niebla de la Sierra Madre del Sur, reveló la titular de la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades), Martha Ruth del Toro Gaytán.
Así, la iniciativa ciudadana de 2002, respaldada por la autoridad municipal, para proteger la cañada de El Cuervo, donde crece la comunidad de arces más importante del occidente del país, siete años después, parece comenzar a cobrar forma.
La idea es sumar las 300 ha propuestas a las 150 ha que el gobierno estatal ya tiene en propiedad, como fruto de la sanción que debió cumplir por destruir ecosistemas naturales con la apertura del trazo de la carretera Talpa-Llano Grande, la cual, pese a la devastación, quedó inconclusa. Ese predio de 450 ha sería sitio de una estación científica similar a la que existe en Las Joyas, de Manantlán. También se negociaría con otras entidades públicas, particulares y ejidos, para establecer un primer polígono protegido de unas seis mil ha, con decreto estatal.
El segundo paso será proteger las más 20 mil ha que los investigadores de la UdeG, Antonio Vázquez, Yalma Rodríguez y Miguel Cházaro, han propuesto como necesario para salvar esa umbría rica en especies en peligro de extinción: además del Acer skutchii (arce o maple), se encuentran Ilex dugesii, Cyathea costarricensis (helecho arborescente), Alchornea latifolia, Matudaea trinervial Lundell, Juglans major séller (nogal), Magnolia pacifica, Abies guatemalensis variedad jaliscana (oyamel o abeto), Podocarpus rechei, Meliosma nesites y Tilia mexicana, todas protegidas en la norma oficial mexicana 059.
Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO
El gobierno de Jalisco le propuso a la Universidad de Guadalajara (UdeG) adquirir en propiedad 300 hectáreas del bosque de arce en Talpa de Allende, con el objetivo de acrecentar el patrimonio público y crear un laboratorio natural que sea eje de la conservación de esa singular floresta de niebla de la Sierra Madre del Sur, reveló la titular de la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades), Martha Ruth del Toro Gaytán.
Así, la iniciativa ciudadana de 2002, respaldada por la autoridad municipal, para proteger la cañada de El Cuervo, donde crece la comunidad de arces más importante del occidente del país, siete años después, parece comenzar a cobrar forma.
La idea es sumar las 300 ha propuestas a las 150 ha que el gobierno estatal ya tiene en propiedad, como fruto de la sanción que debió cumplir por destruir ecosistemas naturales con la apertura del trazo de la carretera Talpa-Llano Grande, la cual, pese a la devastación, quedó inconclusa. Ese predio de 450 ha sería sitio de una estación científica similar a la que existe en Las Joyas, de Manantlán. También se negociaría con otras entidades públicas, particulares y ejidos, para establecer un primer polígono protegido de unas seis mil ha, con decreto estatal.
El segundo paso será proteger las más 20 mil ha que los investigadores de la UdeG, Antonio Vázquez, Yalma Rodríguez y Miguel Cházaro, han propuesto como necesario para salvar esa umbría rica en especies en peligro de extinción: además del Acer skutchii (arce o maple), se encuentran Ilex dugesii, Cyathea costarricensis (helecho arborescente), Alchornea latifolia, Matudaea trinervial Lundell, Juglans major séller (nogal), Magnolia pacifica, Abies guatemalensis variedad jaliscana (oyamel o abeto), Podocarpus rechei, Meliosma nesites y Tilia mexicana, todas protegidas en la norma oficial mexicana 059.
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