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martes, 1 de enero de 2019

Transporte público: las rutas de la pesadilla



Las dificultades que gran parte de la población enfrenta para subsistir se ven agravadas por la ineficiencia del transporte público que, como en el caso de la Zona Metropolitana de Guadalajara, es insuficiente, inseguro y costoso. Este reportaje revisa los principales retos que hay que encarar si realmente se quiere mejorar la vida de millones de personas con un sistema que les permita desplazarse 

AGUSTÍN DEL CASTILLO. ENERO 2019. Fotos: Lalis Jiménez. Revista MAGIS, Iteso 

 La señora K. habita en uno de los clusters de una inmensa ciudad perdida llamada pomposamente Hacienda Santa Fe, la joya de la corona de la inmobiliaria Homex en Tlajomulco, al sur de Guadalajara. Tan perdida, que uno de los desafíos es su invisibilidad, no obstante que alberga, en 148 secciones, más de 15 mil viviendas, 12 mil de ellas habitadas por casi 60 mil moradores. Es tan populosa como una ciudad media del tamaño de Autlán. 

Tomada como un fenómeno aislado, es seguro que no existe urbe en el mundo que se haya hecho adulta tan pronto: en 2000 esto era un erial, un vasto descampado alejado de la mano de Dios y del progreso, con milpas aquí y allá, alguna choza o algún galerón de fierros y asbesto, calles estrechas y terracerías que empezaban a ser siniestras con la inquietante presencia de microempresarios dedicados a los que, a la postre, son los tres giros más exitosos de la comarca: las drogas al menudeo, la gasolina barata (sin cobro de impuestos) y el enterramiento clandestino de cadáveres. 

Dieciocho años después, la vida corrió con rapidez para Hacienda Santa Fe, que en 2006 ya había vendido 97 por ciento de las casas montada en la revolución de la vivienda del gobierno de Vicente Fox. Ese desarrollo a trompicones fue similar al que tuvo K., cuya adultez también fue prematura: apenas ha cumplido 24 años de edad, tiene cuatro hijos y la redención tiene para ella sabores agridulces. Hace doce años se mudó a Tlajomulco después de haber nacido y vivido en una pobrería del barrio de Mexicaltzingo, donde su madre la torturaba con fuego cuando “se portaba mal”, lo que fue un aliciente para que cultivara esa insumisión que aún hoy tanto saca de quicio a su progenitora, que ha vuelto a migrar y ha dejado a sus hijos regados por el valle del sur de Guadalajara, irónicamente llamado “de la Misericordia”. 

El caso es que llegó el progreso. El ayuntamiento local dio los permisos, y los constructores, con dinero de los contribuyentes facilitado por el programa de vivienda más ambicioso en un siglo, financiaron la edificación en 109 hectáreas. Hacienda Santa Fe prometía sin recato: “Lo tienes todo…”. Los más desfavorecidos acudieron por una unidad habitacional aunque sólo alcanzaran algunos puntos y apenas tuvieran antigüedad en el Infonavit. La publicidad ofrecía una espléndida visión de futuro: calles bien trazadas, fachadas sencillas pero hermosas, muros para contener a la delincuencia, agua a toda hora, red de alcantarillado, luminarias, jardines extensos para olvidar la miserable existencia en vecindades o casas de cartón de la metrópolis del pasado. Y transporte público y espacios para auto, para no dejar de acudir puntuales al trabajo o a la escuela en la vieja ciudad castellana de más de cuatro y medio siglos, que palpitaba, quizás envidiosa, al otro lado de las bardas. 

A Hacienda Santa Fe llegaron, encandilados y rebosantes de sueños, la madre de la entonces adolescente, ella y sus seis hermanos, en 2008. K. probó las drogas a los 12 años y se embarazó por primera vez a los 14. Sólo terminó la primaria. Ahora se ha separado de su tercera pareja y trabaja en una fábrica de cartones en la Zona Industrial de Guadalajara… O trabajaba, hasta comienzos de diciembre de 2018.  

Si 40 por ciento de los habitantes de la ciudad no puede pagar la tarifa completa de transporte, según los datos del director del Instituto de Movilidad y Transporte del estado de Jalisco, Mario Córdova España, en Hacienda Santa Fe la cantidad de quienes están impedidos de hacer ese gasto debe de ser el doble. 

Tampoco hay un transporte eficiente. Más dinero se va en los servicios pirata, como el de los mototaxis. K. dice que son un lujo, pero que vale la pena pagar 60 pesos para moverse a Chulavista, otro caserío perdido, al sur de la ciudadela. Porque los camiones suelen demorar y hay que caminar muchas cuadras hasta llegar a las avenidas principales. La inseguridad es permanente, y más para una mujer joven. “A veces me tengo que echar a correr porque los señores me quieren jalar con ellos”, confiesa sin mucho apuro, como si se tratara de algo normal y cotidiano. 

La muchacha devenida en ama de casa perdió la tutela de su hija mayor, que habita un albergue del DIF de esa municipalidad. La ve cada jueves, siempre que le toque descanso, y si su camión pasa a tiempo, pues hay un horario fijo de visitas y debe viajar hasta la cabecera municipal. El tiempo entre el paso de un autobús y el siguiente es muy espaciado. El taxi cobra 160 pesos: lo que K. gana en un día. La pequeña tiene 10 años, se la quitaron a K. porque se comprobó que hubo una agresión física por parte de una expareja. Ahora que vive con su hermana espera que se la regresen, aunque el último de sus hombres no le da ni siquiera una mesada para sus otros tres hijos, y su salario es bajísimo. O, más bien, lo era, porque a finales del año fue despedida de la cartonera por llegar tarde. 

Rotaba horarios: doce horas diarias por la noche durante dos días, doce por el día durante otros dos, y cuatro jornadas de descanso. Hora y media arriba de un camión para llegar de los suburbios a la Zona Industrial, cerca del centro de Guadalajara. Pero las unidades se demoraban y siempre iban llenas, se justifica la niña prematuramente crecida. 




Promesas incumplidas 
Los estudios y la estadística le dan la razón a la señora K. De la superficie de una ciudad cuya “huella” discontinua ya se extiende sobre 100 mil hectáreas (datos del Instituto Metropolitano de Planeación, Imeplan), 40 por ciento carece de transporte público formal, explica el académico del ITESO Raúl Díaz, integrante del Observatorio Ciudadano de Movilidad. Con la llegada de una nueva administración estatal, al asumir Enrique Alfaro la gubernatura de Jalisco el pasado 6 de diciembre, los problemas del transporte siguen intactos, mientras surgen otros nuevos. En esencia, se ha gastado mucho pero mal. 

El investigador destaca, por ejemplo, que con 10 por ciento de lo que costará la línea 3 del Tren Ligero se habría podido renovar por completo el parque de vehículos que proveen el servicio. Una condición para que las personas abandonen de forma gradual la exasperante “motorización” (aunque la señora K. es atípica en este sentido): cada día hay más autos que nacimientos de bebés. Entre 2006 y 2018 fueron paridos alrededor de 200 bebés al día en la metrópolis, mientras que se incorporaron unos 300 autos por jornada al parque vehicular, según una estimación conservadora. 

¿Por qué es tan difícil para Guadalajara atacar la mala calidad y la discontinuidad del servicio de transporte público? La coordinadora del Observatorio Ciudadano de Movilidad Sustentable de Jalisco, Belén Vázquez, no se muestra del todo pesimista respecto a los saldos dejados por la administración del gobernador Aristóteles Sandoval, pero hay muchas manchas: “Tuvimos grandes avances en cuanto a movilidad no motorizada, porque se logró visibilizar la problemática que viven los ciclistas, se amplió la vía para bicicletas, tenemos la bici pública [el sistema MiBici]; creo que por ese camino sí avanzamos. En cuanto al transporte público, gracias a la presión que la sociedad hizo en medios, migramos al sistema de ruta-empresa, el anterior era un sistema que ya estaba totalmente colapsado; hubo presión mediática reforzada por todos los accidentes en que se vio involucrado el transporte público, por las muertes ocasionadas; fue como el acabose para que el gobierno del estado tomara como prioridad el asunto; pero, aunque se intentó hacer una mejora en esto, no se logró consolidar”, señala. 

Coincide en los matices Mario Córdova España, titular del hoy extinto Instituto de Movilidad y Transporte: hay avances grandes en la movilidad sustentable, pero se necesita afianzar el modelo ruta-empresa y establecer como política pública esquemas de subsidio ante el hecho de que casi la mitad de la población está imposibilitada para pagar incluso la tarifa de siete pesos. Por otro lado, no es una cuestión sólo de ciudades desiguales y con amplias capas de pobreza: París y Londres, dos de las urbes más ricas del mundo, son ejemplos de tarifas de bajo costo. Esto incluye hacer también una integración del sistema, a fin de que el usuario no deba pagar más debido a la desvinculación entre las distintas modalidades de transporte, y también a causa de su ineficiencia. 

El también académico sostiene —y la historia de la señora K. es un buen ejemplo— que el modelo de desarrollo urbano expansivo es tan malo como las políticas que derivan en gentrificación, es decir, la expulsión de población de zonas habitacionales tradicionales. Al extenderse la ciudad sin control, y al separar las zonas de trabajo y escuela de la de las viviendas, se alargan distancias y tiempos y se expone al ciudadano a la inseguridad, a la contaminación y al creciente estrés. “Es necesaria una política de vivienda que compacte las zonas consolidadas, del centro, y atraiga habitantes de todas las capas sociales; aprovechar de forma eficiente y equitativa los corredores de movilidad y no ocasionar la gentrificación”, subraya. 

La dispersión urbana es altamente problemática porque hay solamente unos 5 mil 500 camiones para movilizar a 1.6 millones de habitantes, mientras que el doble de moradores podría desplazarse cotidianamente en 1.5 millones de autos. Una de las consecuencias de construir de forma errática una ciudad expandida es que millones de personas eviten usar el transporte público: todavía a comienzos de este siglo, alrededor de 70 por ciento de los tapatíos viajaba en camión. 

Justo antes de la salida de la administración de Aristóteles Sandoval se publicaron autorizaciones para cobrar el pasaje en 9.50 pesos en las rutas-empresa, lo que demuestra que la autoridad no ha entendido la naturaleza del servicio, sostiene Belén Vázquez. 

“Recordemos lo que se había planteado en el comité de tarifas: que una parte era la tarifa técnica, de 9.50 pesos por el aumento en combustibles y en todas las cosas que debe tener un transporte para funcionar, y que otra es la tarifa social, la que debe pagar el ciudadano. Nos basamos en la canasta básica, en lo que pueden pagar las personas en transporte público, y esto se planteó desde un principio, pero se dejó de lado, no se basó en el ajuste en la tarifa social, sino solamente en la técnica. Así que el trabajo del gobierno sí quedó rezagado en la parte que se discutía, la tarifa social, a diferencia de lo que se considera en todas las ciudades del mundo”, insiste. 

El “pulpo camionero” 
Los críticos hablan del “pulpo camionero”, esa metáfora del núcleo obrero-empresarial que se apoderó de la movilidad de la ciudad creciente desde los años cincuenta del siglo xx. Personificado en los líderes de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Heliodoro Hernández Loza, y de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), Porfirio Cortés Silva, el mítico conglomerado de intereses tenía poder real: todavía en tiempos tan cercanos como los de la administración de Enrique Álvarez del Castillo (1983-1989), hicieron zozobrar la autoridad de éste tras la instrumentación de un nuevo sistema de rutas más acordes a las necesidades de una ciudad que ya se acercaba a 2.5 millones de habitantes. El gobernador, que era de carácter recio, se vio obligado a recular. 

Ese modelo de “permisionarios” ha predominado hasta ahora: un empresario obtiene una concesión y compra un camión; su operador gana conforme al número de pasajes que cobre, lo que explica en parte la pésima calidad de un servicio en el que la disputa por los pasajeros prevalece por encima de la seguridad y el confort de éstos. Además, no se atienden de forma adecuada los puntos alejados, como bien lo sabe la señora K. en Hacienda Santa Fe, donde los transportes irregulares ya han creado un nuevo grupo de interés que muchos analistas no vacilan en calificar de “mafioso”. 

Jesús Arreola, un aguerrido dirigente de permisionarios de la ruta 622 (una de las más largas de la ciudad), desestima la “leyenda negra” y, por el contrario, acusa al gobierno saliente: “Las de Aristóteles Sandoval creo que fueron propuestas mal enfocadas, no con el objetivo real y legítimo de mejorar el sistema de transporte; pienso que lo enfocaron más bien en hacer un negocio propio, poniendo de pantalla o de cortina la apariencia de mejorar el sistema. Pensamos que el objetivo real de ellos era hacer su negocio, con amigos, con socios capitalistas que tenían por ahí; el objetivo real no era mejorar el sistema de transporte…”. 

 —Este señalamiento que hace ha sido recurrente con otros gobernadores, que supuestamente encuentran en el área del transporte un espacio de negocio… 

 —Yo tengo 30 años en el transporte y no he visto de otra; cada sexenio es la misma situación. 

No obstante, las pruebas no aparecen; el líder gremial asegura que se debe a que “nunca he estado del lado de ellos”, quienes presuntamente tendrían todo el poder para simular procedimientos legales y beneficiarse “por debajo del agua”. Tras desacreditar al Observatorio de Movilidad, y señalar como irracionales las exigencias de unidades nuevas o sistemas de prepago, agrega: “La cosa es que nos pongamos conscientes los dos bandos, la autoridad con los transportistas: teniendo certeza financiera, que sea viable; nosotros tenemos la disposición de hacer los cambios en el transporte, en lo que se requiera, y en lo que nos alcance, con los medios económicos a nuestro alcance”. 

 —¿Todavía existe el “pulpo camionero”? 
 —Yo comencé en el transporte hace 30 años y no he conocido al “pulpo camionero”; un pulpo tiene muchos brazos. Estoy en el área de subrogados, y yo no veo que exista esta situación, cada ruta toma sus decisiones de forma independiente, sin que alguien ordene nada. En transporte subrogado son 52 rutas, que dependen del Sistecozome; quizá se refieran a la Alianza de Camioneros [herencia de Heliodoro Hernández Loza, líder cetemista], de varias rutas que hicieron una alianza en aquel tiempo, cuando un grupo de administradores tomaba las decisiones de algunas rutas. Pero en realidad yo no tengo muy claro ese concepto de “pulpo camionero”. 


Los desafíos 
Raúl Díaz, académico del ITESO, refiere los grandes desafíos en el asunto que enfrentará la administración que recién asume, del gobernador Enrique Alfaro Ramírez. 

El primero es el de la seguridad. “No es posible que los accidentes viales parezcan normalizados; ya no nos asombra que haya un atropellado, un caído del camión […] tenemos una estadística de 50 muertes anuales por el sistema de transporte público. Muchas de estas muertes son por la falta de cuidado de los conductores; aquí el factor humano cuenta mucho, y tiene que ver con que exceden la velocidad, con que no respetan el derecho de paso de los peatones o de los ciclistas, no se respetan ni las leyes ni los reglamentos de tránsito, y lo peor de todo es que aún no tenemos un modelo de transporte público ordenado, de tal manera que los conductores no vayan jugando carreras por el pasaje. Realmente, subirte a un camión es un riesgo…”. 

 El segundo desafío es la accesibilidad: “Hay que pensar en un binomio obligado entre el peatón y el camión: no podemos pensar en resolver el asunto del camión sin tener en cuenta el tránsito peatonal en la ciudad. Hay una encuesta que hace cada año Jalisco Cómo Vamos, y lo que ha revelado es que cinco por ciento de la gente que vive en la Zona Metropolitana de Guadalajara declara no tener una banqueta: éste es un asunto terrible, porque si piensas en transporte público, lo debemos pensar desde que salimos de la casa: transporte, banqueta, calle, puente peatonal, todo esto debe considerarse en el tema de accesibilidad. Y otro punto que es gravísimo es el de la vuelta a la derecha continua. No sé qué esperamos para derogarla, que se prohíba la vuelta continua para darle libre paso al peatón […] El enfoque debe ser siempre la persona. No sólo queremos que la persona vaya segura en el camión: queremos que la persona, desde que sale de su casa, vaya a trabajar de manera segura, y que regrese de manera segura, es decir, como una cadena de viaje, mucho más accesible y segura”. 

El tercer reto es mejorar el estado de los vehículos de transporte, porque si se mantienen unidades incómodas, sucias, de suspensión y frenado muy duro, el pasajero no valora ninguna ventaja respecto al auto particular, lo que se ha demostrado en estudios realizados en ciudades como Bruselas, donde un investigador encuestó a los usuarios y descubrió que, en la medida en que el confort aumenta, los automovilistas están dispuestos a dejar su auto en casa. 

Raúl Díaz señala como cuarto aspecto uno que a la señora K. le importa de modo fundamental: la cobertura. De la mancha urbana, 40 por ciento simplemente carece del servicio, y en las zonas periféricas es discontinuo y está fuertemente ligado a caprichos o necesidades personales de los operadores. (Un ejemplo que el investigador encuentra delirante es la prohibición de acceso de transporte público al aeropuerto, en contraste con todas las grandes ciudades del mundo.) 

El quinto reto es la “accesibilidad universal”, entendida como la posibilidad de recibir a la población con discapacidades físicas en todas las unidades. Es algo que actualmente ni siquiera está previsto por la ley, pues las adecuaciones (como rampas y elevadores) solamente se exigen a 10 por ciento de los camiones por cada ruta, y esto por no hablar de las escasas unidades que pueden transportar bicicletas. 

Esto lleva al sexto reto, que es la integración intermodal: que un automovilista o un ciclista puedan dejar sus vehículos en sitios seguros y seguir su viaje en el Tren Ligero, en el Macrobús o en camión. (Es una oportunidad desperdiciada en el caso de la línea 3 en sus estaciones límite, en Tesistán o en la Central Camionera.).
  
El reto número siete es la “gestión estratégica”, lo que incluye el modo en que se invierte para mejorar el transporte y hacerlo prevalecer respecto a la movilidad motorizada particular, así como el modo en que se pueden entregar incentivos a los transportistas. Los tres retos finales no son menores: que los operadores mejoren sus condiciones de trabajo para evitar estrés y neurosis, que las calles por donde transitan estén en mejores condiciones para el paso, y que los camiones cuenten con la mejor tecnología para reducir la contaminación que ocasionan. 

Pero la ciudad real, la de hoy en día, está bien retratada en la vida de J., responsable de un negocio de café en la zona de la avenida Enrique Díaz de León, cerca del centro de Guadalajara. A J. le toma hora y media de viaje moverse desde su casa, en la parte alta del cerro de La Reina, en Tonalá, hasta su lugar de trabajo. Sin duda, la existencia de la línea 2 del Tren Ligero facilita su traslado, pero la zona entre la estación final, ubicada en el parque de La Solidaridad, y su casa, es caótica en términos de rutas y continuidad, pese a su explosivo crecimiento urbano. Como J. cierra su negocio a las 10 de la noche, suele alcanzar el tren, con la esperanza de que algunos operadores de camiones “nos esperen” a la salida de la estación, a veces con tarifa especial. En caso contrario, tiene que pagar un viaje en taxi o en Uber de 50 o 60 pesos. Y si el tren se le va, lo que no es raro, de 200 pesos en adelante para toda la ruta.

La señora K. tal vez no habría perdido su trabajo si la situación del transporte en Guadalajara fuera diferente. Está preocupada porque la psicóloga del DIF no ve progresos en el modo en que asume sus responsabilidades, “y así, sin trabajo, no me van a regresar a la niña”, subraya angustiada. Una vecina la ha invitado a unirse a una empresa como “dama de compañía”, y aunque no se engaña, y sabe que es prostitución, “de cualquier modo es un trabajo: ya ve, nomás tengo la primaria”, señala con coquetería. Sus hermanas la regañan. “Yo estuve en las drogas muy chiquilla, y luego me mataron a mi hermano hace poquitos meses, entonces me acuerdo, me deprimo y me dan ganas de olvidar todo lo malo, como cuando iba con mis amigos y nos escondíamos en el Cerro del Cuatro, era un viaje feliz”, fantasea. Quizá si el camión de las cuatro de la tarde del pasado 1 de diciembre hubiera pasado a tiempo, la Navidad habría sido menos amarga…





viernes, 17 de febrero de 2017

Cuando las pesadillas de la esperanza se llaman Los Silos


El fenómeno de fraccionamientos masivos en el valle de La Misericordia, o Toluquilla, es el más amplio y descontrolado de los 475 años de historia de Guadalajara

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO

En este extremo oriental de una ciudad que parece no tener fin, los edificios abandonados y las columnas de humo de los incendios de dos días, que siempre son empujadas por los vientos dominantes desde el norte y el poniente de Guadalajara, enrarecen la atmósfera hasta tapar al sol y desdibujar los cerros enclavados al final del valle.

El antiguo dios dador de la luz es hoy ensombrecido por gases malsanos y partículas de combustiones lejanas, y la familia de Lupe, que este mediodía deambula debajo de los gigantes intimidantes de la Comisión Federal de Electricidad, –un largo tendido de antenas de alta tensión que penetra en el asentamiento y luego sigue su camino hacia el sur, como molinos de viento de una La Mancha que aquí nadie conoce-, no se explica, si hay tanta energía en circulación, por qué en las noches nunca hay luz.



Pero tampoco es que le llame mucho la atención el tema climático. En realidad, los vecinos se han apiñado al final de la calle para hablar de la última hazaña de las mafias locales: a la señora Aurora le quitaron su camioneta a las puertas de su casa, a las primeras horas de la mañana, "y ya se habían calmado", repone malhumorada. Es la moradora privilegiada de una de las cinco mil viviendas que construyó grupo Arcor, en Tlajomulco, y que se llama Los Silos, en alusión a esas viejas estructuras de almacenamiento de granos, que están representadas en número de cuatro en una miniglorieta a la entrada del fraccionamiento, como un guiño a las obras de Sebastián, "lo mismo pero más barato".

Aparte del arte, también las casas son más baratas: una residencia de Chapalita da para pagar fácilmente 20 unidades, una de Valle Real alcanza para 100. El visitante no se explicaría por qué la carretera que da acceso al surrealista conjunto habitacional está cercada por casas marrones, sin ventanas ni puertas, pintarrajeadas y abandonadas, con letreros de "no se vende" y números telefónicos por si de todos modos se quiere insistir –parece el cuento de la hermana de Pepito que pide a los primos que miran la TV que no volteen porque se está cambiando de ropa...-. Luego le informan que son saldos de un largo e inconcluso pleito judicial. Pero toda la periferia de Los Silos tiene la misma huella de lo que no se terminó. Los cascarones huecos de casas nunca ocupadas –salvo por las repentinas incursiones de delincuentes que dificultan la vida en el alejado páramo donde los vecinos habitan como auténticos pioneros-; carcomidas por el viento y enmohecidas por el agua oportunista, que sin embargo, es escasa.

De hecho, el conjunto del callejón de Lupe, al centro de la colonia, es aun más extraño: los diseños de los departamentos como cajoneras gigantes dan la ilusión de escaleras o de cajones de bolero apilados.



Mientras más arriba se viva, la vista mejora, pero se reduce el espacio: Lupe habita con sus cuatro niños y su esposo, en una sola habitación. La paga el marido, que trabaja en una fábrica de dulces de coco de la zona de El Álamo –"somos suertudos, estamos a media hora de aquí si salimos a la carretera cuando hay poco tráfico", apunta la mujer-; son 220 pesos a la semana, el plazo son 20 años y llevan nueve. El premio será un cuchitril malogradamente modernista en el rincón del área metropolitana donde el viento no se regresa, sino que se queda: embanca con su carga de contaminantes que ya se acostumbraron a respirar, sobre todo en los fríos inviernos de inversiones térmicas y niebla de un valle que también parece de nombre fallido: el de la Misericordia. ¿Por qué no decir Toluquilla, que al menos no promete?

- No, nada; está igual, no ha cambiado nada. Siempre feo y abandonado.
Yesenia es la mayor de sus hijas, y está en sexto de primaria; al lado está el Brayan, la simpática Rosa Isela y la pequeña Samantha, aún de brazos. Antes habitaban en Tlaquepaque, en la casa de los papás de Lupe. "Nos salimos para tener casa propia".
- ¿Y cómo están los servicios?
- Si la luz pagamos, pos tenemos luz. Y el agua cae nomás una hora al día, a las nueve de la mañana.
- ¿A esa hora hacen todo lo del quehacer, bañarse...?
- Sí, los que no tienen tinaco; pero yo tengo...



El carretón de la basura pasa cada tercer día, o más bien, "pasa miércoles, y los viernes a veces"; la inseguridad se había calmado, "habían estado viniendo patrillas", pero esta mañana, "ya se lo había dicho, oiga", le robaron la camioneta a la vecina. Mejor no tener carro si se lo van a llevar. Lupe no tiene. Es usuaria de los mototaxis, un servicio informal que es el paliativo para las necesidades del inmenso caserío, pues el camión de la ruta de El Salto, que sale de la Central Camionera Vieja, "pasa cada hora y media".



La escuela primaria se llama Francisco del Toro, y está llena. Yesenia ya va a entrar a la secundaria, que está al lado. Los chamacos tienen seguridad social gracias al empleo del padre, y si se ponen malos, hay que ir a la clínica del IMSS en El Álamo, pues no hay centros de salud sino en La Calera o en Cajititlán. "Sólo tenemos los médicos de las Farmacias Similares, esas que son lo mismo, pero más barato", repone sin ironía.

Las noches no son sencillas, porque Los Silos están llenos de pandillas. Lupe sale a cuidar a sus chamacos para que no se le desbalaguen y los mete antes de que apriete la oscuridad, porque hay violencia, hay drogas. "...no tenemos luz de lámparas, solo algunas prenden, si acaso".

No la peor vida posible la de Lupe, por supuesto. En general, esta humanidad de bajos ingresos tiene una gran capacidad de resiliencia, para hablar una palabreja de moda. La joven Bertha, que habita en la calle principal, donde se pone el tianguis los domingos, luce feliz aunque ni siquiera es propietaria: su marido paga 800 pesos de renta –eso en Chapalita no da ni para el cuarto de sirvientes, no se diga Valle Real, donde debe servir para rentar medio metro cuadrado y apenas moverse-. "Yo vivo muy a gusto, pero eso sí, no salgo nunca a la ciudad y en la noche nomás ando cerca", refiere.

Hay una gran cantidad de fraccionamientos de apertura relativamente reciente en este municipio, cuyo crecimiento exorbitante fue propiciado por la permisividad de las administraciones de Guillermo Sánchez Magaña y de Antonio Tatengo, uno para dar autorizaciones y otro para regularizar (el primero alguna vez se defendió en la prensa de las acusaciones: "afecté intereses empresariales que me pedían cambiar usos de suelo en 15 mil hectáreas", o sea, la pesadilla pudo ser peor, no se quejen). Es hora, como dice Lupe, que no se puede entregar Los Silos, que se derrumba lentamente pese a sus huéspedes industriosos y esperanzados.

Hoy fue un día de contingencia ambiental: los incendios del ducto de Pemex en San Juan de Ocotán, Zapopan, y la fábrica al sur de Guadalajara, de los días previos, pasaron factura. Además, las parcelas se encienden y apagan todos los días. Y hasta la lejana zafra de San Isidro Mazatepec hacia Tala, con base en el fuego: todo se recorre hacia este sumidero, de acuerdo a los registros de las estaciones de Miravalle, Las Pintas y Santa Fe. Se supone que ese comportamiento natural de la cuenca atmosférica debió contener permisos tan masivos. Y no se diga el agua, disponible en el subsuelo, escasa para casi un millón de moradores de los municipios del valle, llena de minerales, de arsénico, de manganeso, cosas que matan a largo plazo...

A la hora de la comida, los registros de puntos Imeca (índice metropolitano de calidad del aire) habían bajado. A las seis volvieron a subir. La precontingencia estaba instalada otra vez a las 8 de la noche: el humo se acumulaba de nuevo en la atmósfera, y la luna que declina de su plenilunio (76 por ciento visible) luchaba por abrirse espacio entre las nubes de gases, como metáfora de esa esperanza engañosa que se respira en Los Silos.

Esta una ciudad que parece no tener fin: la carretera no reposa en paisajes inalterados y sigue hacia la ciénega con una sucesión monótona de galerones de asbesto y lámina, miles de casas como panales de abejas, gasolinerías, terrenos montosos en espera de algún uso especulativo, inmensos cementerios de autos y un puerto de aviones que vienen de todas partes del mundo. Alguna arquería de viejas haciendas rinden homenaje al mundo perdido, el cerro Viejo duerme al confín del valle, y el progreso luce su extraño y efímero desquite.



La expansión de Tlajomulco

Tlajomulco tiene algunos de los fraccionamientos más conflictivos de la última ola de expansión de Guadalajara: cientos, miles, decenas de miles de casas para pobres, porque sólo eso pueden pagar y porque el Infonavit se lo pidió a las empresas inmobiliarias. Arvento, cerca de Cajititlán, no alcanzaba subsidio, pero se modificaron los polígonos de contención que se inventó la Sedatu (Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano) para que alcanzaran sus compradores; Santa Fe, más hacia el centro del valle, es el gigante. Curiosamente, muchos pobres siguen sin casa propia, pero se cuentan en decenas de miles las que están deshabitadas, o fueron abandonadas.


jueves, 16 de febrero de 2017

Zapotlanejo, la conquista sobre una frontera cinco veces secular



Las estructuras políticas y económicas de la ciudad buscan abrir la vieja colindancia norte y este de Guadalajara, en lo que antes fue el primer municipio de Los Altos

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO 

El meteórico ascenso de Zapotlanejo, que pasó en una década de ser un modesto municipio de 55,827 habitantes (conteo 2005 del INEGI) en la entrada a la región de Los Altos, a constituir la última pieza del complejo mapa del área metropolitana de Guadalajara, demuestra con meridiana claridad cómo las fuerzas del mercado se imponen a los tibios esfuerzos de los planeadores y a ambiciosas pero al menos hasta hoy fallidas tentativas institucionales, como el Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano (POTmet).

La meseta occidental del municipio, históricamente la más marginada, concentra la mayor parte de las 8,766 hectáreas de reserva urbana autorizada por el ayuntamiento local. Sin servicios básicos, dotada de caminos de tierra y algunas rutas pavimentadas secundarias, está en un territorio accidentado poblado de pastizales ralos y vegetación secundaria por la crónica escasez de agua, pero con una vista espectacular a la barranca del río Santiago, cuyos casi 500 metros de profundidad siempre mantuvieron a raya la urbanización.



Pero los tiempos cambian: apenas en diciembre pasado, la inmobiliaria universitaria Uniterra, de la Universidad de Guadalajara, presentó en fase de plan maestro su nuevo centro universitario ubicado en la zona, que coloniza el borde de la barranca, en un proyecto que recuerda al Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), enclavado más al norte por el mismo cañón, pero del otro lado del río. Construir este ambicioso proyecto de 497,194 metros cuadrados (casi 50 hectáreas) hoy en medio de nada, no puede ser leído de modo inocente.

La casa de estudios contó con la diligente actuación del ayuntamiento local, que desde 2009, en la primera gestión de Héctor Álvarez Contreras (PAN, hoy PMC) ha promovido, todavía de forma infructuosa, un megaproyecto habitacional de hasta 250 mil viviendas que se conocía como Valle de Santiago, de la poderosa constructora Urbi, que contaba además con los buenos oficios del hoy senador jalisciense, Arturo Zamora Jiménez (PRI). De este modo, se le donaron cuatro predios denominados Potrero de la Arteja (sic). Dos importantes tendidos de infraestructura pasan por allí: el acueducto Presa Calderón-Guadalajara y una red de alta tensión de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que permite prever el acceso a esos recursos esenciales.

El proyecto cuenta con 25 componentes, y "será un centro educativo temático de tecnologías sustentables, donde el aprovechamiento de la energía solar base fundamental del abastecimiento de energía eléctrica trato amable que logrará armonía con el medio ambiente y la naturaleza [sic], con un alcance regional resolverá las necesidades de educación de la región de Zapotlanejo", destaca la presentación de Uniterra. 83 mil m2, más de la sexta parte del predio, es para alojar 24,360 paneles solares.



Si está en medio de nada, ¿quiénes acudirán a las clases? Como en otros casos, este centro universitario detonará la urbanización contigua. Lo hizo el propio CUAAD al norte de la ciudad; lo generó el Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias en el valle de Tesistán y frente al bosque La Primavera, y lo hace de forma incipiente el último centro construido: CUTonalá, enclavado contiguo a una infraestructura nueva que ayuda fuertemente a llevar desarrollos habitacionales más allá de la periferia urbana: el llamado "nuevo periférico", construido, bajo presiones de desarrolladores inmobiliarios, por el gobierno de Emilio González Márquez.

¿Cuál es el incentivo, además de tener un plantel de educación superior al lado? La tierra barata. "Necesitamos precios competitivos para construir para la gente que menos tiene, que es la gran mayoría de la vivienda que se hace; y necesitamos tierra en la periferia para este mercado que es enorme porque es gente que no podemos excluir, tiene todo el derecho [...] el reto no es decir que ya no queremos casas, las casas vienen a cumplir con una demanda existente de los jaliscienses; lo que debemos de buscar es llevar infraestructura", dice el presidente del capítulo Jalisco de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi), Guillermo Salcedo González.

Y no obstante que señala casos como Carretera a Colotlán, El Salto, Tlajomulco o Ixtlahuacán de los Membrillos, donde ya hay urbanizaciones, la zona de Zapotlanejo permanece intocada en su mayor parte. "La infraestructura no es nada más calles y agua y electricidad, es fuentes de trabajo, escuelas y comercios; pero hasta ahorita yo no conozco ningún lado del mundo donde llegue un centro comercial o un hospital o una fuente de servicios y se instale donde no hay nadie; se instalan donde hay gente para que puedan mantenerse, entonces es lógico que primero llegue la vivienda, y luego lleguen los servicios, lo que es importante es que lleguen los servicios". Es un nuevo paradigma roto.

El especialista del Centro de Investigaciones Urbanas, Héctor Castañón, señala: "con Zapotlanejo desde su incorporación al área metropolitana, hemos visto con muchas dudas acerca del sustento técnico de la medida; yo creo que es más bien un cálculo político del balance de fuerzas en la ciudad, porque la incorporación de Tala [municipio del poniente, que colinda con Zapopan] tendría más sentido; yo veo una intención clara de los gobernantes de MC [Partido Movimiento Ciudadano] de meterlo, porque la inclusión de Zapotlanejo a nivel técnico tiene pocos elementos de soporte; el tema es que ya están dispuestos los ejes en los cuales podría ocurrir la expansión urbana, con el tema del libramiento [...] , la mancha urbana discontinua ya llega hasta allá; es doblemente preocupante porque la capacidad institucional de un municipio como Zapotlanejo es muy débil, si incluso un municipio presuntamente fuerte como Zapopan no puede encontrar los mecanismos de control de la expansión".

Héctor Castañón sostiene que no existen en la actualidad los mecanismos para frenar la expansión. Coincide el catedrático del CUAAD, Jorge Fernández Acosta: "la ciudad está bajo el control de las fuerzas económicas, ahorita estamos haciendo las cosas al revés: primero desarrollamos, hacemos vivienda, y luego vemos cómo resolvemos el problema; aquí hay que habilitar la infraestructura, poner servicios planificados, coordinar el tipo de vivienda o de urbanización deseable, poner límites, y luego entonces ya podría ser; en este momento las políticas deberían ser para frenar de tajo la expansión urbana en Zapotlanejo, y voltear a otros lugares; pero ni Consejo de Coordinación Metropolitana, ni el Imeplan (Instituto Metropolitano de Planeación) ni un instrumento como el POTmet pueden hacerlo".

"Brincar" la ciudad al otro lado del río Santiago para extenderla es un viejo debate. Era un sueño de los especuladores de los años 50 y 60, aseguraba el famoso urbanista Jorge Camberos Garibi, uno de los padres de la legislación urbana de Jalisco, que detonó en los años 90 del siglo XX.
El tema trae a colación la historia antigua de Guadalajara, una urbe que cumplió hace dos días 475 años de su fundación definitiva. Previo al arribo de Atemajac, los vecinos españoles se instalaron en la árida meseta de Tlacotán, en el hoy municipio de Ixtlahuacán del Río, un ecosistema muy similar al de Zapotlanejo, del que lo divide otro gran río: el Verde, que recorre todo Los Altos de Jalisco.

Dicen los cronistas que la aridez del terreno era poco propicia para obtener alimentos, que el agua escaseaba y abundaban los indígenas hostiles, lo que obligó abandonar la zona en 1541. Hoy, que la indómita raza caxcana ha desaparecido, los desarrolladores parece que cuentan con la tecnología, los recursos económicos y los compromisos políticos para realizar la ansiada colonización, allende la frontera invicta que impuso natura por casi cinco siglos.



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Claves

El POTmet y el futuro de Zapotlanejo

La inclusión del municipio de Zapotlanejo al AMG, "contribuye al aumento de superficie no urbanizada, ya que de 72,233 ha de este municipio, solo 1.6% está urbanizado (1,170 ha)"

Tendencia futura sin intervención: "una tendencia de crecimiento expansivo principalmente en los municipios de Zapopan, Tlajomulco de Zúñiga y Zapotlanejo. [...] en términos porcentuales, los municipios que experimentarían un crecimiento urbano más marcado, serían Juanacatlán (con 475%) y Zapotlanejo (con 370%)"

Reservas urbanas del AMG. "El uso de las reservas urbanas es principalmente habitacional, con 65% (28,974 ha). Destaca Zapotlanejo, al ser el municipio con mayor reserva con uso habitacional, al tener 8,753 ha. Le sigue Tlajomulco con 6,506 ha y Zapopan con 5,697 ha"

Centralidades emergentes, impuestas fuera de metodología, por los ayuntamientos de Zapopan y Zapotlanejo. En el primer municipio, Colotlán y La Azucena; en el segundo, delegaciones de Matatlán y La Purísima (la zona a urbanizar pegada a la barranca)

Comunicaciones: corredor metropolitano Zapotlanejo – Tonalá. "El corredor comunicará a la cabecera municipal de Zapotlanejo con el perifériconuevo a la altura del fraccionamiento Urbi, esto proporcionará mayor conectividad al municipio de Zapotlanejo con Guadalajara"

Corredor Central Nueva – Zapotlanejo Centro. "Este corredor busca la integración del oriente de la metrópoli por medio de un sistema de transporte masivo, conectando desde la Central Nueva de Tlaquepaque, por medio de la carretera libre, hasta la cabecera municip

Línea Alimentadora Metropolitana AM – 11 Zapotlanejo "comunicará a la cabecera municipal de Zapotlanejo con la extensión de la línea 2 del Tren Ligero en Tonalá aunado a la red de transporte masivo y alimentadoras, los habitantes de Zapotlanejo contarán con opciones para los desplazamientos en la metrópoli"

Fuente: POTmet




martes, 3 de enero de 2017

El régimen fiscal “no ha favorecido al país”




Economista señala que gasolinas son caras para compensar la baja tributación de las empresas más poderosas, mientras desprotege a los grandes empleadores: la mediana y pequeña empresa

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO

El régimen fiscal mexicano es kafkiano, porque además de complejo, no tiene equidad: los más ricos del país y las transnacionales, han logrado, con sus poderosos lobbys, convencer a los políticos de que paguen proporcionalmente menos que el resto de la población bajo la hipótesis de que generarán más riqueza y ésta se derramará en empleos y consumo abundante para el resto de la sociedad. Pero la realidad es que esta versión de Robin Hood al revés que impera desde los años 80 del siglo XX no ha hecho un país más próspero, advierte el economista Enrique Valencia Lomelí.

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Es la receta repetida una y otra vez, no solamente por México, para atraer inversión extranjera: se otorgan privilegios exenciones y tasas más bajas que al común de los negocios, porque se supone que de ese modo llegarán grandes volúmenes de dinero y empleos. Pero si se compara lo que la empresa nacional pequeña y mediana da, en término de empleos permanentes y en pago de impuestos, se demostrará que la hipótesis no se sostiene.

“La misma Secretaría de Hacienda nos ha estado informado cómo grandes empresas o trasnacionales, en lugar de pagar impuestos por las facilidades que se les dan en México, los pagan en otros lados; hace poco tiempo, el Servicio de Administración Tributaria [SAT] detectó a 270 empresas con esa práctica, ahí debería haber una acción política importante, no nomás decir ‘hay 270’; que den nombres, debería haber una campaña en ese sentido, los cuidamos demasiado, son inversiones, pero no pagan impuestos por sus utilidades, y para mí eso es insostenible”, advierte el investigador de la Universidad de Guadalajara.

- Y habría que ver si son empleos de calidad, permanentes, que resuelven las necesidades del trabajador y dan certidumbre a la economía…

- Hay que ver, por ejemplo, aquí en Jalisco, cuáles son los salarios, porque nos prometieron que los salarios iban a incrementarse porque van a ser empleos extraordinarios, y resulta que pagan dos o tres salarios mínimos cuando mucho; hay que revisar nuestras prioridades, yo no estoy en contra de la inversión extranjera, sino los tipos de acuerdos que la fundamentan; no hay una política pública clara, uno se pregunta por qué, si vienen a trabajar a nuestro país, no pagan utilidades, como hacen en otros lados; hay otro dato, la Cepal [Comisión Económica para América Latina], informó hace unos meses que la facturación por productos que comercializan estas compañías, salen del país, una gran cantidad de sobrefacturación según sea el caso, mucho dinero; solamente en un año, se señalan cerca de 50 mil millones de dólares que están mal referidos en las facturas, y por qué hacen eso, para pagar menos impuestos en México, y hablamos de Cepal, son cerca de 900 mil millones de pesos sobrefacturados para evadir impuestos; y nada más calculemos cuánto representaría eso en captación de impuestos.

De este modo, sostiene, “tenemos un problema de reforma importante con el sector de inversiones externas, pero también lo tenemos con las nacionales, como las mineras, México es uno de los países que menos cobra impuestos a las mineras, y que se han enriquecido de manera extraordinaria [ver http://www.elfinanciero.com.mx/empresas/mineras-pagan-menos-al-fisco-pese-a-nuevos-impuestos.html]; ahí tenemos que ir a fondo, porque parece que es más fácil aumentar el IVA o quitar el subsidio a las gasolinas, y tenemos que ir a fondo en la reforma fiscal.

- Lo cierto es que no se ve que quieran entrarle, aunque el costo político a pagar sea alto… el gobernador de Jalisco, el alcalde de Guadalajara, ya andan tratando de buscar opciones más allá del golpeteo que se dan, ¿pueden hacer algo los gobiernos locales?

- Es una pregunta muy complicada, lo que tenemos que hacer es transparentar los acuerdos de las inversiones que llegan; no olvidemos el caso de KIA, una armadora de autos de Corea del Sur, en Nuevo León, que generó toda una polémica por los incentivos que se le dieron, y que fueron renegociados por el nuevo gobierno de ese estado [ver http://expansion.mx/empresas/2016/09/07/kia-inicia-la-produccion-en-nuevo-leon-con-el-modelo-forte]; la lección es que debemos ser claros, está bien que llegue inversión a nuestro estado, pero en qué condiciones, qué se les ofrece y qué otorgan a cambio; y también aplicar eso en las micro y medianas empresas, que deben ser apoyadas pero de forma clara y transparente, e impulsar una dinámica de largo plazo que genere mejores bases para nuestra economía a favor de la sociedad en su conjunto, y no de unos solamente.

- La lógica señala también que si el combustible se hace más caro, es una oportunidad para los productos locales, fortalecer un mercado local.

- Claro, es una oportunidad, como también debemos apostar a un mejor transporte público; en Jalisco hemos tenido una ceguera, cómo es posible que pequeñas ciudades del mundo con 500 mil o un millón de habitantes tienen mejor desarrollado un sistema de metro o de tren ligero, y nosotros hemos tenido una ceguera de largo plazo, allí está la Línea 3, más vale tarde, pero debemos hacer más en ese sentido.

- De este modo, ¿cómo debemos afrontar el año 2017?

- Todo indica que será un año muy difícil ,y que debemos prepararnos para ello, de un severo ajuste por el gasto gubernamental, todos los indicadores nos hablan de un crecimiento mínimo, de 1 a 2 por ciento; y hay que ver si no sigue bajando esa perspectiva, y si hay menos crecimiento hay menos empleo; muy probablemente vamos a tener problemas de empleo, de incremento de precios en la canasta básica, a los que ganan hasta tres salarios mínimos les va a pegar más fuerte. En cuanto al crédito, los intereses van a aumentar, los consumidores debemos ser muy cuidadosos, cuidar nuestro ahorro, y no pensar en corto plazo sino en largo plazo; investigar cuánto nuestra empresa está reportando al IMSS de nuestro salario, porque esa son nuestras pensiones a futuro; por eso no es un logro menor que se logre la transparencia de nuestras empresas, porque es información que debemos tener para tomar decisiones, es fundamental.

domingo, 1 de enero de 2017

Desayuno de fin de año con familia de La Esperanza

Juguetes y comida donadas por la comunidad de la ladrillera de Coyula, en Tonalá, para clan familiar que sobrevive en las laderas de la barranca

Agustín del Castillo / Guadalajara. Milenio Jalisco

Este fin de año hubo desayuno y regalos para despedir el año viejo, para los 23 integrantes de las cuatro generaciones de una familia que sobrevive precariamente en la orilla de la barranca, en Tonalá: la comunidad ladrillera de Coyula, del mismo municipio, donó los bienes a través de su representante, Natividad Rocha Guerrera, lo que permitió un breve remanso se abundancia en una historia de miseria, ignorancia y exclusión.

La Esperanza, “una de las colonias más marginadas del municipio de Tonalá, requiere de una campaña de recolección de vestimenta y alimentos, pues la entrada del periodo más crudo del invierno está por llegar”, señala Sergio Morales, promotor social integrado al movimiento de rescate del Cerro de la Reina, quien ha sido el factor humano fundamental para que la sociedad tapatía voltee sus ojos a este problema.

“La Esperanza necesita tu ayuda. Las niñas, los niños, les faltan zapatos, ropa que los abrigue, cobijas (la mayoría de ellos duermen en el piso); a Fátima de apenas un año y seis meses, y a Kendra Jazmín de dos años, les hace falta leche para alimentarse”, destaca en un mensaje, en relación al grupo familiar cuya historia fue presentada por MILENIO JALISCO el pasado 24 de diciembre.

El activista entregó una lista de necesidades: Niñas Karla, Priscila y Martha Juanita, de 10 años, calzado del número 21; niña María Juana, de tres años, calzado del número 12 o 13; niño Marcos Eduardo, de cuatro años, calzado número 16; niño José de Jesús, ocho años, calzado número 19.5; niña, Malena Noemí, de 9 años calzado número 18; niña Milagros Jaqueline, de seis años, calzado del número 12; niño Caín Ramsés, de siete años, calzado del número 19; joven Ricardo y joven Ismael, de 18 y 17 años, calzado del número 25: niño Luis Fernando, de siete años, calzado del número 20; niño Benjamín, de 12 años, del calzado número 22; niño Luis Armando, de 15 años, calzado del número 25; así como las dos pequeñas.

“Se solicita uniforme escolar y calzado para el niño Ramses de 7 años, quien es el único integrante de la colonia que va en condiciones muy limitada a la escuela. Uniforme: Pantalón gris-azul, camisa blanca manga larga y corta no.7. Chaleco azul. Para Fátima y Kendra de dos años, se requieren pañales y leche en polvo para la edad. El clima de La Esperanza es extremadamente frío en invierno. Ropa de abrigo para los niños y niña, jóvenes y adultos: gorros, guantes, cobijas, suéter y pantalones. Los alimentos que más requieren son: frijol, soya, galletas, aceite, arroz, galletas y pan”.

¿Dónde entregar las donaciones? en el muro de Facebook de Sergio G. Morales se da toda la información.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Navidad, 'Bad Santa' o explotación infantil



Los niños tapatíos gozan sus juguetes sin cuestionarse por qué el santo del norte desplazó al súper héroe local en sus preferencias

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

Jornada de Navidad. Con los niños, parece que la gran batalla cultural por “tradiciones e identidad” de los mexicanos y los tapatíos, es cosa perdida: el gran icono de la Coca Cola ha triunfado sobre el distribuidor local de regalos, lo que significa que el longevo Santa Clós tiene vida garantizada sobre el prodigioso Niño Dios, cuya hazaña de nacer, levantarse y distribuir miles de presentes –la explotación infantil en su máxima expresión- lo había hecho el campeón de los súper héroes antes de que la DC Comic alumbrara a un Superman debidamente destetado y maduro para salvar a la humanidad, en 1938.

Así, no es extraño que dos de cada tres mozuelos a quienes les pasaron de noche las tremendas revelaciones del El Bronco (gobernador neoleonés y estrupador de inocencias norteñas) sobre la realidad de quiénes financian sus juguetes, señalen ufanos que el personaje rojo y botudo de luenga barba, barriga prominente y risa desaforada, que se desplaza en un trineo aéreo que nadie ha visto, con una partida de renos, es quien en realidad les ha hecho entrega de sus barbies con etiquetas de Walmart, sus Polly Pocket del Palacio de Hierro, sus balones profesionales y sus bicicletas de Martí o sus Mecanos de Soriana.

Qué de tiempo tendrá el tremendo barrigón para pasar por todas las tiendas, que de por sí cerraron más temprano en Nochebuena, suponiendo que su intención sea reducir costos y combatir el cambio climático: no es lo mismo el costo ambiental de un juguete fabricado y extraído del Polo Norte que recorre miles de kilómetros en trineo, que un juguete Mattel, Disney, Lego, Playskool o Fisher Price…. maquilado en China, en Corea del Sur o en Taiwan, traídos en barco o avión que ocasionan emisiones demenciales (el sector transporte es responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero)… de acuerdo, las cuentas no cuadran pese a que para prosperar como Santa Clós tendría que exigirse un máster en administración.

¿O será que recibe alguna “prebenda” especial por adquirir juguetes de la globalización y despreciar rudos objetos de las muy escuálidas fábricas mexicanas, víctimas de los tratados de libre comercio y por ende, ansiosas de que míster Trump, el otro longevo y rubicundo norteño, cumpla sus promesas de regalar aranceles que resuciten la industria nacional?

Otra presunción del fraude del marketing santaclosiano es que, si fuera tan activo, no tendría tan enorme panza ni semejantes posaderas. Pero será la magia de la Navidad, nadie lo detecta: algunos de sus adoradores infantiles, pero sobre todo, gran parte de sus socios adultos, viven inmersos en una cultura que le declaró la guerra a la obesidad y que glorifica los cuerpos sanos, atléticos y hermosos, semejantes a guerreros espartanos y no a bebedores de cerveza y coca que al parecer, explotan enanos como en las cavernas de Alberich del Anillo de los Nibelungos, para labrar el éxito material de la marca Santa Clós y garantizar el oro, a costas de las ilusiones de inocentes y las carteras extenuadas de los padres culpables.

Pero basta de Bad Santa. En la plaza Juárez, Juanito desplaza sus carritos e imagina que corren más que en Rápido y Furioso, mientras su hermanita Lorena recrea con sus muñecas dramas llenos de dolor y lagrimones que imaginaría, si acaso lo supiera, que dejan en la orfandad mediocre a la maldad de Lady Macbeth. En el camellón de Chapultepec, Isabel goza de lo lindo el paraíso de su Polly Pocket que le regaló "Santa Cós" (alguien piensa si los yahoos perversos de los Viajes de Gulliver le habrían robado a los nobles caballos una deidad que daba regalos… y coces), pues la muñeca viene equipada con su ranita, su paraguas, su ollita para tamales (el observador está aferrado a lo popular), pero además, de sus dos árboles siempreverdes con fuentes cantarinas, de un puente que atraviesa un río obviado, de un arcoíris que une las dos copas frondosas; de una nube que si hace falta, puede ser impertinente, y de un sol que se quita y se pone sin las desastrosas consecuencias de la carroza operada por el caprichoso Faetón según platicaba un desconocido Ovidio, autor de Las Metamorfosis.

Victoria presume sus My Mini Mixie q's (así se llaman), figuras en miniatura cuyos componentes están expuestos con más abundancia y detalle que las disputas teológicas de alguna universidad medieval. Esas piezas múltiples permiten reproducir hasta los más mínimos componentes de una comunidad humana, o al menos de una familia "funcional", siempre bajo el rígido control de la propietaria todopoderosa: los juguetes son mejor que la vida.

Y es que el gran negocio de los juguetes, más allá de la mitología por la que se opte, no es cosa de niños: “la industria del juguete a nivel mundial obtiene ganancias por 83 mil millones de dólares cada año, informa la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete […] 65 por ciento de los juguetes que piden los niños de México son importados, es decir, no se fabrican en México, esto le resta importancia a esta industria a nivel nacional, la cual obtiene ganancias anuales estimadas de dos millones de dólares”, informa el sitio especializado Merca2.0 (nota completa: http://www.merca20.com/10-marcas-juguetes-mejor-valuadas-a-nivel-mundial-en-ano-2015/).

Vamos, ¿quién ganó entonces la disputa por las almas inocentes de los tapatíos? Las disquisiciones se puede llevar lejos: que si Santa Clós se puede adaptar con el catolicismo dominante, o es mensajero del protestantismo emergente; que si en realidad no tiene nada que ver con religión, a no ser que se vea como religión esa fiesta global de fraternidades confusas y cotas de consumo llevadas hasta el delirio, cortesía de la marca refresquera emblemática del imperialismo yankee; más acuciante aún, ¿puede llevar la fe en el santo barbudo al ateísmo, dado que evidentemente la jornada navideña refleja de forma fiel las diferencias sociales, los drásticos desniveles de ingreso y en última instancia, un inocente muchacho que vende chicles en la esquina de Federalismo e Hidalgo puede decir que en realidad el Dios verdadero es el maligno hacedor del mundo –Demiurgo- de los gnósticos?

Pero los niños andan encantados con sus regalos. Ya habrá tiempo de cuestionar en la vida. Si ilusión viene de quien sostiene creencias ilusorias y fantásticas, este es el paraíso y nadie los debería buscar arrancar de él antes de tiempo.

MC

sábado, 24 de diciembre de 2016

La Esperanza, historia con una olla de frijoles



Una familia con tres generaciones de apretada pobreza espera tener hoy para cocer verduras y tortillas, olvidada de la ciudad progresista, y festejar así al dios nacido en un pesebre.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

"Siempre hay esperanzas", contesta franca y sonriente doña Virginia Lozano Romero, con una voz raposa que quién sabe si tenga que ver con sus recios genes o con las inclemencias del invierno naciente en esta orilla de la barranca, en Tonalá, donde el paisaje de la áspera hondonada, en lontananza, y la monstruosa ciudad que se derrama desde arriba, sugieren una síntesis poderosa de la humanidad conquistadora: algo así como seis mil años de cultura, o los 475 que cumplirá la altiva Guadalajara en esta región.

Cruel ironía: doña Virginia no tiene tiempo de estas disquisiciones, y siendo sinceros, tampoco la formación; aunque, seguro, es impresionante ver la miríada de luces artificiales que brillan en estas noches oscuras, o escuchar en el silencio el lejano discurrir de un río tesonero que ha tallado el cañón milenario, marca y límite cada vez más desmentido de la urbe nacida en Atemajac.

Su pensamiento está anclado en lo básico, lo elemental: la supervivencia. Por ejemplo, saber si habrá para frijoles esta mañana previa a la nochebuena.

Las ironías siempre se acumulan como incómodos cadáveres del clóset en las comunidades pretenciosas. La capital de Jalisco, de casi 4.7 millones de habitantes de acuerdo al INEGI, se ufana de tener el mejor nivel de vida en sus nueve municipios, con tasas de acceso a servicios de infraestructura, educación, salud, que envidia cualquier morador de la vastedad rural, sea el tropical Cabo Corrientes, el extremoso Ojuelos o el tórrido y seco Jilotlán de los Dolores.

Pero justo en este asentamiento polvoriento, que se llama La Esperanza –otra paradoja asestada al ego tapatío-, todas las carencias están sintetizadas: no hay agua potable ni red de alcantarillado; la basura se acumula en agostaderos de grama seca; la postería trae corriente eléctrica a las casas bien montadas de los vecinos, pero no da para alguna modesta luminaria en la brecha; el transporte público demanda cuarenta minutos de camino; jamás se ha parado una brigada de salud para desparasitar a las criaturas, no se diga campañas de vacunación; la escuela está lejos, en Urbi, pero solamente Caín Ramsés, de siete años –qué nombre de resonancias bíblicas-, dejado por su madre con la abuela desde hace cinco años –la mujer purga una larga condena en Puente Grande-, asiste. Parece que quiere ser abogado.

Menos proyecto de vida parecen tener Dulce Lucía y Ricardo, de 18 años; Ismael de 17; Luis Armando, de quince; Benjamín, de doce; Karla Priscila y Juanita, de diez; Malena Noemí, de nueve; José de Jesús, de ocho y Milagros Jacqueline, de seis, todos en edad escolar pero que dejaron de ir, sea porque no les gustó o porque ya no los pudieron llevar. Como consecuencia, ni siquiera saben leer, y a los mayorcitos, a la mejor ya se les olvidó, pero en todo caso, no les ha servido de nada. Por el mismo camino van los pequeños Marcos Eduardo, de cuatro; María Juana, de tres; Kendra Jazmín, de dos; Fátima Estéfany, de año y medio.

Cuando llegan las visitas, se activan: salen de la apretada casa; deambulan, gritan e inspeccionan el breñal, y conducen traviesos el torpe andar de una cachorra llamada Estrella, que parece de buena familia, pero eso no es obstáculo para su infinita curiosidad de mamífero: que se detenga a olisquear cada charco o mordisquear el retazo más miserable de tela o basura.

Así se llena de vida el áspero y polvoso agostadero, donde el sol los cuece en primavera, el agua los moja en verano y otoño, y el frío creciente tras el solsticio de invierno les recuerda, más que a ningún morador de la gran ciudad, lo difícil que es salir adelante. Todos son de talla pequeña, y tal vez sea algo más que la genética: comer frijoles y hierbas no es considerado en ningún lugar una dieta siquiera básica.

Lo saben muy bien los adultos: Eduardo Rafael, Mario, Ana Isabel, María Soledad, Alfredo y la misma Virginia. De hecho, hace un año estaban peor: Mario cobró una pequeña herencia de una tía, y tuvo dinero para poner muros y bóveda que sustituyeron al jacalón de tablas y cartón que habitaron por siete años. Apretados 23, pero mucho más seguros y confortables. Todo es relativo.
Virginia no oculta sus penas, pero no quiere salir ya en fotos porque le da tristeza que su hija detenida se entere por los periódicos o la televisión de las penurias por las que pasan.

"Ella tiene ya cinco años allá; haga de cuenta que su esposo, y la banda de su esposo, andaban de ratas, y se les ocurrió matar a un señor, y la culparon a ella, está por complicidad, ya en enero cumple cinco años, y de hecho nos piden pagar 52 mil pesos, que por reparación de daño, pero pos de dónde [...] le echaron sentencia de 20 años y un día. Tiene 26 años, entró de 21, y su hijo es Caín Ramsés, el que va a la escuela [...] trato de verla cada quince días, llevarle cosas para su aseo, jabón, cloro, pinol.... Estará libre a los 41 años, me dicen, a menos que se porte bien y salga antes".

Dos de sus hijas la acompañan: Ana Isabel, de 28 años y con seis hijos; María Soledad, de 34 años, cuya primera hija de diez, que parió a los quince años, ya la hizo abuela. A esto se le acumula una viudez: "mi marido era muy borracho, me golpeaba, y preferí salirme de con él, con los niños... vivíamos en el Cerro del Gato, un día le prendió fuego todo borracho, se durmió y se murió...".

Los pesimistas dicen que el arte es mejor que la vida, pero aquí parece alumbrar un nuevo significado la famosa primera frase de Ana Karenina: "Todas las familias felices son iguales, pero cada familia desdichada, lo es a su manera". Como pasa con los Lozano, insospechada recreación tolstoiana de la vida.

Allí no acaban las sorpresas: "Este niño se llama José de Jesús, pero no está registrado, queremos ver cómo le podemos hacer", interviene Virginia.
- ¿Cuál es su edad?
- Bueno, en realidad no sabemos qué edades tienen; cuando ya los registramos estaban más grandecitos, y como mi hija no sabe en qué fecha nacieron, una maestra que nos ayudó fue la que les puso las edades que ella quiso...
- ¿Cómo festejan los cumpleaños?
- No sabemos, nomás del niño Ismael sabemos que es del 16 de septiembre, pero no sabemos la fecha.

Qué pregunta más impertinente, si es igual aun si se saben los días de fiesta. Por ejemplo, esta noche de víspera navideña, los 23 que viven apretados en la casa de tres cuartos de La Esperanza, no podrán ver la televisión, porque tienen aparatos analógicos que ya quedaron rezagados en la brecha digital. "Cuando salimos en la tele, ni nos enteramos", explica Virginia.

Espera contar con sus frijoles para hacer una olla, y reunirse todos al atardecer. Cuando la ciudad enciende sus luces y truena sus juegos pirotécnicos para festejar al niño que nació en el pesebre, con un burro y un buey, el pretexto perfecto para adorar al dios del consumo. Acá, en la orilla de la barranca, ni siquiera tendrán la música de las bestias mansas; sólo el olisqueo incesante de Estrella, la perrita de pelaje marrón y linaje sospechoso, que se deja manosear gozosa y espera algún día saber ladrar, aunque tampoco lo dice.

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Claves

Apuntes desde ONU Hábitat

“Un espacio (muy) reducido, se encuentra frecuentemente asociado con ciertas categorías de riesgos de salud. Una condición de hacinamiento se presenta cuando 5 o más personas comparten una unidad de una sola habitación, utilizada para cocinar, dormir y realzar otras actividades”

“Las condiciones de mayor hacinamiento se pueden observar en Tonalá, El Salto y Tlaquepaque”

“Estimaciones indican que la mayoría de las viviendas con altos índices de hacinamiento, ni siquiera tienen sus escrituras en regla, lo cual constituye una barrera para el desarrollo económico de las familias, esto pone de manifiesto dos elementos: el estado de indefensión de la población y lo diseminado de la cultura de la irregularidad”

“Los logros de cobertura en educación básica han sido considerables, pero no suficientes. No sólo se trata de garantizar el acceso a los distintos niveles de educación, sino también de lograr la permanencia y culminación exitosa de la trayectoria escolar”

Fuente: http://www.forogobernanzametropolitana.org/sites/default/files/ONU-Habitat_2015_Guadalajara_Metr%C3%B3polis_Pr%C3%B3spera_M%C3%A9xico.pdf

sábado, 18 de octubre de 2014

Día de Pobreza: censos, mentiras y clientelas



Más de 30 mil tapatíos y 120 mil en zona conurbada la padecen en extremo.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

El lugareño se acercó, y a grito abierto, llorando a raudales como protagonista de tragedia griega, denunció al mundo porque se había quedado sin lavadora tras los efectos desastrosos de la tromba que asoló a Oblatos y otras áreas del oriente tapatío, el último día de septiembre pasado, y no lo habían tomado en cuenta para la reposición de tan esencial artefacto doméstico.
El gobernador Aristóteles Sandoval se incomodó ante la presunta evidencia de que los de Desarrollo Social de Guadalajara no habían hecho bien la chamba de levantar el censo de los daños; “ayúdenlo”, les suplicó mientras trataba de atender los innumerables suplicantes que lo cercaban, cual coro de la homónima representación de Esquilo, el padre en el arte de llorar y sufrir en el tablado, de hace unos 25 siglos.

“Fuimos a la casa del vecino, y nos sorprendimos: la lavadora enterita, de lujo […] el hombre se enfureció cuando fue descubierto, y la tomó con la esposa, que no había hecho su parte para que les creyeran su desgracia”, narra un funcionario tapatío. Queda la anécdota, pero subraya un hecho inquietante: la pobreza extrema es un mal para más de 30 mil habitantes del municipio capital del estado, y arriba de 120 mil de la conurbación. Pero es también un negocio, montado desde un Estado clientelar que se limita al asistencialismo para cosechar en votos la resolución, siempre parcial, de las necesidades de los clientes, que no ciudadanos.

“Hemos insistido en la necesidad de cambiar esa visión, sé que se llevará mucho tiempo, pero se necesitan estrategias integrales para combatir de forma eficaz la pobreza”, señaló el titular de Desarrollo Social del municipio, Pedro de Alba Letichipía.

Este jueves fue el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, y sirvió de marco para un encuentro bajo el patrocinio del Consejo Consultivo de las Organizaciones de la Sociedad Civil y Derechos Humanos en el Municipio de Guadalajara. Se habló de pobres, de política, de cultura y de economía.

“La dinámica es muy simple: a una persona en estado de pobreza se le otorga un apoyo económico o en especie con el cual resuelve una necesidad inmediata. Pero al día siguiente sigue en ese mismo estado y su necesidad es exactamente la misma: sigue teniendo hambre, sigue sin empleo o enfermo. Si continuamos bajo esta dinámica asistencialista, vamos a seguir gastando millones y millones de pesos sin obtener resultado alguno para evitar la perpetuación del círculo de pobreza”, añadió el funcionario.

De Alba Letichipía cree que ese esquema caduco e ineficiente está cambiando; “estamos llevando a cabo un replanteamiento de las políticas sociales en todos los niveles de gobierno para orientar todos los esfuerzos hacia un mismo objetivo a través de la economía de esfuerzos y una transformación profunda de la manera en que se diseñan e implementan estas políticas públicas con el objetivo de que sus beneficios no sólo sean duraderos, sino permanentes”, aseguró.

Pero hay una inercia tremenda, reconoció. La forma de hacer política en esta ciudad y país sigue en lo clientelar, “tal vez necesitemos 20 años para cambiar todo”, aventuró. Coincidió con el otro ponente, Manuel Villagómez Rodríguez, en la necesidad de un cambio que permita a los emprendedores salir adelante con su esfuerzo, con créditos blandos y facilidades en trámites para montar negocios.

“El sistema económico del neoliberalismo,  libre mercado y la globalización de la economía se diseñaron  para concentrar la riqueza y generalizar la pobreza”, dijo Villagómez, exitoso empresario de la tortilla. Los ricos mexicanos son egoístas, añadió, “y se han opuesto al fomento del cooperativismo”, pese a que es el esquema para que todos los mexicanos estén en la formalidad y prosperen. “Estados Unidos y Canadá lo han hecho, pero nosotros, tristemente no”, explicó.

Por eso la persistencia del cliente pasivo, pedigüeño, que extiende la mano, y llora si hace falta, víctima inerme de desastres naturales y políticos oportunista. Pobreza, negocio de subsistencia, espectáculo posmoderno, más cerca de Mad Max y Elysium que de los hombres atormentados de Esquilo.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Avanza programa especial contra deforestación

La Conafor aplica proyecto especial en la región sur del país, lo mismo que en las cuencas costeras de Jalisco, en busca de detener las causas de la destrucción de ecosistemas.


Agustín del Castillo/Guadalajara. Milenio Jalisco.

La región sur de México, que junto con Jalisco registra las mayores tasas de pérdida de bosques y selvas del país, será objeto de un programa especial que tiene una inversión de 17 millones 39 mil dólares: el Proyecto de Desarrollo Comunitario Forestal para los estados del Sur (Decofos) que comprende Campeche, Chiapas y Oaxaca; el proyecto es desarrollado por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), en sociedad con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola  (FIDA) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas en inglés).

"El objetivo del proyecto es contribuir a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de zonas forestales en pobreza y pobreza extrema mediante el desarrollo de actividades productivas sustentables que coadyuven y promuevan la reducción de los efectos del cambio climático y sus impactos negativos. La población objetivo son ejidos, comunidades y grupos participativos de interés común, los cuales se encuentran conformados por aquellas personas que no cuentan con derechos sobre la tierra. Participan 76 municipios distribuidos en los estados de Campeche, Chiapas y Oaxaca", señaló el organismo federal en un comunicado.

Así, "la finalidad del Decofos es contribuir a reducir los índices  de pobreza y marginación de la población ubicada en bosques y selvas y a la promoción de buenas prácticas para la mitigación del cambio climático". Para lograrlo, agrega, "se han trazado tres líneas estratégicas: uno, fortalecer las capacidades para la gestión local y cambio climático; dos, desarrollo de proyectos productivos y cambio climático y, tres, fortalecimiento institucional". El proyecto dio inicio en 2010, cuando MILENIO JALISCO reveló las cifras de pérdida de bosques y selvas en el país, renglón liderado por Chiapas, Jalisco y la península de Yucatán. En el caso del estado occidental, sexto del país en biodiversidad, se aplican una serie de estrategias en el contexto del proyecto REDD+ (Reducción de Emisiones en Degradación y Deforestación más su componente social) sobre todo para la integración de juntas intermunicipales del medio ambiente.

"Algunos de los principales logros y lecciones aprendidas ha sido el mejoramiento del capital social al interior de las comunidades rurales. El apoyo a grupos de personas sin derechos a la tierra en ejidos y comunidades para el aprovechamiento de los recursos naturales con base en acuerdos comunitarios y fortalecimiento al capital social y humano. Integralidad de actividades en las fronteras agrícolas y forestales con el propósito de facilitar el desarrollo rural integral y buscar una visión del uso del territorio con la concurrencia de otras instituciones relacionadas con el sector agropecuario y forestal. La creación de microempresas rurales que incorporan a mujeres indígenas y a jóvenes, quienes representan los grupos más vulnerables de las áreas rurales de México".

Además, de forma muy importante, "la recuperación de áreas deforestadas a través del establecimiento de módulos agroforestales como un mecanismo que facilita la reconversión de uso de la tierra e incremento de los inventarios de carbono y que, en paralelo, representan fuentes de alimentos e ingresos a las familias que viven en las comunidades rurales", puntualiza la Conafor.

lunes, 5 de agosto de 2013

La privatización de playas es “a punta de pistola”

CRISIS PESQUERA EN LA COSTA DE JALISCO / 6



Doce médanos del litoral, sobre todo en La Huerta, ya no tienen acceso, mientras el resto se privatiza aceleradamente, sin que municipios actúen. Foto, las residencias de la élite internacional se han apoderado de la zona de Careyes

Agustín del Castillo / Costa de Jalisco. MILENIO JALISCO

Los pescadores son los primeros que padecen el problema de la privatización de facto de las playas que está realizando el sector turístico, sobre todo en el municipio de La Huerta. Primero les ponen una puerta para impedir que los autos lleguen a la playa. Luego impiden el acceso a pie, y ya al final, incluso los policías privados ahuyentan a los que llegan por mar, pistola en mano.

Las influencias del lobby turístico también se reflejan en el otorgamiento de las concesiones. El caso de la Cooperativa de Ribera de Punta Pérula o Careyes, que denunció despojo de su concesión pesquera a favor de un inversionista en 2007, es emblemático, y sin duda también está el caso de Tenacatita. Lo cierto es que los pescadores y otros intereses pequeños en fuerza política padecen el proceso en la parte más codiciada del litoral, que es ese municipio lleno de caletas y pequeñas ensenadas entre un mar de montañas que le dan a su paisaje características únicas en México.

“Lo vemos en la práctica, el gobierno maneja que quiere desarrollo para los municipios, pero nunca se han puesto a ver la necesidad que tiene una cooperativa o un grupo de pescadores de tener una pequeña concesión, y en cambio, al empresario [turístico] le dan todo […] y qué pasa, que llegan con el desalojo, sin tomar en cuenta el darle una oportunidad a un grupo pequeño o a una cooperativa, y es lo que han pasado con Careyes, Careyitos, la Cruz de Loreto [ésta, en el caso de los esteros], hasta ha habido pescadores desaparecidos o suicidios, por defender algo que creemos es nuestro, y éstas son las consecuencias”, exclama irritado el presidente de Federación de Cooperativas Pesqueras de Jalisco, la principal organización de pescadores de la Costa Sur, Alejandro Trujillo Hernández.

- Es decir, ¿la presión es muy fuerte?

- Sí, la presión está muy fuerte, donde el gobierno debe poner más atención; lo que sucedió en Tenacatita, que fue la opción de liberar la carretera para entrar a la playa, debe hacerse por el gobierno del estado en todas partes; ojalá sean compartidas, para que se pueda beneficiar a todos, y no que al pescador o al jodido se le tenga con la pata en el pescuezo.

- En el tema de las concesiones, el primero en tiempo es primero en derecho, pero ustedes ven cómo les quitan las concesiones, como pasó en Careyes.

- Sí, desgraciadamente la ley no se aplica como debe ser, igual para todos; y no es así, si yo tengo mi concesión en la playa o el humedal para los aprovechamientos desde hace mucho tiempo, pues el mejor derecho es para mí que al que está a un lado y llegó luego, la ley así lo señala, pero no lo hacen, o si no, como que te dan la concesión, como en Careyitos, y al poco tiempo te la revocan.

- Y se la dieron a los empresarios…

- Así es, y está todo bien documentado, sabemos que se va a desarrollar Careyes y Careyitos, pero la parte de la concesión tiene que respetarse, así como la entrada a la playa; ahorita está cerrada y tienes que entrar con tus cosas al hombro.

- Esto es sistemático, la privatización general de las playas.

- Sí, así es; en el caso de Chamela está mejor porque los empresarios actuaron atinadamente y parece que están apoyando a los pescadores, que les dieron un espacio y parece que les van a mejorar las viviendas, ojalá eso se haga en otros lados.

Los guardias armados impiden al pescador o al visitante entrar en playas como El Negrito, o en Cuixmala, “ni en lancha puedes llegar ya, te sacan los vigilantes a punta de rifles”, asegura un investigador de la Universidad de Guadalajara.

EN LA FOTO, LA ESCANDALOSA PRIVATIZACIÓN DE LA PLAYA DE TENACATITA, CON EL AVAL DEL EX GOBERNADOR EMILIO GONZÁLEZ MÁRQUEZ

“Ahorita El Tamarindo está controlado, tiene seguridad, y Espíritu Santo, que está adelante de Careyes; yo cuando fui de pescador fui a playa Paraíso, me dijeron, a ver qué traes, estás pescando, tienes ahí unas redes; fui con la ingenuidad de que cree uno que las playas son propiedad de la nación y se puede ir allá, me detuve a reparar mis cosas para la pesca, y con pistola en mano me dijeron: haga el favor de retirarse”, añade Trujillo Hernández.

En contraste con La Huerta, “los grandes playones existentes en los municipios de Tomatlán y de Cabo Corrientes aún no experimentan estas restricciones, sin embargo los desarrollos turísticos e inmobiliarios futuros podrían estar contemplando esta tendencia. En los Ordenamientos Ecológicos Locales vigentes de los municipios de Cabo Corrientes, de Tomatlán y de Cihuatlán, existen criterios ecológicos que en papel deben evitar que el acceso libre a la playa se restrinja. Sin embargo, los ayuntamientos deben ser los principales actores para impedirlo, ya que los desarrollos deben de presentar al ayuntamiento planes parciales de desarrollo urbano, en los cuales éste debe obligar a no restringir al acceso a las playas”, señala una tarjeta informativa sobre el tema elaborada por investigadores de la UdeG a solicitud de la federación de pescadores.

Según información pública de la delegación Jalisco de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), hasta 2009, 1,238 usuarios tenían el control sobre 280 kilómetros del litoral, 82 por ciento del espacio de las playas de Jalisco; la dependencia insiste en que se trata de terrenos sólo susceptibles de aprovechamientos concesionados, a condición de que se respete el carácter público. De 1,238 usuarios registrados, 819 pagaban derechos y 412 tenían concesión.

“Si de por sí los desarrollos que hay aquí como Careyes, con turismo europeo y toda la cosa, se han metido tanto para proteger, uno dice uno, bueno, está bien, está todo virgen para el desarrollo, pero la verdad ya se han tardado mucho […] no nos dejan entrar, ni a los pueblos crecer, y se oponían a que se hiciera la carretera porque nos decían que iba a venir más gente, que porque querían proyectos de baja densidad, o como del famoso aeropuerto, que pintaba muy bien, y está ahí todo parado”, señala Ariel Mendoza, presidente de la federación vecina, enclavada en Punta Pérula, de La Huerta.

Las playas “son bienes de dominio público de la Federación, inalienables e imprescriptibles”, dice el artículo 5 del Reglamento para el uso y aprovechamiento del mar territorial, vías navegables, playas, zona federal marítimo-terrestre y terrenos ganados al mar.



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Pescadores, dos crímenes no aclarados

El líder de las cooperativas pesqueras de la Costa Sur de Jalisco, Aureliano Sánchez Ruiz, fue asesinado la madrugada del miércoles 13 de julio en el poblado de Emiliano Zapata, de La Huerta, tras ser extraído a la fuerza por un grupo de desconocidos, la noche anterior. Los tres dirigentes de la cooperativa La Cruz de Loreto, en Tomatlán: José de Jesús Romero Quintero, Jorge Ruíz López y Rafael Espinoza Díaz, se encuentran desaparecidos desde el 24 de marzo de ese año, último día en que se les vio cuando acudieron a una reunión en la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades), en Guadalajara.

MILENIO JALISCO solicita información de estos asuntos en la Fiscalía General del estado, sucesora en competencias de la Procuraduría General de Justicia del estado. “Primero habría que encontrar al responsable de desaparecidos, que también suele andar desaparecido”, explica con sincero humor negro un funcionario consultado.

¿Existen averiguaciones previas, expedientes que hayan sido archivados, líneas de trabajo que se sigan? No hay respuestas, la transición de gobierno dejó perdidos muchos papeles.

Sánchez Ruiz presidía la cooperativa de la Ribera de Punta Pérula, y la federación que ahora encabeza Alejandro Trujillo; se había enfrentado con empresarios turísticos que pretendían la privatización de la zona donde sus socios extraían pescados y mariscos, además de ser uno de los críticos más sistemáticos del proceso de privatización de los bienes públicos del litoral.

“Yo tampoco entiendo por qué el gobierno les permite tener elementos de seguridad que no respetan los derechos de los pescadores, que obligadamente debemos ir porque es nuestra actividad; al grado que cuando ves a un uniformado, mejor te das la vuelta y te regresas”, señalaba irritado Sánchez Ruiz en entrevista con este diario, publicada el 11 de mayo de 2007. A los pescadores de la Cooperativa de Producción Pesquera de la Ribera de Punta Pérula (o Careyes) se les despojó de una concesión que tenían desde 2005, para utilizar 4,160 metros cuadrados de la playa de Careyes, lo cual los enfrentó con los intereses de la familia Brignone, a favor de los cuales se procedió a cancelar el documento. Después del asesinato, una de las líneas de investigación fue un presunto problema pasional, y no se indagó demasiado en la línea del enfrentamiento político.

Los socios de la cooperativa, que fueron desaparecidos, tuvieron enfrentamientos con el empresario de origen italiano Giuliano Gasparotto, administrador de El hotelito desconocido, en una disputa por la zona federal en el estero El Ermitaño.

Para estos dos caso, se abrieron las averiguaciones previas 42/2011, en la agencia 12 de desaparecidos, y la 887/2011 en su oficina regional de la Costa Sur, en Autlán, por el asesinato del dirigente de los pescadores, y de ambas no se sabe nada.