miércoles, 30 de noviembre de 2011

Carretera fallida, una promesa que sí empobrece


Los daños ambientales fueron mayúsculos, pero no la terminaron. Así, entre Talpa y Tomatlán hay una ruta que debía ser de pavimento y puentes sólidos desde hace un quinquenio, pero la obra quedó en el olvido, y sus habitantes siguen aislados

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO JALISCO, edición del 5 de noviembre de 2011

El huracán Jova sólo ha sido el último de los eventos naturales desastrosos, que sumados a los múltiples proyectos humanos frustrados, mantienen en la condena económica y social propia de las regiones en aislamiento a los moradores de la Sierra Madre del Sur, justo en la zona donde convergen dos de los mayores municipios de Jalisco: Talpa de Allende y Tomatlán.

En el fondo, el problema es un proyecto carretero que no se cumplió. Dicen que prometer no empobrece, pero los habitantes de la región saben que la verdad de una obra que no les hicieron es otra: comprar productos de consumo de 10 a 50 por ciento más caros; adquirir agua foránea en garrafones porque la maquinaria dañó los manantiales y se destruyeron acueductos y redes urbanas; malbaratar los productos del campo a los intermediarios porque el flete, en ocasiones, sale más caro que el valor de la mercancía; demorar desde tres horas hasta días completos para poder llegar a las cabeceras municipales a realizar las gestiones de rigor.

Esto, cuando en 2005 se les dijo que se integrarían a la modernidad con una carretera libre de 120 kilómetros que ligaría a la montañosa Talpa con la planicie costera de Tomatlán. El pavimento hoy luce lleno de baches en algunos pequeños segmentos del largo camino, devorado por el sol, comido por el agua y barrido por el viento. En el resto, la tierra y los socavones de toda la vida, a merced de las crecidas de las numerosas escorrentías.

“Siempre, sobre todo en las aguas, la carretera no sirve para nada, ni siquiera para emergencias, ningún taxi o camión puede salir de esta zona, nos tienen en total abandono”, se queja amargamente doña Francisca Aréchiga Rodríguez, habitante de Llano Grande, un pueblo de tierra caliente y tristes memorias en el corazón de la demarcación.

Don Efrén García Pérez, propietario del rancho La Loma, una plantación frutícola a la orilla de uno de los afluentes del río San Nicolás, enumera los pasos que terminan cerrados por la abundancia del agua en el temporal: el río Grande (San Nicolás), La Loma, El Saucillo, Palmillas, Los Horcones, Macote, El Salado, El Terrero, Llano del Toro, El Limón, La Palomita, El Gacho y Teocinte. Si se logran trasponer estos trece desafíos, se cubren 64 kilómetros y se llega a Tomatlán.

“Todo eso se necesita de puentes, y apenas hicieron uno en el río Grande; la verdad, no sale producir y sacar a vender los productos, los intermediarios me pagan aquí en Llano Grande a 16 pesos el kilo de toro, allá lo pagan a 20 pesos, entonces, con lo que cuesta el flete, mejor se los dejas a ellos”, refiere el anciano. “La cosa se arregla con que nos ayuden con la carretera, pero creo que me voy a morir y no la voy a ver”, secunda entre risas doña Margarita Delgadillo.

Dicen los de Llano Grande que el suyo es un pueblo de criticones. Entre ellos mismos se culpan por la excesiva liberalidad de sus opiniones respecto a problemas como la basura, las inundaciones y las viviendas —40 por ciento de quienes habitan este pueblo insolado y húmedo no son dueños de su morada—, los servicios de salud —cada cual cuenta como le va en la feria y un doctor pasante es objeto de sus polémicas: “Por eso no duran los médicos”, ataca Pedro, el Kalimán—, las escuelas, la falta de tendido eléctrico, los terrenos escasos y la ausencia casi total de teléfonos.

Esto en parte se explica por el origen diverso de sus moradores, muchos de ellos, colonos con apenas dos o tres generaciones en el área; también, por la desesperación natural de no tener formas decorosas de sobrevivir ante la quiebra de los negocios agrícolas y ganaderos. Muchos se van de peones o jornaleros hacia la costa, a Talpa o a la capital del estado, y no pocos residen en Estados Unidos. “No hay aquí ni de qué morirse”, señala irónica Margarita.

La carretera comenzó en 2004, y trascendió hacia un escándalo internacional por la violación de leyes ambientales que derivaron en la destrucción de parte del valioso patrimonio natural de la zona, por parte de la administración estatal de Francisco Ramírez Acuña, bajo el patrocinio directo de su secretario de Desarrollo Urbano, Claudio Sáinz David.

Estas violaciones, claramente documentadas por Público-MILENIO durante 2005, derivaron en diversas clausuras que no contuvieron el daño, ante la insistencia del gobierno del estado en no responder o en minimizarlos. Así, en marzo de 2007, se entregó a la siguiente Administración estatal un trazo carretero casi completamente abierto entre bosques de niebla y selvas medianas, pero con menos de 20 kilómetros pavimentados.

También se arrastraba un largo expediente de daños ecológicos y sociales: la destrucción de los bosques cercanos a la floresta de arce de la Cañada del Cuervo, uno de los ecosistemas más importantes del occidente mexicano; la eliminación de individuos de al menos cuatro decenas de especies vegetales en peligro de extinción; el corte de corredores de fauna en riesgo como el jaguar o el puma; el daño de manantiales y la pérdida de calidad de su agua; el desvío de las corrientes y las inundaciones continuas de algunos caseríos; la destrucción del viejo camino y la permanente incomunicación.

Así, hacia la sierra, al este, desde estas llanuras ardientes, los problemas no son menores: La Cuesta, Santa Lucía, La Concepción y decenas de rancherías viven igualmente expuestas a la lenta comunicación y a la eventualidad de su corte por algún evento de agua y viento.

En La Cuesta tienen cinco años de pelear con los poderes municipales y estatales, con resultados mediocres: “La máquina que metieron borró muchos de los manantiales y nos dejaron sin agua, además de que no cumplieron en la Sedeur muchísimas promesas”, advierte Ismael Zepeda, ex comisariado ejidal. Algo se hizo cuando se les subió la toma de agua y se tendieron casi siete kilómetros de acueducto, pero tan mal hecho, que los 500 metros que pasan por la zona del río, se destruyen con las crecidas: “Esta vez es la segunda que debimos repararlo este año, por Jova”, explica José de Jesús Torres Arreola, presidente del Comité de Agua de la delegación.

Y además, es una obra incompleta: se requiere ligar los dos tanques grandes, por lo que apenas abastece a un tercio de las casas. Si a esto se agrega que la red original cumplirá 40 años, una obra completa demanda, por lo menos, seis o siete millones de pesos.

Pero se trata de algunos puñados de miles de jaliscienses perdidos entre la sierra y el mar. Pocos votos para la política, pocas monedas para los mercados: así, aunque las promesas sí empobrecen, el sistema se cura con el generoso antídoto del olvido.


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Claves

Descripción

•Plan municipal de desarrollo de Tomatlán, 2010

•“En Llano Grande en algunas partes como Cacaluta y San Felipe Llano Grande tienen hasta dos cosechas por año, ya que cuentan con una unidad de riego, que ellos mismos construyeron aprovechando el agua del río San Nicolás, existen también personas que sacan dos cosechas a orilla del río. En esta región es común que los jóvenes en edad de trabajar emigren principalmente hacia Puerto Vallarta y Estados Unidos por la falta de empleo en su región”

•“El gran problema ha sido la falta de la infraestructura carretera que una Tomatlán, Llano Grande y Talpa, y así hasta Guadalajara, existe potencial agrícola que no se aprovecha al máximo en otro tipo de cultivos como hortalizas y frutales, porque el producto al salir a carretera ya llega muy golpeado y demerita su valor...”

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Costumbres que da el calor

Don Manuel Castillo Estrella nació en tierras frías: Tenamaxtlán, cerca de la sierra de Quila, a 110 kilómetros de Guadalajara. Ya rebasó 85 años de edad, y por vida recorrida, es de lejos más hijo de la lejana costa de calores y alacranes: sus primeras imágenes son mucho monte, historias de tigres y caimanes, caminos de herradura con caminatas eternas, un caserío de tres viviendas y lluvias apocalípticas entre ríos desbordados.

“Me vine a vivir por mis abuelitos, a los dos años, nos trajeron a sembrar y criar animales, recuerdo que se hablaba mucho de leones y tigres que mataban porque eran peligrosos; los hombres que fundaron esta comunidad, este ejido, ya no existen; con decirle que tenía cinco hermanos y nomás quedo yo...”.

Su memoria también remite a un nombre del pasado: don Pancho Acosta, “que era ricazo y ayudaba a la pobrería de aquí; él era comprador de puercos, puercos gordos que la gente llevaba a Talpa y de ahí, hasta Guadalajara, era como una hacienda [...], mi padre quedó en Tenamaxtlán, pero me crié con mis abuelitos en un rancho de aquí cerca que se llama El Limón; a Llano Grande llegamos cuando yo estaba por cumplir los 20 años”.

Don Manuel no ha dejado de ser agricultor, y presume que a esta avanzada edad, mantiene “un coamilito de cinco medidas”. Se casó hace 45, con una mujer de nombre Petra García Pérez, doce años menor, nativa de La Vainilla, de este mismo municipio de Tomatlán.

Doña Petra insiste en la gran desgracia de la falta de la carretera. Lo mejor que puede pasar es, una vez acabadas las lluvias, que entre la máquina y el camino quede pasable.

—¿Siempre se han sentido ignorados por el Ayuntamiento de Tomatlán?

—Siempre. Un padre que se llama Javier, después de misa viene y nos dice, “¿qué se ganan con proponer si no les dan nada?, los tienen aquí abandonados”; de Talpa siempre viene más ayuda, pero de Tomatlán, el padre dice que nos ven como chiquillos, y es cierto, nomás prometen y no cumplen.

La pareja recuerda que los mejores años de Llano Grande fueron después de los cincuenta del siglo pasado, cuando parecía llegar la modernidad, con tractores en vez de yuntas, y camiones con ayuda del gobierno por las brechas de los arrieros. Fue un espejismo. Entre los setenta y ochenta, la zona fue refugio de personas al margen de la ley, e incluso, se vivió por algún tiempo la férula de criminales que asolaron la comarca.

Hoy está en paz, tan en paz, que se mueren de aburrimiento, pero estos ancianos son felices entre calores y llamadas a misa. Aún así, intentaron migrar a Tenamaxtlán: “Fuimos ya grandes a sembrar allá, pero nos fue mal... no nos gusta el frío”.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Zapopan denunciará penalmente por descargas de Villa


El ayuntamiento interpondrá recursos por las vías penal y ambiental por la contaminación de aguas negras. Municipio desmiente al Copag: sí vertieron aguas negras sin tratamiento. El organismo había señalado que estaban tratadas y no había daño a ecosistemas

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 4 de noviembre de 2011

Aguas negras o aguas tratadas. Esta disyuntiva generó ayer la polémica entre el Comité Organizador de los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011 (Copag) y el Ayuntamiento de Zapopan, sobre los vertidos a cielo abierto en un predio anexo a la Villa Panamericana durante los días de la justa.

Para la autoridad municipal, la violación es tan clara, que habrá denuncias penales y ambientales. Pero el Copag insiste en que fue agua tratada y no hay materia de violación o delito.

Un día después de que Zapopan confirmara la contaminación provocada por dos plantas de tratamiento colapsadas por los desechos domésticos de siete mil ocupantes del inmueble panamericano, los cuales se fueron crudos a siete socavones abiertos en la zona adyacente, anomalía detectada el 23 de octubre por personal del municipio; el director de Infraestructura Deportiva del Copag, Hugo Rodríguez, aseguró que ni hubo contaminación considerable, y ni siquiera se pasó de una “clausura simbólica”.

Entrevistado ayer a mediodía, admitió que hubo un problema con la planta de tratamiento como efecto de una lluvia previa con granizada, pero los vertidos fueron de “aguas tratadas con calidad de riego”, lo cual es muy diferente a las aguas con heces. A la planta de tratamiento del complejo se agregó una planta auxiliar ante la gran generación de residuos prevista, pero que se rebasó el volumen previsto para verter las aguas tratadas y esto obligó al vertido directo a las fosas, añadió.

Insistió en que por ser de calidad de riego, son aguas que ya van depuradas, pero por seguridad, Zapopan hizo observaciones y realizó una “clausura simbólica”, pero nunca dejaron de funcionar las plantas de tratamiento.

“A mí me extraña mucho este debate sobre algo que ya fue resuelto y no está ocasionando ningún problema”, destacó.

La autoridad municipal tendrá en unas horas el resultado de las muestras levantadas en la zona, con lo cual, será sencillo determinar si son aguas tratadas o no: la calidad del agua para riego es muy superior a la de las aguas crudas en parámetros como coliformes, sólidos suspendidos, demanda bioquímica y química de oxígeno, según lo establecen la norma oficial mexicana 001-Semarnat y la Ley Federal de Derechos.




El Ayuntamiento de Zapopan respondió ayer al filo de la noche que presentará denuncias penales y ambientales por los daños ocasionados con aguas negras al acuífero de El Bajío del Arenal.

Sí fueron aguas negras y no fue “clausura simbólica”, ratificó. “Las plantas de tratamiento siguen clausuradas y los sellos no han sido retirados por la autoridad municipal. Existe el acta número 175520, de la Dirección General de Inspección de Reglamentos, de fecha 24 de octubre de 2011, en la que se establece que se procede a la clausura temporal y/o parcial de la planta de tratamiento, así como el área de cisternas y/o captación de aguas residuales, colocándose los sellos de clausura folios 76528, 77892, 77,893 y 77,894”, explicó en un comunicado.

Además, “existe la orden de visita folio 005 de la Dirección General de Ecología, que fue recibida por el Sr. Román Ruiz, coordinador de Seguridad del Comité Organizador de los Juegos Panamericanos de Guadalajara”, hechos de los que “dio fe el notario público número 4 de Guadalajara, Dionisio Flores Águila, quien asentó en su acta las descargas a cielo abierto de las aguas sanitarias de la Villa Panamericana y residuales del área de cocina, el levantamiento de muestras que fueron enviadas a un laboratorio de la Universidad de Guadalajara para su análisis”.

Así, añade el documento, “debido a que era necesario realizar las adecuaciones necesarias para evitar una contaminación mayor al área afectada, así como el riesgo inminente a la salud pública, no se acordonó el área de las plantas de tratamiento con el objeto de que a través de equipos especializados para la extracción de sólidos, fueran retiradas las aguas sanitarias y residuales, mismas que siguen clausuradas y no podrán ser utilizadas hasta que no sean reparadas y verificadas por la autoridad municipal”.

El ayuntamiento rebate que “jurídicamente no existe clausura simbólica, por lo tanto el Ayuntamiento de Zapopan ratifica que las plantas de tratamiento siguen clausuradas y los sellos no serán retirados hasta que se normalice la situación y se corrijan las anomalías técnicas y operativas de dichas plantas. Si hubiera una violación al estado de clausura, esto constituye un delito tipificado en el Código Penal del Estado de Jalisco”.

La entidad que reconoció no tener suficiente información fue la Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente (Proepa), instancia que estaba obligada a mantener un inspector y exigirle reportes de anomalías.

El residente ambiental de la Villa Panamericana, Justo Osorno, nunca informó de problemas con las plantas de tratamiento de aguas residuales, ni siquiera en su reporte final entregado el 31 de octubre a la Secretaría de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades), una semana después de los hechos; tampoco lo hizo el inspector que la dependencia estatal tenía de forma constante en el complejo habitacional, aceptó el procurador, Fernando Montes de Oca.

“Lo que le puedo garantizar es la profesionalidad del arquitecto Justo Osorno y el trabajo que realizó fue un trabajo muy completo [...], él lo entrega el viernes [su informe cuatrimestral de actividades de verificación], yo lo leí, no venía ningún comentario de este suceso”.

Dijo que entonces le pidió directamente a Justo Osorno un informe final de cuál fue su apreciación y su participación en este evento, que entregaría a la Proepa la tarde de este jueves.

“Tengo que checar yo la actuación de mi inspector y porqué en su momento ese condicionante no fue debidamente verificado”, puntualizó.

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El mayor daño, al acuífero

••• El daño mayor de las descargas de heces y desechos de la Villa Panamericana será aguas abajo, es decir, a la zona de recarga de agua y su recorrido hacia los manantiales de la cuenca del arroyo Atemajac, que dan el recurso a unas quince mil viviendas en la zona metropolitana de Guadalajara, subrayó el director del bosque La Primavera, José Luis Gámez Valdivia.

“Parece que definitivamente esta contaminación no se ha vertido al interior del polígono del bosque, está afuera, en la zona de El Bajío, y la preocupación de la sociedad deberá ser que esa contaminación no llegue a los mantos freáticos y se evite contaminar el agua de uso humano”, puso en relieve el funcionario.

Destacó que ya hay personal del bosque georreferenciando en las siete pozas que se abrieron ilegalmente para recibir los vertidos contaminados, y que es tarea de dependencias estatales y municipales remediar el efecto nocivo. “Afortunadamente se detectó a tiempo y es posible que se logre extraer casi todo el material, para evitar que logre afectar en mayor medida los mantos del subsuelo; la preocupación es que por ser zona de alta permeabilidad, el acuífero absorbe todo rápido, de ahí la necesidad de actuar pronto”, enfatizó.

Añadió que permanecerán vigilantes de que no se generen procesos que alteren el bosque, y que apoyarán los trabajos de otras dependencias en caso de ser requeridos.

Pasaje a la necrópolis del oriente


Día de Muertos entre 250 mil vivos en el Panteón Guadalajara, con los festejos y llantos de la Guadalajara popular


Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 3 de noviembre de 2011

Necrópolis quiere decir, en griego, “ciudad de muertos”. El panteón Guadalajara, que alguna vez se denominó “nuevo”, comenzó a operar en 1952 y es sin duda una de las grandes necrópolis del país, con 24 hectáreas de superficie en las que acumula cientos de miles de fallecidos que ayer fueron recordados por 250 mil vivos.

Este cementerio está enclavado en el corazón del oriente de la metrópoli, esa zona que suele mantenerse al margen de los grandes sucesos —el último, los Juegos Panamericanos— pero que es fuente donde abreva la plural y cambiante identidad de la Perla Tapatía.

El día de los fieles difuntos es aquí un jolgorio de colores, estados de ánimo y mercancías para el alma y el cuerpo: las calles aledañas, San Ignacio, Igualdad, Abundancia, están llenas de puestos que ofrecen música ya olvidada —la disco de los setenta— o imperiosamente actual, como las distintas versiones del norteño; elotes, helados, mariscos, tacos sudados; ropa pirata, imágenes de vírgenes y santos, cachuchas, agua embotellada; golosinas y juegos mecánicos para los niños aburridos de la rara solemnidad de sus mayores en los caminos del camposanto.

Adentrados en éste, se aprietan los viandantes por la calle principal; los bomberos, paramédicos y policías observan el río de humanidad; el director de cementerios, Samuel Zamora Vázquez, señala con orgullo la tranquilidad de la jornada; chalanes de todas las edades ofrecen agua, flores, escobas y sudor para limpiar criptas empolvadas por 54 semanas de olvido, y corren de un lado a otro como espíritus chocarreros.

“Yo creo que todos los días deberían ser Día de Muertos, porque nuestros seres queridos los recordamos siempre; yo trabajo aquí, gano unos pesos por ayudar a la gente a limpiar y adornar sus tumbas, y además visito a mi papá, a mi mamá, a mis cuatro hermanos, todos están aquí”, señala doña María de los Ángeles Olivares, que junto con sus hijos menores ofrecen refrescar los túmulos funerarios por unas monedas.

La tristeza y la alegría se mezclan entre los callejones de nombres sombríos, fuertemente improntados por la imaginería del catolicismo romano: calzada de los Muertos, calzada de Todos los Santos, San Daniel, San Gabriel. Los muertos beben cerveza o Coca Cola, escuchan los melancólicos acordes de “tres tumbas” mientras la señora treintona de cabellos amarillos de artificio se sienta resignada en silencio y los hijos le urgen que deje en paz a Panchito, que sólo vivió dos años; a Juana Ramírez, que nació en 1938 y acaba de partir, y a María de Jesús González de López, que nació en 1932 y partió al reino de los muertos en 1994, las tres tumbas que parecen dolerle todavía.

Otros muertos visten en sus lápidas la casaca de las Chivas o el Atlas, tienen cirios encendidos como la canción que solía cantar Javier Solís y que se escucha a lo lejos, perdida en esta república normalmente silenciosa; algunos difuntos tienen mausoleos, o planchas de granito, o monumentos de cemento rústico o simples alojamientos de tierra con cruces de madera, como perpetuación de la división de clases que se supone, el camposanto exorciza. Parece que no.

“Nosotros venimos desde hace diez años a ver a una hermana que se nos fue”, explica Juana Gutiérrez; dice que también se da la vuelta el día de cumpleaños de su consaguínea junto con su madre, doña Guadalupe Velasco Palomera. La muerte le asusta, pero a la progenitora, que tiene más de 84 años, le parece ya que es una condición natural de la vida. “A mi edad esas cosas se ven como muy normales”, añade sentenciosa.

Es Día de Muertos, la necrópolis y los vivos en breve maridaje.

El daño mayor, al acuífero, opina experto


Sabían lo que pasaría con las descargas, dice Arturo Gleason. Si se tolera la urbanización en El Bajío, la zona colapsará, advierte

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 3 de noviembre de 2011

La sorpresiva noticia de que se contaminó la cuenca de El Bajío del Arenal con las aguas residuales de la Villa Panamericana, ocasionó estupor en el consultor en aguas subterráneas e investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG) Arturo Gleason Espíndola, uno de los principales críticos del proyecto panamericano.

“Creo que se ve lo que se esperaba, hablamos que es una cuenca endorreica, o prácticamente cerrada, y todo va a dar al centro [del valle], donde hay poca pendiente para desalojar el agua residual, y era lógico, representaba un gran riesgo [...] a sabiendas de lo que se dijo todo el tiempo, que esta zona era zona de recarga, no se tomó en cuenta y brutalmente se arrojaron estos volúmenes de agua residual al suelo, no esperaba tal agravio, meter agua impunemente al subsuelo me hace pensar que no hay ni la más remota idea del cuidado al medio ambiente de quienes gestionaron ese lugar”, dijo, en entrevista con este diario.

—¿Qué consecuencias puede traer esto? Es muy probable que parte de esta agua se haya ido ya al subsuelo...

—Por supuesto, es obvio, evidentemente se rompió toda normatividad, que ya de antemano estaba violada por poner las villas ahí, en una zona que no es apta para urbanizarse; pero en la cuestión de zona de recarga y de la calidad del agua, está violentado todo, ese lugar ya es sabido que es un área de alimentación de agua al acuífero de Atemajac, el principal de la ciudad, que ahora indudablemente va a estar contaminado, es algo aberrante...

—¿Qué es lo que se puede hacer para ponerle remedio?

—Primeramente hay que parar la fuente de contaminación; y de lo que quede ahí, hacer una evaluación del daño, hasta dónde llega el flujo, hasta dónde se ha filtrado en el acuífero; quizás no estemos hablando de que haya recorrido grandes distancias porque es muy reciente, y todavía estemos a tiempo de hacer una restauración [...] luego habrá que establecer las estrategias de protección, si me dijeran qué se tiene que hacer, pues que nadie se meta ahí, que esas villas se salieran, que es lo que técnica y científicamente se tiene que hacer, aunque políticamente y económicamente representa un gran costo […]. Dado el peso de esos dos factores, yo puedo afirmar que hay que detener la urbanización, hacer un proyecto de restauración del sitio, y establecer las estrategias de saneamiento y del manejo de aguas pluviales [...] si persisten las autoridades en urbanizar ahí, no solamente van a ser esas pequeñas infiltraciones, sino que van a ser grandes infiltraciones en esos espacios que quedaran de agua permeable, más aparte las inundaciones; esto se ve venir en poco tiempo, si no se para...

—¿Poner plantas de tratamiento con cierta capacidad resolvería técnicamente el problema?

—Pues por un momento, sí; lo deseable, insisto, sería sacar las villas, pero si persistieran en dejarlas, pues sería poner estas plantas, pero si va a seguir la urbanización, no va a haber planta de tratamiento que limpie toda esa agua y acabe el problema.

Día de Muertos, un homenaje contra el olvido

Desde ayer llegan fieles y devotos a los panteones de la zona metropolitana para visitar a sus difuntos. Mezquitán, el cementerio “vivo” más antiguo de la ciudad; hay 41 camposantos que recibirán 1.5 millones de personas este día

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 2 de noviembre de 2011

Dicen que la cultura nació cuando los humanos comenzaron a honrar a sus muertos, hace decenas de miles de años. Mucho después, se pensó que la muerte era pasaje para otra vida. Doña Azucena Segura, vendedora de flores fúnebres a la entrada de la necrópolis de Mezquitán, así lo entiende: “Yo hace como 24 años ayudé a un alma en pena a irse... aquí en este mero panteón”, dice de quedito, mientras su patrona Blanca, que la ha sorprendido en sus “confesiones”, la fustiga por mentirosa, y le pide que ya se ocupe en arreglar los ramos de cempasúchil que demandan los presurosos parroquianos.

Es la gran visita anual a los camposantos, tras un largo año de olvido. Ayer fue el Día de Todos los Santos, pero la gente comenzó a llegar a este vasto cementerio que cumple ya 115 años abierto, y alberga a más de 400 mil “durmientes” (si uno se atiene al significado original de la palabra griega), pocos relativamente, pues es la principal ciudad de muertos de la urbe, que ha vivido por casi 470 años.

Mezquitán y el 2 de noviembre son el lugar y la ocasión perfecta para que Mónica Yazmín Silva Bravo y sus hermanas, todas güeras y oriundas de Balcones de la Cantera, en Zapopan, se ganen unos pesos por llevar baldes y escobas, acomodar flores y limpiar tumbas que son espectáculo de la desmemoria: “Me dan lo que sea, de 20 a 50 pesos, siempre hay trabajo”, explica con timidez, mientras muchos chiquillos más corren por los pasajes del panteón y fabrican imágenes de extraña alegría y despreocupación que contrastan con los túmulos severos y las miradas serias, algunas apesadumbradas, de visitantes con luto ostensible.

Pero los viejos son los que tienen la visión más serena: “Morir es algo muy natural, cómo no voy a verlo así, ya he pasado por tres infartos y aquí sigo”, dice don Ezequiel Gómez. “Pero cuando te están dando los ataques te ves muy asustado”, repone su mujer, lo que arranca risillas del hombre de 76 años, y el reconocimiento de que es su esposa quien se ocupa de mantenerlo más tiempo entre los vivos.

Su mujer trae unas “lluvias”, flores que le encantaban a su suegra, que duerme desde hace más de 20 años bajo su fría lápida de granito, recientemente saqueada: “Hay que temerles a los vivos”, decía la abuela. “Nos aseguraron que atraparon a los ladrones, no hay que temer”, añade el anciano.

Matilda Covarrubias, de Chiquilistlán, ha acudido a visitar a su hermana, que era religiosa. Señala que se debe aceptar la muerte “porque es lo que Dios quiere”. No hay muchas voces escépticas en ese lento transcurrir por los caminos y veredas del cementerio, pero algunas mujeres vestidas de forma artificiosa, con ropa oscura como la nada y maquillaje sombrío como los aparecidos, se tomaron fotos entre ángeles y rejas, en homenaje a una visión moderna en que se muere simplemente para desaparecer.

Ayer, los visitantes se contaron apenas por cientos y sumaron a la larga unos puñados de miles, entre vendedores de flores y limpiadores de tumbas, mientras en las zonas aledañas se presentaban problemas de vialidad. Hoy se pretende recibir millón y medio de personas en los 41 camposantos citadinos.

Pasado mañana será de nuevo el olvido. Azucena seguirá contando a los desocupados su historia de aparecidos: “Yo no sé su nombre, no me lo dijo; ni el de la familia, sólo me dio el domicilio y les dije que lo ayudaran a pagar la deuda para que dejara de penar”, se justifica; siempre regañada por su jefa, que no la baja de embustera.

La muerte como tránsito o como acabamiento. Pero en los panteones civiles, sólo resucita una vez al año.

Seguro de Jova, con deducible de 10 millones de dólares



En el gobierno se le temen más a los terremotos, aunque daños por agua son más frecuentes en el estado; de este modo, la póliza contratada por Jalisco contra catástrofes ampara hasta 130 mdd de daños geológicos, pero apenas 20 mdd en hidrometeorológicos

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 1 de noviembre de 2011

El gobierno de Jalisco asegura que la entidad está más expuesta a daños geológicos —terremotos, hundimientos, erupciones volcánicas — que a desastres meteorológicos —lluvias intensas, inundaciones, huracanes o tormentas—, por lo cual, la póliza de seguro para desastres que se contrató con Inbursa a comienzos del año, mediante el pago de diez millones de dólares, sólo cubre 250 millones de pesos de los problemas ocasionados por Jova en la costa.

Si hubiera sido un terremoto o una erupción, la cobertura máxima sería de unos 130 millones de dólares (unos 1,700 millones de pesos); pero como fue un huracán, la póliza establece que sólo se cubren daños por casi 20 millones de dólares (alrededor de 250 millones de pesos) para un fenómeno de esta naturaleza, aclaró ayer el secretario de Administración, Ricardo Serrano Leyzaola.

En conferencia de prensa, el funcionario hizo una segunda precisión: para el pago de la cantidad asegurada se requiere entregar un deducible de diez millones de dólares, pero ello no mermará la cantidad a recibir: es decir, en realidad se recibirían alrededor de 30 millones de dólares, pero se quita el deducible y queda la cifra en cerca de 20 millones.

¿Por qué se prefirió reforzar a Jalisco ante riesgos geológicos antes que ante los hidrometeorológicos, que son más frecuentes? Para Serrano Leyzaola, esos datos fueron analizados con la Unidad Estatal de Protección Civil, y con esa instancia se determinó que en caso de sismo, la entidad es la segunda del país que está más expuesta a sufrir daños severos; en contraste, el secretario asegura que en cuatro años y medio del gobierno de Emilio González Márquez, sólo se han debido erogar alrededor de 190 millones de pesos en reparación de daños por agua. “Nos fuimos a la historia y desde 2003 hasta la fecha nos hemos gastado menos de 300 millones de pesos, y en este gobierno menos de 190 millones de pesos, en el tema de desastres hidrometeorológicos”, insistió. No obstante, los datos totales de daños hidrometeorológicos son mucho más altos, como se puede apreciar en el recuadro anexo.

El funcionario vio el lado positivo del asunto: el recurso que entregará Inbursa sirve para absorber alrededor de 25 por ciento de los daños generados por Jova, mientras que el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) aportaría otro 75 por ciento. Sin embargo, resulta que esa suma en realidad apenas amortigua la mitad de los problemas (los daños en el estado se valuaron en unos dos mil millones de pesos), razón por la cual se ha pedido el crédito de 950 millones de pesos.

La directora de programación y presupuesto de la Secretaría de Finanzas, María Elena Cruz Muñoz, destacó que la calificación crediticia del estado se mantiene en buen nivel, que el empréstito no es ni de 2 por ciento del presupuesto de gastos del Ejecutivo, y que hay una serie de daños a la red de caminos y vialidades primarias, la infraestructura agrícola, las viviendas y su menaje que tendrían que ser cubiertos con dinero del estado.

De hecho, de ese débito, ya se adeudan 100 millones de pesos que fueron obtenidos como “crédito puente” para comenzar a atender los daños severos que dejó el meteoro a su paso por la costa del estado, los días 11 y 12 de octubre de 2011.

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40 mdp, daños en escuelas

••• Ya se cuantificaron los daños en escuelas y mobiliario que dejó el huracán Jova en municipios de la Costa Sur. El secretario de Educación Jalisco, Antonio Gloria Morales, reportó que se trata de 20 planteles que sufrieron afectaciones en parte de su estructura o perdieron computadoras, mesabancos o escritorios. El monto económico de los daños es de entre 35 y 40 millones de pesos, pues hay algunos edificios o bardas perimetrales que tendrán que ser reconstruidos en forma total. El recuento de daños lo hizo el Comité Administrador del Programa Estatal de Construcción de Escuelas (CAPECE), que recorrió los municipios de Cihuatlán, Casimiro Castillo, La Huerta, Tomatlán y El Tuito

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Claves

Agua daña más

• Los desastres hidrometeorológicos son los mayores que padece históricamente el estado de Jalisco, y generan tan sólo en la zona metropolitana de Guadalajara, daños anuales por 600 millones de pesos y pérdidas de vidas humanas, según la información del SIAPA y de la Comisión Estatal del Agua.

• En promedio, cada año se dan impactos negativos sobre 2,800 viviendas y 650 establecimientos comerciales; se pierden 35 automóviles y 440 mil horas-hombre.

• El Plan Nacional de Desastres de la Segob señala que 50% de los jaliscienses está en riesgo por lluvias: entra a tierra un huracán violento cada cinco años; tras Veracruz y Sonora, es el estado con más inundaciones desde 1950, y con más presas riesgosas, con 108 embalses.

• Un breve recuento de grandes desastres por lluvias en Jalisco: 1955, un alud que entierra al poblado de Atenquique y provoca más de una docena de víctimas; 1959, ciclón pega en Manzanillo y Cihuatlán, 1,500 muertos; 1968, huracán Naomi ocasiona severas inundaciones en la costa y en Guadalajara.

• 1991-1992, lluvias constantes sobre la región de Autlán destruyen la horticultura local; 1997, alud y una tromba ocasionan 1,200 damnificados en Jocotepec; 1999, la tormenta tropical Greg provoca más de quince mil habitantes aislados, puentes colapsados en la carretera costera y miles de hectáreas agrícolas anegadas.

• 2002. El huracán Kenna destruye infraestructura en Puerto Vallarta por 330 millones de pesos y desmonta miles de hectáreas en las sierras contiguas. 2003, lluvias intensas y urbanización caótica generan grandes inundaciones en Tototlán, Tepatitlán, Atotonilco y Ayotlán, con miles de damnificados y el desbordamiento del río Zula; 2004, enormes inundaciones en el valle de Tlajomulco; 2011, Jova.

• Terremotos más importantes: 1985, se destruye un tercio de Zapotlán y medio Gómez Farías; 1995, asuela la costa de Jalisco; 2002, Zapotitlán y Tolimán, con daños severos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Tomatlán: la gran omisión en dictamen


El tercer municipio afectado por el huracán. Entre hoy y mañana se publica la declaratoria; se espera que se corrija el error

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 28 de octubre de 2011

La declaratoria de desastre está en proceso de darse a favor de 37 municipios de la entidad por el paso del huracán Jova, con una grave omisión: el municipio de Tomatlán, el tercero que vivió de forma más cercana los impactos del meteoro la madrugada del 12 de octubre, e incluso pagó con dos vidas en la parte sur del que constituye el tercer municipio, por tamaño, de la entidad, equivalente por sí solo a 50 por ciento de la superficie total del estado de Colima.

No obstante, esa omisión espera ser reparada y que en la declaratoria de hoy o mañana ya se haya resarcido la ausencia, ante los datos que pretende hacer valer el gobierno de Jalisco para dar paso al documento que abre franco el apoyo federal para el rescate y restauración de las regiones asoladas por el agua y el viento de ese huracán que devino, al tocar tierra, en tormenta tropical.

El pasado lunes, a las 17:00 horas, se abrió el trabajo del Comité de Evaluación de Daños, en el seno del cual se discute la declaratoria una vez que se validaron los datos: el gobierno de Jalisco propuso 52 municipios, la Comisión Nacional del Agua avaló el caso de 37 municipios, y eso tenderá a ampliar la declaratoria de emergencia, vigente, de sólo trece demarcaciones.

Los municipios que incluyen la declaratoria de desastres a publicar son: Amacueca, Atemajac de Brizuela, Atengo, Atenguillo, Autlán, Ayutla, Casimiro Castillo, Chiquilistlán, Cihuatlán, Cuautitlán de García Barragán, Cuautla, Ejutla, El Grullo, El Limón, Gómez Farías, Jilotlán de los Dolores, La Huerta, Mascota, Pihuamo, San Gabriel, San Sebastián del Oeste, Sayula, Talpa, Tamazula, Tapalpa, Tecalitlán, Techaluta, Tecolotlán, Tenamaxtlán, Tlajomulco, Tolimán, Tonaya, Unión de Tula, Villa Purificación, Zacoalco, Zapotiltic y Zapotlán el Grande, a la que se espera adjuntar a Tomatlán.