miércoles, 8 de junio de 2011

Selvas costeras de Jalisco, las más arrasadas




Pese a su gran importancia, los ecosistemas tropicales secos son poco valorados; un tercio de éstos se han perdido en pocas décadas en el litoral jalisciense, revela estudio de la UdeG

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO

Un tercio de las selvas bajas y medianas que poblaban la costa de Jalisco en cuatro municipios del litoral —hace 40 años—, han desaparecido.

Las que quedan están fuertemente fragmentadas y padecen el acoso permanente de las actividades humanas, de manera que no son el espacio óptimo para la supervivencia de muchas de sus valiosas especies, concluye un análisis que el Departamento de Estudios para el Desarrollo Sustentable de Zonas Costeras de la Universidad de Guadalajara hizo a solicitud de este diario.

El motor de cambio han sido las actividades agrícola y ganadera, que mantienen una impresionante dinámica que no ha podido ser controlada por ningún ámbito de gobierno. 210 mil de 634 mil hectáreas que han sido estudiadas por el departamento del Centro Universitario de la Costa Sur (ver gráfico anexo), dejaron así de ser selva.

“Las actividades ganaderas y agrícolas son los dos principales generadores de cambio de uso del suelo, ya que sumados representan casi 33 por ciento de la deforestación en el área de estudio, y contrario a lo que se pudiera pensar, dado el efecto mediático que se les brinda, los desarrollos turísticos de la costa son culpables del 0.04 por ciento de la deforestación total”, apunta el jefe del departamento, Francisco de Asís Silva Bátiz.

Entre los efectos, además de la desaparición de ecosistemas completos, preocupa la fragmentación. “Esta fragmentación afecta de manera negativa a la biodiversidad, al funcionamiento de los ecosistemas, a procesos biológicos y ecológicos esenciales para la sobrevivencia de numerosas especies vegetales y animales”, pues propicia aislamiento e incomunicación genética que es vital para muchas especies, sobre todo los mamíferos como el jaguar.

“No sólo la extensión total de las coberturas de selvas y bosques es de importancia, sino que también la calidad de esas coberturas igual de importante, es decir, el grado de fragmentación de las mismas; lo anterior no puede ser estudiado o evaluado a través de los datos de la Conafor, es necesario realizar estudios con mayor precisión para conocer los efectos de la disminución de la cobertura y de la fragmentación de la misma sobre la biodiversidad y los ecosistemas”, añade el científico.

El trabajo fue elaborado durante el último año en el marco de los ordenamientos ecológicos territoriales de los municipios de Cihuatlán, La Huerta, Tomatlán y Cabo Corrientes, que fueron encargados por los ayuntamientos respectivos y las instancias federales y estatales de medio ambiente a la UdeG.

“Dos municipios presentan la mayor pérdida de cobertura vegetal natural y mayor fragmentación de la misma, La Huerta y Tomatlán. En el mapa se pueden observar los grandes valles agrícolas de Tomatlán, Cihuatlán y La Huerta, los cuales fueron alguna vez cubiertos por selvas bajas y medianas. En La Huerta se puede observar cómo la reserva de biosfera de Chamela-Cuixmala está quedando aislada por procesos de deforestación para creación de pastizales. Esta tendencia continuará si no se aplican programas dirigidos a la protección de selvas y a la reconversión de pastizales”, pone en relieve.

Otro apunte importante: “los bosques templados de Tomatlán están disminuyendo y fragmentándose debido a las actividades de aprovechamiento forestal y a la deforestación para su aprovechamiento ganadero. En el mapa se pueden apreciar algunas áreas importantes de selva mediana subcaducifolia en el centro de Tomatlán —resa Cajón de Peñas— y en el norte de Cabo Corrientes; y algunos pequeños reductos en el sur del municipio de La Huerta. Se puede observar también un proceso de deforestación actual en la zona centro-norte de Cabo Corrientes”.

Silva Bátiz dice que en la zona, los resultados de las mediciones demuestran que las cifras de la Conafor tienen un ligero subregistro que no descalifica el ejercicio. “La escala utilizada por ellos, 1-250 mil hectáreas, permite reconocer la cobertura vegetal o uso del suelo en áreas mayores a 6.25 hectáreas. Esto quiere decir que en áreas menores a ese tamaño no es posible interpretar el uso del suelo o vegetación presente [...] sin embargo, pudieran existir compensaciones simultáneas —es decir, áreas más pequeñas de 6.25 hectáreas pueden quedar dentro o fuera de una u otra cobertura vegetal o uso del suelo, y de esta manera los totales por cobertura vegetal o uso del suelo pueden ser cercanos a la realidad—”.

Razones y sinrazones
Enrique Jardel Peláez, experto forestal de Manantlán, señala las causas del avanzado deterioro de las selvas secas de la costa.

“La mayor deforestación se observa en las selvas secas, que son tradicionalmente vistas como áreas improductivas y marginales, y por lo tanto, se piensa que pueden ser destruidas y reemplazadas por otros usos del suelo, que sin embargo resultan poco productivos e insustentables”. La selva seca tiene vegetación no mayor a diez metros de altura, pocas especies “comerciales” y su marca es la desolación: durante ocho meses la mayor parte de sus especies pierden las hojas.

Por eso se les llama “monte” o “breña”. Tienen poco valor estimativo pese a ser reservas de la mayor cantidad de endemismos (especies exclusivas) en México.

“En términos generales puede decirse que la deforestación se da en áreas de expansión de la frontera agropecuaria donde aún quedan extensiones boscosas importantes y donde no existe una actividad económica forestal estable y organizada, y por lo tanto la conservación de los bosques no es valorada”, agrega el investigador del CUCsur.

Jalisco taló su área forestal oficial


El gobierno estatal no entrega recursos desde hace dos años al programa ProÁrbol. La Dirección General de este rubro en la Seder se ha quedado con mínimos recursos y no hay una política estatal contra la deforestación

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO

Jalisco, que aporta 20 por ciento de las cuentas negras de la deforestación en México, tiene además un gobierno con escaso interés en el tema forestal: durante los dos últimos años, la administración estatal no ha entregado un solo peso para financiar los diferentes proyectos del ProÁrbol, desmontó su Dirección General Forestal (DGF), mantiene recursos mínimos para las áreas naturales protegidas que coadministra, y cero pesos para las nuevas reservas protegidas estatales.

De este modo, las funciones que se realizaban desde la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder) están en niveles de supervivencia, lo que obliga a depender de recursos federales o municipales para cumplirse medianamente.

El desinterés se refleja de forma clara en lo que sucedió con la DGF de la Seder; su antiguo director, Jorge Valencia Rodríguez, no sólo aceptó un cargo en otra área del Ejecutivo, sino que “se llevó” la plaza y ahora no hay posibilidad de nombrar un nuevo director.

Quien cumple las funciones es Mario Aguilar Hernández, que fue designado director del Fideicomiso para la Administración del Programa de Desarrollo Forestal (Fiprodefo), que también está enfrentando una fase crítica que lo ha dejado al borde de la desaparición.

Así, con la precariedad de su designación, Aguilar Hernández es el que representa los intereses del estado en diversas instancias como es el propio comité de ProÁrbol, o el Consejo Estatal Forestal y de Suelos (Coefys), y los diversos fideicomisos y patronatos creados para la administración de las áreas naturales protegidas.

Por si fuera poco, la DGF ha eliminado diversas áreas de trabajo que se consideraron medulares para cumplir los objetivos de la planeación forestal, que arrancó desde 1995, en la Administración estatal de Alberto Cárdenas Jiménez, con la posterior participación de Fundación Chile en la pretendida modernización de la industria y los aprovechamientos forestales.

Los detalles de la decadencia de la DGF: la Dirección de Suelos desapareció, pese a que más de 80 por ciento del territorio de la entidad padece erosión; su director, Ricardo Pelayo, ha quedado “en el limbo” con algunos proyectos menores. El proyecto de manejo de agua, también ha sido eliminado; actividades como el impulso de los humedales, el aprovechamiento racional del agua y el rescate de especies en peligro de extinción, desaparecieron o se redujeron a su mínima expresión. El área de educación ambiental ha quedado reducida a un módulo en el bosque Los Colomos, de Guadalajara, mientras el centro de educación de Agua Brava, en La Primavera, es disputado con la administración del bosque La Primavera.

La Seder mantiene tres brigadas de incendios y hace convenios con los municipios para equipar y capacitar brigadas a cambio de que éstos paguen sueldos y combustible.

En el tema de la participación presupuestal con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), con el argumento de la crisis económica, se dejó de dar dinero en todos los programas de ProÁrbol. El último año de aportaciones fue 2009. De por sí, la relación de presupuestos era cinco pesos federales por uno estatal, y se limitaba a algunos programas como plantaciones forestales, reforestación y servicios ambientales. La entidad así ha quedado en el último lugar en términos de participación económica en el ProÁrbol.

En contraste, el estado de México, entidad con la que últimamente se suele comparar el gobernador Emilio González Márquez, es en la materia el que más aportaciones hace a su sector forestal, y por citar un caso de éxito, su financiamiento al fideicomiso de la Monarca, que duplica el valor de los estímulos en servicios ambientales que otorga el gobierno federal, hace hoy posible el rescate de esa valiosa región protegida del país. Mientras, en Jalisco aumentan la deforestación y la fragmentación de los bosques.

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Claves

3 metas incumplidas

En el Congreso de Jalisco se ha querido atender el problema del desmonte del sector forestal oficial, y en estos dos años se ha manejado, a solicitud de diversos colegios y gremios relacionados con el tema, la posibilidad de establecer una comisión estatal forestal. Pero no ha avanzado.

Entre las metas incumplidas del gobierno de Emilio González Márquez, está el establecimiento de 20 mil hectáreas de plantaciones forestales comerciales, con la inducción de invernaderos de especies maderables según la vocación de las regiones de la entidad.

También se crearon dos áreas protegidas estatales, pero no se les ha entregado un solo peso para su operación. En el caso de La Primavera, Quila y Nevado, reciben presupuestos para un nivel mínimo de operación.

Degradado, 4 veces más bosque que el talado


No obstante, especialista estima que es bosque sano sólo 40 por ciento de toda la masa forestal de Jalisco. Los procesos de decadencia de las florestas del estado están desatados sin que se registren estadísticamente ni incidan en políticas públicas para remediarlo, advierte

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición 7 de junio de 2011

En cifras gruesas, lo que se ha deforestado en Jalisco entre 1993 y 2007 es equivalente a 90 por ciento de la superficie del estado de Tlaxcala, pero esas 366 mil hectáreas (ha) se quedan cortas ante 1.3 millones de ha de “vegetación perturbada”, que son bosques y selvas en proceso de degradación que las fotos satelitales de baja resolución no pueden registrar.

Para el investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Arturo Curiel Ballesteros es claro que la “deforestación” es insuficiente para explicar los problemas de los bosques jaliscienses, que son más graves y profundos. Por un lado, las imágenes 1/250 mil ha que ofrece el Inegi no dan detalles sobre polígonos de menores dimensiones, que pueden alcanzar miles de ha, y donde se dan procesos de destrucción gradual e incluso de regeneración que no son considerados.

El también encargado de educación ambiental del capítulo Mesoamérica de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), considera que sólo 40 por ciento de la superficie de 4.8 millones de ha clasificada como forestal en Jalisco, corresponde a bosques sanos.

En el resto, “debemos considerar que les pegan especies invasoras, les pega la fragmentación, la deforestación hormiga, la extracción de especies y de suelos […] cuando se habla de bosques sanos se debe analizar el tamaño del polígono de los bosques; para señalar bosques que regularmente no son fragmentados tenemos que hablar de masas que tengan al menos diez mil hectáreas, porque apenas una unidad de ese tamaño te permite mantener a la cadena trófica [alimenticia], desde los grandes carnívoros hasta toda una población; y si se habla de bosques de cinco o cuatro mil ha, son bosques importantes que van a tener algunos de los servicios ecosistémicos, pero no suficientes para mantener toda la gama de hábitat de especies silvestres”.

A su juicio, lo que ha pasado en Jalisco es un proceso de fragmentación y degradación con cambios de uso de suelo, con infraestructuras como carreteras y presas; “cuando se hace esto, y metes cercas y cortas la conectividad, o se provoca un incendio, se empieza a afectar la salud de los bosques […] la vegetación original apenas prevalece en 40 por ciento de la superficie reportada como forestal, y es muy importante saber lo que pasa en el resto, de qué manera están perturbados, degradados y fragmentados esos bosques”.

Curiel Ballesteros hace una clasificación del deterioro forestal: “habrían tres tipos o niveles de deforestación; el nivel hormiga, que es cuando derribas diez o doce árboles por hectárea, conservando una masa forestal; otra es términos de polígonos, que son de una a diez hectáreas y que no se registran en esas evaluaciones, y no podemos decir que no sea deforestación porque en predios de esas dimensiones también se hacen reforestaciones; y la gran deforestación o cambio de uso de suelo […] el problema de las cifras oficiales a nivel de deforestación es lo relativo al tamaño de los polígonos que van quedando de bosques”.

De hecho, en la Descripción del sector forestal que hicieron investigadores de la UdeG para el Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial de Jalisco, se definen las áreas forestales perturbadas como “áreas que han sido deforestadas con fines diversos tales como agricultura, ganadería, infraestructura y centros de población”. Y hace una distinción: “Mientras que en los bosques y selvas fragmentados persisten entremezclados manchones de vegetación arbórea que no es posible separar en las imágenes de satélite, en las áreas perturbadas sólo se encuentra relictos de vegetación natural” (ver http://siga.jalisco.gob.mx/moet/SubsistemaProductivo/Forestal/secfojal.h...).

Abunda Curiel Ballesteros: “Creo que desde 2005 la metodología que se ha estado siguiendo para analizar los bosques va por los servicios que proveen para las condiciones de bienestar humano o para la economía; puedes tener una masa aparentemente de uso forestal, pero lo cierto puede ser que la mayor parte sea vegetación invasora, y esto significa que ya el servicio del ecosistema está muy afectado aunque tengas la cobertura forestal: fragmentación o degradación, presencia de plagas, pérdida de suelo; esto afecta notablemente el servicio ecosistémico y no se evalúa en términos de la deforestación”.

Carlos Zermeño Benítez, director de Inventario Forestal y Geomática de la Comisión Nacional Forestal, reconoce la polémica, pero advierte que una cosa es que los datos estén desagregados y otra muy distinta que no se tengan y no se reconozca el problema de la perturbación y la degradación.

“Damos información sobre superficies, también incorporamos valores como el carbono, valores de volúmenes maderables, pero solamente reportamos superficies, lo cual es ya un gran paso, y las obtenemos analizando dinámicas de cambio entre las diferentes series cartográficas que arroja el Inegi”.

Sin embargo, “creo que el mayor problema en México, aun más que la deforestación, es la degradación, y la degradación no es algo que se esté reportando como deforestación, no es tan fehaciente pero ahí está; entonces estos pasos entre bosque primario y bosque secundario, herbáceo, arbustivo o arbóreo, eso es degradación, y eso afecta la biodiversidad y es ahí donde también debemos tener el ojo puesto”, por lo que considera que el debate debería ser rebasado para concentrarse en el tema de los bosques y selvas que se empobrecen lenta y gradualmente.

Temaca va contra tres funcionarios

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Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO. Edición del 7 de junio de 2011

Los hijos ausentes de Temacapulín le piden al gobierno de México “suspender el hostigamiento” sobre los líderes del movimiento opositor a la represa El Zapotillo, y destituir de sus cargos al director de la Comisión Estatal del Agua (CEA), César Coll Carabias; al director del organismo de cuenca Lerma Santiago Pacífico de la Comisión Nacional del Agua, Raúl Antonio Iglesias Benítez, y al director de cuencas y sustentabilidad de la CEA, Héctor Castañeda Náñez, a quienes acusan de dicho hostigamiento.

Los miembros del Club Temaca en Los Ángeles, en San Francisco y en la costa central de California, apoyados por los clubes en Guadalajara y Monterrey, emitieron una carta abierta al gobierno federal. Allí señalan que “la reubicación que nos ofrecen la tomamos como una ofensa a nuestra dignidad como seres humanos; ya lo dijo el señor Merced Aramburo en la última mesa resolutiva, ‘sólo a los animales se les cambia de potrero sin consultarlos’, para nosotros las casas que nos ofrecen no tienen ningún valor por lo tanto exigimos la cancelación inmediata de la presa El Zapotillo”.

De la misma manera “consideramos que es nefasto que con los impuestos del pueblo se les esté pagando a esas personas [los funcionarios públicos señalados] que cada vez que tienen una oportunidad aprovechan para insultarnos, amenazarnos y reírse de nosotros con prepotencia y mala voluntad, y ejercer presión para lograr que las personas vendan sus casas y su dignidad”.

Lamentan que se haya ignorado la recomendación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco y la del Instituto Nacional de Antropología e Historia, sobre su pueblo patrimonial y habitantes.

Además, “exigimos que pare el hostigamiento contra el sacerdote [...] Gabriel Espinoza. Ya que el señor Coll Carabias, Castañeda e Iglesias Benítez, cada vez que tienen que hablar con la prensa lo están amenazando y acusando de alborotador de la gente de Temaca, cosa por demás falsa, pues el señor Espinoza es vocero del comité Salvemos Temaca Acasico y Parmarejo”.

lunes, 6 de junio de 2011

Jalisco, responsable de quinta parte de la deforestación del país



La pérdida de bosques  en el estado pasó de 23,100 hectáreas por año a 31,600 en el estado; en 2002, la entidad sólo aportaba 7% del total; hoy, la destrucción de los bosques y selvas en el estado significa 20% del saldo nacional, rubro en el que apenas es superado por Chiapas y seguido por Yucatán

Guadalajara. Agustín del Castillo. MILENIO-JALISCO

A contrapelo de una clara tendencia a la baja en la deforestación nacional y mundial, Jalisco incrementó a partir de 2002 en 37 por ciento su tasa anual de pérdida de bosques y selvas, para situarse actualmente en el segundo lugar nacional, con 31,645 hectáreas por año de “pérdida neta”, sólo por detrás del estado de Chiapas, que registra 32,332 hectáreas en las mismas condiciones.

Este es el dato más reciente que arroja el trabajo que la gerencia de Inventario Forestal y Geomática de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) entregó a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), para su reporte mundial de 2010. México en conjunto registra 155 mil hectáreas de pérdida anual, lo que significa un fuerte y sostenido descenso en la inercia destructora, cuyo crecimiento ya se ubica por debajo de 0.3 por ciento anual.

Jalisco, con intensas políticas de colonización ganadera, de creación de infraestructura que ignora la legislación ambiental —caminos, presas y carreteras— y de desarrollos turísticos, mineros o agrícolas, sobre todo en la rica región costera, se movió en sentido contrario a esa tendencia: si bien, registró entre 1993 y hasta 2002 un promedio de 23,141 hectáreas anuales de deforestación, para los años siguientes se demuestra una reactivación de la destrucción que hace hoy a la entidad responsable de casi la quinta parte de la devastación nacional. En 2002 su aporte era sólo 7 por ciento de las 314 mil hectáreas que entonces se deforestaban en toda la república.

Si se considera que esta entidad federativa tiene alrededor de tres millones de hectáreas de bosques y selvas, la destrucción anual es de 1.1 por ciento; si se suman 1.3 millones de hectáreas más de comunidades forestales perturbadas, la tasa desciende a 0.7 por ciento anual, pero aún así, es más del doble de la que registra el país. En resumen: en 1993 se estimó que se deforestaban 70 mil hectáreas por año; en 2002 se confirmó un descenso cercano a 70 por ciento en la superficie promedio afectada; y en 2007 se registra una nueva alza de 37 por ciento.

¿Cuáles son los ecosistemas que más se destruyen en Jalisco? Carlos Édgar Zermeño Benítez, responsable de la gerencia, indicó a este diario que entre 2002 y 2007 —que es la información más reciente ofrecida por el Inegi— se destruyeron por año 7,213 hectáreas de latifoliadas (bosques de encino), 4,134 hectáreas de selvas medianas y 20,215 hectáreas de selvas bajas caducifolias. Esta última comunidad biológica acumuló en el periodo más de 100 mil hectáreas de pérdida (ver gráfico).

El funcionario de la Conafor hace dos precisiones sobre estas cifras: en primer término, derivan de cartografía del Inegi levantada a una escala de 1/250 mil hectáreas, lo que impide que se puedan apreciar devastaciones a escala menor, y significa que las pérdidas netas podrían ser mayores. De hecho, la Conafor advierte que los resultados estatales son más imprecisos en la medida en que el estado en cuestión es más pequeño. Jalisco, por sus dimensiones, no presenta un problema tan acusado en ese sentido.

El otro aspecto a considerar es que, si bien, se trata de la información más actual y que sirvió de base para la Evaluación de los recursos forestales mundiales 2010 de la FAO, su corte es al año 2007; en 2013 se contará con nueva cartografía para determinar del sostenimiento o el cambio de estas tendencias.

Enrique Jardel Peláez, experto forestal de la Universidad de Guadalajara, comenta el asunto: “Las cifras de la Conafor indican que en ese periodo se ha perdido una superficie de bosques y selvas equivalente a la del bosque La Primavera cada año […] la deforestación en Jalisco se ha concentrado principalmente hacia las zonas montañosas y costeras del oeste y sur del estado. Éstas son todavía vistas como regiones de frontera para la expansión agropecuaria, donde todavía queda terreno por desmontar y ‘desarrollar’. La política de desarrollo socioeconómico ha seguido siendo la misma durante el último medio siglo: expansión de la frontera agropecuaria, ganaderización, ‘desarrollos’ turísticos, minería, carreteras —que facilitan la penetración a las áreas forestales— y urbanización. Al mismo tiempo, la producción forestal —que podría ser una opción de conservación forestal bajo manejo productivo— se mantiene relegada y la efectividad de la conservación en áreas protegidas es limitada”.

En particular, destaca la destrucción desatada sobre la selva seca, uno de los ecosistemas más importantes de Jalisco, notables a escala mundial por la nutrida presencia de especies endémicas (exclusivas). “Son vistas como áreas improductivas y marginales, y que por lo tanto pueden ser destruidas y reemplazadas por otros usos del suelo, que sin embargo resultan poco productivos e insustentables”.

En conclusión, “no existe una política coherente de conservación y aprovechamiento sustentable de los bosques y selvas de Jalisco”.

Por su parte, Arturo Curiel Ballesteros, investigador de la UdeG y quien participó en los años 90 del siglo XX en una primera estimación de deforestación en el estado, advierte: “Los procesos y las fuerzas que están presionando a los bosques no han disminuido […] creo que en términos de política ambiental, lo que se busca es detener el proceso de degradación, y luego de alguna manera revertirlo; en la parte de las tendencias que se tienen en Jalisco no se observa que se esté deteniendo el proceso, al revés, se han ido incrementando: ha aumentado el cambio de uso de suelo, se han quitado bosques por huertas, se han eliminado superficies de áreas protegidas, se mantienen los incendios forestales; estamos lejos de generar las condiciones para que se dé una contención”.

Así, ante un discurso oficial que habla de una apuesta por la sustentabilidad y que hoy remarcará el presidente Felipe Calderón, que vendrá a Jalisco a celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente, las cifras frías revelan que la naturaleza sigue en acelerada destrucción.

domingo, 5 de junio de 2011

En Guadalajara, es más barato tener un automóvil que usar el transporte público


El modelo de desarrollo de la ciudad propicia la contaminación: investigador del ITESO. En el Día Mundial del Medio Ambiente, señala que los vehículos son la fuente de cuatro quintas partes de la polución atmosférica de esta zona conurbada. Con esta información despedimos más de trece años de Público y comenzamos con nuevo nombre, Milenio Jalisco, pero sin perder la continuidad de la larga historia que nació en septiembre de 1997

Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO

No se puede pedir al ciudadano de Guadalajara que deje su auto, nomás por mandato público, y se suba a un camión o minibús y resolver así el grave problema de la movilidad urbana, fuente de cuatro quintas partes de la contaminación atmosférica.

Como está el sistema actual, el estímulo para el transporte particular es el que permite el crecimiento anual de 5 a 7 por ciento del parque vehicular en la ciudad, según estimaciones oficiales. El investigador del ITESO, y de la Universidad de Twente, en Holanda, Arturo Balderas Torres, señala que es necesario revertir las ventajas de usar automóvil, crear un verdadero sistema de transporte público y abrir los espacios a la movilidad “no motorizada”, para caminar hacia la solución del grave problema ambiental y social.

“Utilizar el camión es comparativamente muy caro bajo las condiciones actuales tanto para viajes cortos como para viajes largos. La situación actual genera incentivos económicos para comprar autos, gasolina y contaminar […] un análisis de costos muy básico que los economistas llamarían de costos marginales, comparando el costo del pasaje en camiones con el gasto de gasolina de un auto, nos revela lo siguiente: un boleto de camión en la zona metropolitana cuesta seis pesos, es decir, doce pesos por persona por viaje redondo. Por otro lado algunos vehículos tienen rendimientos mayores a quince kilómetros por litro. Un valor conservador de diez kilómetros por litro y un precio de gasolina de menos de diez pesos por litro, arroja el costo de gasolina al usar un auto de un peso por kilómetro”.

De ese modo, “solamente si nuestro viaje es mayor a seis kilómetros pagaremos menos por el pasaje del camión que por la gasolina del auto; sin embargo, si usamos el transporte colectivo en viajes largos es probable que debamos usar varias rutas por lo que el costo del pasaje aumentaría proporcionalmente. En un hogar el costo se multiplicaría además por el número de personas que deben viajar, mientras que en el uso del auto el costo total para el mismo trayecto no cambiaría”.

Así, se consideran las distancias a recorrer en esta ciudad “que repite el crecimiento anárquico del DF, sin una planeación territorial ni transporte colectivo consolidado, el auto termina siendo una necesidad y no un lujo”.

Entonces, con factores puramente de economía, “los usuarios de los camiones son mayoritariamente aquellos que no puedan conducir o adquirir un auto: menores de edad, personas de la tercera edad, débiles visuales, personas con bajos ingresos o sin acceso al financiamiento; los sectores vulnerables deben pagar un servicio caro e impredecible así como las rentas privadas”.

A juicio del académico de Ingeniería Ambiental, estas consideraciones claras ayudan a entender “por qué el parque vehicular en la ciudad ha crecido descomunalmente, mientras que el transporte colectivo se sigue rezagando cada vez más con los incrementos a las tarifas”.

¿Qué hacer? Dos caminos que no se excluyen: generar un verdadero sistema de transporte colectivo público, y una muy amplia red de ciclopistas, que son de bajo costo.

En el primer caso, Balderas Torres señala que un negocio privado se rige por la ganancia, y no por el servicio a la población. Esto hace que amplias zonas de la ciudad no estén bien comunicadas, por no ser rutas que generen ingresos. Además, la variedad de permisionarios atomizan el servicio y hacen que este sea menos sostenible económicamente, e incapaz de absorber pérdidas.

“El sistema de transporte colectivo es un monopolio natural porque no sólo es costoso para nuevas empresas entrar a este mercado sino que esto les está prohibido a menos que el gobierno lo autorice. […] por economías de escala es más fácil reducir los costos de operación y monitorear la calidad del servicio si es una sola empresa la que opere el sistema de transporte bajo una regulación estricta”.

“Para volver más eficiente el sistema de transporte, éste debería ser operado por una empresa única. Las rutas se deberían modificar para crear un sistema ortogonal con posibilidad de transbordo sin pagar doble pasaje; y se deberán adquirir más unidades para transportar más pasajeros”, añade.

Respecto a las bicicletas, puntualiza: “los combustibles seguirán aumentando por la colosal demanda mundial de energía, la eliminación de subsidios y los esfuerzos para mitigar el cambio climático. Ante esta situación cada vez más personas buscarán otras alternativas de movilidad. Si las ciclovías se construyen y estas son seguras serán ampliamente usadas; si la infraestructura no es construida, el impacto por el alza a los combustibles será mayor entre la población”.

No se puede desalojar Temaca sin orden judicial

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Guadalajara. Ignacio Pérez Vega / Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO. Edición del 3 de junio de 2011

Mientras no exista una orden judicial, nadie puede desalojar de sus viviendas a los pobladores de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, advirtió el tercer visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ), Alfonso Hernández Barrón.

El funcionario del organismo defensor de derechos humanos recordó que la CEDHJ acreditó la violación a las garantías de los habitantes, por lo que emitió la recomendación 35/2009 en la que se pide frenar la construcción de la presa El Zapotillo, con lo que se tendría que inundar los tres poblados alteños. Sin embargo, el pronunciamiento no fue aceptado por el gobierno de Jalisco.

Hernández Barrón señaló que mientras los opositores a la presa El Zapotillo cumplieron su compromiso de retirarse de la zona de obras en la cortina de la presa, la Secretaría de Gobernación no ha cumplido aún con su parte y no ha retirado las denuncias penales en contra de los habitantes.

Por su parte, el Comité Salvemos Temacapulín Acasico y Palmarejo, acusó ayer al gobierno federal de diversas faltas, entre ellas, “la suspensión de las denuncias fue uno de los acuerdos iniciales para este proceso de diálogo que inició con la toma del 28 de marzo 2011 de la construcción, ya que nunca fue condicionado al resultado de las mesas y exigimos el respeto a este acuerdo que está sustentado en las actas firmadas por ambas partes. La Secretaría de Gobernación pretende atar de manos a la comunidad y el movimiento jugando con este acuerdo incumplido”.

También indicaron, “la intimidación en la mesa resolutiva con la presencia de trabajadores vestidos del mismo color que no pasaron por el registro previo e ingreso al salón de convenciones como grupo de choque al momento de una reacción nuestra. Donde es importante señalar había niños y ancianos”.

Cuatro, “ingresar habitantes que han decidido vender o negociar la reubicación para provocar una confrontación, además de exponerlos al ser un minoría. Con esto las autoridades demuestran que no tienen 50 por ciento más uno como lo han sostenido, afirmando que no sólo quieren destruir nuestro pueblo si no generar un conflicto interno”.