Mostrando entradas con la etiqueta Zacatecas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zacatecas. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de marzo de 2018

La mata Sandoval: vida y muerte en los cañones zacatecanos



La región donde Jalisco y Zacatecas se encuentran , áspera y seca, fue escenario privilegiado de vidas afectadas, para bien y para mal, por la rebelión católica (II de V partes). Fotografías de Carlos Dávila

Agustín del Castillo / El Teul de González Ortega. MILENIO JALISCO. 

Hay una arraigada mata de sandovales en los pintorescos pueblos de cantera rosada del sur zacatecano, hasta el lindero poniente de la meseta alteña, en Jalisco: El Teúl de González Ortega, Florencia, La Ceja, García de la Cadena, Yahualica, Nochistlán. Los expertos en heráldica señalan que el apellido deriva de Sandoval de la Reina, un lugar perteneciente al partido judicial de Villadiego, en la provincia de Burgos, España, antes de su mundialización con la conquista, en el siglo XVI.

El caso de Florencia y El Teúl es el de dos poblados unidos, entre otras cosas, por un apellido, pero enfrentados por la disensión profunda que acarrea el conflicto religioso, que en esas zonas ocupa los años 1926-1929 y 1931-1939. En 1905, nació en el entonces llamado San Juan Bautista del Teúl quien a la postre fue un próspero comerciante, Ramiro Sandoval, hijo de don Cástulo y tío del escritor Luis Sandoval Godoy. De su participación o siquiera sus ideas sobre la disputa no quedan evidencias, pero su hija Lilian recuerda que una tragedia personal, la muerte de su hermana Sara, motivó la salida de familia hacia Guadalajara en 1931.

En Florencia nació, sin que se tenga clara la fecha, probablemente a finales del siglo XIX, el principal guerrillero cristero de la demarcación: Pedro Sandoval. Azote de los teulenses, que eran partidarios del gobierno, su muerte durante la segunda Cristiada, en 1937, hizo que su cuerpo fuera vejado en esa plaza donde era visto con terror. Fue hora de desquites tras una década de agravios.

Don José Maldonado es uno de los últimos testigos de esa época. Nacido en 1923, en el rancho Santa María, recuerda que su padre pudo morir muy pronto en medio de los delirios de la violencia. Había tres hermanos, y varios tíos, sumados a la guerrilla encabezada por Pedro Sandoval. Pero sus padres eran pacíficos.


Fueron trece hijos, pero los guerrilleros de Cristo Rey eran Alejo, Vidal y Epifanio, “y mis tíos Abraham, Gregorio y Simón, eran hermanos de mi madre; ellos ahí anduvieron, y nosotros en el rancho. Llegó un día en que pusieron una [auto] defensa [gubernamental] ahí, en el rancho […] mi papá se llamaba Apolonio Maldonado; le decían: si usted no nos entrega monturas lo vamos a matar; mi padre alegaba que no había […] madre viendo eso, agarró unas calabazas: en lo que arreglan su asunto coman calabazas, dijo, y ahí comieron… total que después de la comida como que ya se les bajó y se fueron…”.

- No, pues bendita comida, buena la mano de su mamá.
- Sí, ja.

El viaje al cañón

A El Teúl se llega apenas remontados desde Guadalajara los abismos de los ríos Santiago, Juchipila y Cuixtla, que antes de las carreteras pavimentadas y la modernidad, dieron reputación de inexpugnable a la áspera región de pastizales amarillos, acacias y vegetación espinosa; lobos, venados y gatos monteses; acantilados habitados por aves de rapiña y zopilotes; vientos inestables, cielos anchurosos y paisajes dorados por un sol que parece competir con los tesoros de la tierra. Mezquital del Oro, por ejemplo, era ya explotado para extraer metales preciosos desde los años finales del siglo anterior, con empresarios estadounidenses atraídos por la Pax Porfiriana, y daba mucho empleo a toda la zona.

Pero la revolución interrumpe este dinamismo. Desde 1910 se ha vuelto una demarcación insegura, lo que ha llevado a la conformación de defensas o autodefensas rurales, que tienen la bendición del lejano estado mexicano, y al fortalecimiento de cacicazgos, sucesores de los jefes políticos de la administración liberal caída en desgracia. El conflicto religioso se acentúa tras el fin del régimen huertista, cuando se culpa al clero católico de complicidad con el usurpador nacido en Colotlán. Los rancheros y los hacendados además se enfrentarán a otro fenómeno típico del carrancismo, y luego obregonismo y callismo triunfantes: la reforma agraria. A diferencia de Los Altos de Jalisco, donde el reparto agrario de facto ocurrió muchísimo tiempo atrás, con la atomización de pequeñas propiedades en minufundios, aquí los agraristas serán actores relevantes en el partido gubernamental.

El 2 de enero de 1927, los cristeros habían tomado Jalpa. El 8 de enero, un sublevado Pedro Sandoval había sido apresado. “lo apresó el coronel Ruiz en el rancho El Durazno, Monte Florencia. Salvó su vida gracias a una antigua amistad con Eulogio Ortiz. Fue entregado a las tropas del coronel Cortés de las fuerzas de Anacleto López, que acababan de hacerse cargo de la Jefatura. Lo llevaron a Tlaltenango, a Zacatecas, a Sombrerete, y de nuevo a Tlaltenango donde iban a fusilarlo, pero escapó un día antes. Había sobornado a varios sardos. La Federación habría de lamentar mucho esta escapatoria durante los siguientes once años” (Luis Rubio Hernansaez, “Zacatecas bronco. Introducción al conflicto cristero en Zacatecas y norte de Jalisco, 1926-1942”. Universidad Autónoma de Zacatecas, 2008).



Según don José Maldonado, las provocaciones eran abiertas y constantes. “Desde 1927, usaban el templo de caballeriza, y las gentes del pueblo debían aguantarse […] desde los pretiles de la iglesia estaban los soldados de la federación mirando quién entraba al pueblo; había cristeros por El Capulín, y de allí vino un tío mío, y le dispararon, y así empezó, poco a poco, el combate, por la zona del camposanto; se agarraron, estuvieron todo el día, hasta que tocaron el clarín de la tropa. Los federales se quedaron con el pueblo”.

Para entonces, Pedro Sandoval había regresado. Hubo tres ataques, en febrero y agosto de 1927, y al menos otra ocasión en 1928. Esta descripción corresponde posiblemente a la última, que obligo a los guerrilleros a abandonar la zona con rumbo del cañón. El niño José iba con su familia. “En la noche nos llevaron al cerro, por la propiedad de Michel, el Infiernito, ahí nos quedamos […] en la casa había un corral grande, ya cuando fueron a levantar el campo, esta una mora grande [un robusto árbol] con un agujero, hueca, desplomada, y ahí estaba un trompeta herido, y otro soldado, los vieron y se los llevaron […] nosotros nos metimos a dormir; me platicaba un primo que los colgaron, por el motivo de que estaba el jefe rezando un rosario con su tropa; y ya para terminar, estaban en la letanía, y los que estaban cerquita de ahí escucharon que en vez de decir, ruega por nosotros, decían, bajito, ‘chinga tu madre’…”.

- Entonces firmaron su sentencia de muerte.
- Sí. Y pos ya les toco ahí; les decía el general: yo pensaba perdonarles la vida, pero por lo que veo eso a ustedes no los favorece, así que adiós. “Ah, nos tocó, ni modo”, le contestaron. Les dieron su última voluntad. Dijo uno de ellos, “a mí me dan un cigarro”, y ya le dieron un cigarro, y bueno, a cumplir las órdenes. Los colgaron y nos fuimos […] mi padre se había quedado con una parte de la familia en el rancho, y a mi madre la mandó acá; de ese modo nos partimos, era mi hermana, mi madre, mis dos hermanos y yo, nos fuimos cinco, y fuimos a dar a una barranca, le dicen la barranca de La Vaquera, allá por Florencia. Estuvimos escondidos ocho días.

No le iba mejor a El Teúl con el feroz guerrillero, al cual veían como un genuino Atila. “Pesan los sufrimientos de tanta viudez y las lágrimas de numerosos inocentes que gimen en la orfandad y que en muchísimos casos andan disputando en los campos a los cerdos las raíces” (testimonio de Juan María Castañeda, citado en el libro de Rubio Hernansaenz).



Vidas cambiadas

“Yo me vine del rancho como en 1960”, señala el anciano Maldonado, que habita una amplia casa del casco central de El Teúl. En 95 años se ha dedicado a la agricultura, al comercio y a la música. Ha visto morir a dos esposas y a cinco hijos, y prosperar a Juan, el mayor, de su primer matrimonio, quien vive en Estados Unidos. La nación del norte también fue hogar temporal del campesino, a partir de 1949, en seis ocasiones. Dice que ya no quiso regresar a arreglar papeles porque no le ve caso con Donald Trump en la presidencia de ese país, y toda su hostilidad hacia México.

José Maldonado hizo algo de dinero como violinista. Todavía conserva un instrumento, que trata de afinar mientras se acerca la medianoche y declina la conversación con los forasteros en un El Teúl silencioso. Hugo Ávila, editor de El Teulense, acompaña la conversación y le pide interpretar alguna de las rústicas polkas y canciones de despecho por las que le pagaban cuatro pesos la hora, por el rumbo de la Ceja, y que en abuso de su juventud, llegó a trabajar hasta cinco o seis días casi sin parar, no se fuerza sino para dormir unas horas y recargar energías. La mina de Mezquital aún derramaba riquezas, más bien modestas, tras décadas de violencia y abandono de la inversión. Más de alguno de sus vecinos acudía a los ríos y arroyos a buscar pepitas del metal preciado.

El violín trata de afinar. La voz carrasposa del viejo campesino canta una letrilla bucólica: “cuando salgo a los campos me acuerdo de un ser que yo ame muy profundo, era mi único ser en el mundo; la muy ingrata se fue, con uno que tenía más cualidades, yo soy pobre, tirado al olvido, pero vivo borracho, y en mi juicio, y un amor como el mío no hallaras, ella es rica y se llena de orgullo, y yo soy pobre, tirado a los vicios…”.

Se puede contradecir a Tolstoi: las vidas desgraciadas tal vez no son iguales, pero cómo se parecen. En la segunda Cristiada, a Pedro Sandoval lo rebajaron de guerrillero a bandido, y lo acusaban de robo y abigeato. En junio de 1938, en Huitzila, cerca de la frontera con Jalisco, fue abatido a tiros cuando quiso salvar a una mujer. “Su cadáver fue llevado al Teúl y arrojado en la plaza, donde la gente lo insultaba, y es que durante muchos años había sido el terror de esta población”, recuerda el autor de Zacatecas bronco.

Don Ramiro Sandoval murió de una enfermedad hepática en Guadalajara, en diciembre de 1973, no exento de esa dosis de amargura que a veces se destila sobre las vidas expuestas al recuerdo y al cambio. Siempre atajó la curiosidad de su hija sobre ese pueblo de cantera solar, a la sombra de un cerro mítico, cuya toponimia remite a los dioses olvidados de la vieja Caxcania. “En El Teúl no hay nada que ver”, decía ante la insistencia machacona de la infanta. En el lecho de muerte, quizás recordaba los oficios de la Semana Santa de su remota niñez para hallar un consuelo a la soledad del final:

“Pobre soy, y ando en trabajos desde mi juventud: mas en mi exaltación he sido humillado y desconcertado. Sobre mí pasaron tus iras, y tus espantos me perturbaron. Cercáronme como agua todo el día: y juntas me envolvieron. Alejaste de mí al amigo y al compañero, y a mis conocidos en el tiempo de mi miseria…” (Salmo 88).

--------------------------------------------


El dato

La guerra cristera dividió las regiones entre pueblos gobiernistas e insurgentes, como sucedió en otros conflictos nacionales.

miércoles, 28 de marzo de 2018

La gesta de los Quintanar y la paz de los sepulcros


Pedro Quintanar, el principal comandante de la guerrilla católica en el norte del país sobrevive en su última hija, quien lo despidió antes de su asesinato, en Ojinaga (I de V partes).

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. 

En 1930, seis meses después de los "arreglos" entre el Estado y el episcopado católico mexicanos, bajo los buenos oficios del embajador de los Estados Unidos, Dwight Morrow, se ha alcanzado la paz, tras una tercia de años de una insurrección popular que, se ufanan los guerrilleros, no fue vencida en el campo de batalla. Pero, para muchos, será la paz de los sepulcros.

El gobierno revolucionario, comandado informal pero enérgicamente por el jefe máximo, Plutarco Elías Calles, ya aplica una medida crudamente pragmática: las guerras populares tienen líderes carismáticos; si tras la pacificación, estos cambian de opinión y desobedecen a sus obispos, u optan por rutas más seculares, pueden volverse a alzar en armas y movilizar a miles de hombres. Así, resulta primordial aplicar la receta ya probada con Villa y Zapata: su eliminación física; no por odio, sino por Real politik, dice esta lógica casi gangsteril.

Este marco define la suerte de uno de los pioneros de la insurrección católica campesina denominada, con tintes épicos, La Cristiada: Pedro Quintanar, ranchero de Chalchihuites, un municipio zacatecano hoy famoso por sus ruinas de mil años, se encuentra prófugo; no ha entregado su armamento ni se ha acogido al indulto. Allí comienza el relato de doña María Antonia Quintanar Madera, la hija sobreviviente del célebre guerrillero.

"Yo nací en 1924; cuando los hechos de 1930, andaba sobre seis años [...] durante la revolución [cristera], cuando entraba la federación, la misma gente que sabía de nosotros nos sacaba del pueblo, por si las dudas, y nos llevaban a distintas partes para protegernos; yo me acuerdo de esos lugares aunque estaba muy chica. Pero en este momento, ya la revolución se había terminado, era un sábado de Gloria, e iban a quemar al judas en el jardín del pueblo...".

Pequeña y frágil, pero dotada de una memoria prodigiosa, una voz firme y una mirada chispeante, la hoy tatarabuela habita una casa ancha y vieja en la colonia Ladrón de Guevara, en la capital tapatía. Pero recuerda el día que los arrancaron de Chalchihuites como si no hubieran pasado casi 90 años:

"...Y ese día, de ahí nos llevaron a la presidencia, ya no nos dejaron ir a la casa. Nos llevaron a la casa del comandante, no sabíamos nosotros por qué, y no sé cuántos días duramos; yo tenía una hermana mayor que yo, me llevaba seis años, ella estaba en la escuela; como la escuela estaba por donde vivía el comandante, la dejaron ir, yo iba con ella; pero a mi mamá ya no la dejaron salir, hasta que nos dijo una señora: miren, las van a sacar de aquí, pero no sabemos a dónde [...] era para que mi papá cayera: había muchísima gente, puro Quintanar; yo no conocía más que a dos tíos por parte de mi papá, Andrés y Rafael; mi madrina Conchita, mi mama Chaya; a Rogelio, a Rafaelito, todos hermanos de mi papá. Pero esos desconocidos eran todos Quintanar; total que de ahí nos sacaron a la estación del ferrocarril, nos pusieron y se llenaron dos carros de carga con puro apellido Quintanar, y unos compadres de mi papá (...) al despedirnos de Chalchihuites, una persona del gobierno le habló a mi mamá y le dijo: mire señora, no sabemos a dónde los van a mandar, pero déjenos a la pequeña, nosotros no tenemos hijos, nomás van a ir a sufrir, cuando regresen se la llevan; pero dijo mi mamá: no, si van a sufrir, sufrirán conmigo...".

Los Quintanar comenzaron el viaje ordenado por un dios destino, que despachaba frente a palacio nacional en la capital del país. La niña María Antonia era pequeña y movía a las simpatías de los captores. A un militar "le dio lástima" y la llevó a cenar. "Yo le dije a mi mamá, cuando fui grande, ¿oiga, y si me hubieran robado? No, se veía buena gente, muy responsable, me contestó. Total que me llevó a cenar, y le he de haber pedido leche y pan, era muy buena persona, le decía subteniente...".

El tren tomó la ruta del norte, por la Sierra Madre Occidental: montañas ásperas, casi solitarias, pero con habitantes insospechados [doña María no recuerda haber visto en los valles a indios huicholes o tepehuanos deambulando] y animales hoy desaparecidos: lobos, osos negros, quizás algún grizzly rezagado en su proceso de extinción regional, o pájaros carpinteros de medio metro de altura; invadidas de árboles milenarios, ocotes más anchos que las casas y altos hasta el cielo, que con la paz, serán el "oro verde" para fortunas amasadas por los madereros "revolucionarios" de Durango y Chihuahua, incluidas grandes transnacionales atraídas por el nuevo ambiente de negocios.

Esas soledades orográficas también han tenido, desde la conquista española, una valiosa aportación en metales. Chalchihuites mismo, que colinda al poniente con la Michilía de Durango, tierra de lobos; con Jiménez del Teúl y con Sombrerete, significa en náhuatl, "tierra de piedras preciosas", y se ubica en la línea divisoria, imaginaria, de los dos Méxicos, una línea arbitraria y discutible, no siempre asumida ni comprendida: el trópico de Cáncer.

Al norte está la tierra de colonos, de caudillos de la revolución de 1910, pionera de la modernización que se avecina en los decenios de los 30 y 40. Al sur, el "México profundo" del catolicismo de curas arraigados a aldeas y de aborígenes más o menos improntados por cuatro siglos de evangelización. Ese paisaje se contempla desde el frente del tren donde viaja María.

"...yo iba adelante, viendo por el camino; le decía el subteniente a mi mamá: déjela que vaya viendo. Con el paso de los días se dieron cuenta de que mi papá no iba, y empezaron a bajar a los Quintanar por la ruta donde iba: tú bájate aquí, tú bájate adelante. Total que ya cerca de Chihuahua quedó mi mama Chaya, mi madrina Conchita; ahí las bajaron, a nosotros no, pero por ruego de ellas nos dejaron también en Chihuahua".

- Se quedaron a vivir en Chihuahua.
- Sí, ahí en la estación del tren nos dejaron; era ya de noche, total que ahí amanecimos y una persona de la estación nos llevó pan y café; mi mamá se acordó que tenía unos amigos en Chihuahua, para buena suerte encontró a esas amistades, ellos nos recibieron en su casa y ya tuvimos en donde quedarnos.

En 1930, el presidente municipal de Chalchihuites era Ranulfo García. Un año antes, dicen las crónicas que hubo un fuerte terremoto en ese rincón zacatecano, a partir del cual se formó el parque Hundido, y acudió a atestiguar los rescates y quizás, ver de primera mano ese México de "fanáticos" que había vencido en la mesa de negociaciones el mismísimo jefe Máximo. Chalchihuites perteneció al alguna vez poderoso estado de Jalisco, hasta 1857, en que se le acortaron fronteras e influencia política. María y su familia regresaron al pueblo en 1931. Su padre había sido asesinado ese aciago año de exilio.



Casi el siglo
María Antonia regresó a Chachihuites a atestiguar la liquidación de la hacienda familiar. Don Pedro había sido un hombre de ciertos caudales, muy carismático, pródigo en amores y sus frutos. La hoy nonagenaria dice, como si confesara un secreto de Estado: "nosotros somos de una segunda familia".

"El papá de mi mamá vivía en Huejuquilla; fue por nosotros porque nuestra casa la vendieron, que para para drogas [deudas] que tenía mi papá". A la pequeña siempre la trataron con deferencia los de la familia "principal", había un espíritu de cofraternidad. Pero los asuntos de dinero son terminantes: "el papá de mi mamá nos llevó a un rancho a siete kilómetros de Huejuquilla, y éramos muy felices, pero como no había escuela, eso no estaba bien". Eso decidió a su madre a partir a Fresnillo, que ya prosperaba como capital regional. Allí retomó estudios, y vio a su madre volverse a casar, lo que la hizo vivir con unos hermanos de su padre. Doña María se casó en esa ciudad y unos años después migró, por razones de trabajo de su marido, a Guadalajara. Tuvo nueve hijos, cinco mujeres y cuatro hombres. Hoy ha visto despuntar la quinta generación: la sangre de los Quintanar sigue llenando al mundo.



El caudillo
El 14 de agosto de 1926, "El ejército detuvo al párroco de Chalchihuites, Luis Bátiz, hombre pacífico y muy querido por el pueblo. Al día siguiente llegó al mercado el tratante de ganado Pedro Quintanar, personaje influyente y respetado, y los paisanos le pidieron que liberara al párroco. Quintanar fue a emboscar a los soldados, pero en el combate murieron los prisioneros que ellos tenían. Quintanar convocó a más hombres de toda la región, y el 29 de Agosto entraban en Huejuquilla el Alto [Jalisco], donde derrotaron a un contingente de 50 soldados" (de La Cristiada, de Jean Meyer, en el sitio http://cronicasdeuncristero.blogspot.mx/p/la-guerra-cristera.html).

¿Qué le contaron a la chamaca entonces de apenas dos años? "Llegó mi papá y remojó su mano en la sangre de los mártires, se persignó, se levantó y gritó: Dios mío, he de vengar la sangre de estos inocentes. Eso contó un pastorcito; se rebeló mi padre desde ese momento, y hubo mucha gente que al saber esto lo siguió: don Pedro, lo seguimos hasta donde quiera, la gente no tenía armas en los ranchos, pero tenemos machete y armamos un corazón para defender a la religion, y pues ya, que se hace la revolución..." recuerda emocionada, solemne, fervorosa.

Allí nació la leyenda de Pedro Quintanar, quien vino al mundo en 1866 en La Boquilla de los Quintanar, municipio de Sombrerete, según su hija. A la sazón sería uno de los principales comandantes cristeros, el jefe indiscutido de la zona norte. La rebelión incendió a casi medio país.


".. Ya que se acabó la revolución, él no se entregó; la gente que quiso se dejó sus armas y todo, pero mi papá siguió su camino hasta su rancho [...] cuando nos desterraron al norte, él llegó a Chihuahua disfrazado, fue ese mismo año de 1930 que lo vi por última vez; trabajó un poquito para el gobierno, le dieron trabajo...".

Don Pedro solía llevarse a sus labores en ese retiro pacífico a un nieto, Rogelio, de solo quince años. La compañía para la que laboraban recibió la orden de ir a Ojinaga. "Ya estando en Ojinaga, los compañeros de mi papá le dicen a Rogelio, muchacho, nos vamos ir a bañar y no llevamos armas; tú no puedes ir porque eres muy joven y vamos puros grandes, asi que quédate aquí, nos bañamos y regresamos [...] no sé cuánto tiempo pasó, pero llegaron con Rogelio, y le dijeron: oye hijo, tuvimos un encuentro con unos contrabandistas y le tocó la de malas a tu papá. Salió en los periódicos que se habían encontrado con unos contrabandistas y por eso murió, pero sabemos que lo querían matar, siempre nos dijeron que fue el gobierno traidor...".

Fue uno de los 1,500 mandos cristeros ejecutados "extrajudicialmente", lo que provocó, al paso de los años, una segunda insurrección, ya de desesperación, abandonados los guerrilleros por sus pastores y la pacificada grey.

"Mi papá trabajó en el gobierno unos días, no fue mucho, unos cuantos días", reitera María, para que no quepa la duda: "querían vengarse de él. Era un hombre muy valiente, que defendía las causas de la gente", repone con orgullo.

Su íntima certeza: "...os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis ante gobernantes y reyes por mi causa, para que deis testimonio ante ellos. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése se salvara" (San Marcos 13,9. 13).





Claves

ABC de la Cristiada

La Cristiada o guerra cristera fue una insurrección católica con motivo del cierre de culto ordenado por la jerarquía debido a la aplicación de la Ley Calles

La primera Cristiada es de 1926 a 1929; los asesinatos de líderes que depusieron las armas motivaron una segunda insurrección, más larga e infructuosa (1932-1941)

El gobierno mexicano reconoció en 1985 la muerte de 250 mil personas en esta guerra civil

Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, Colima, Nayarit y Durango conforman el núcleo de la rebelión

Pedro Quintanar, con la toma de Huejuquilla, en agosto de 1926, comienza la guerra de guerrillas



viernes, 27 de noviembre de 2009

Crearon en Zacatecas área protegida huichola


La iniciativa fue promovida por los indígenas wixárikas jaliscienses de Tuapurie y sus asesores; son 60 mil hectáreas de la ruta a Wirikuta, unen a la entidad con Jalisco y SLP

Guadalajara. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO

La gobernadora de Zacatecas, Amalia García Medina, firmó esta semana el decreto de Área Natural Protegida Ruta Huichol, lo que cristaliza años de esfuerzos para lograr que el camino que lleva de las montañas wixárikas de Jalisco y Nayarit hacia Wirikuta, en Real de Catorce, San Luis Potosí, sitio sagrado de la cosmogonía huichol, sea al fin protegido de los embates de la modernización a ultranza, dijo a este diario el director del organismo no gubernamental Conservación Humana AC, Humberto Fernández Borja.

Al acto, que se realizó en palacio de gobierno, contó con la asistencia del gobernador huichol de Santa Catarina Cuexcomatitlán o Tuapurie, Jaime Niukame Carrillo Carrillo, así como del jefe del Consejo de Ancianos de la misma comunidad, Dionisio Uxaiucaye de la Rosa.

“Un aspecto fundamental de la cosmovisión de los huicholes es la realización de peregrinaciones a los diversos sitios sagrados de su geografía ritual. Destaca la ruta hacia Huiricuta o Wirikuta, que cruza por el estado de Zacatecas y pasa por los municipios de Valparaíso, Monte Escobedo, Tepetongo, Susticacán, Jerez, Zacatecas y Guadalupe. Por la importancia de dicha ruta, el itinerario de los huicholes de Santa Catarina Cuexcomatitlán se encuentra inscrita desde el año 2004 en la Lista Indicativa del Patrimonio de México y su Valor Universal ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco) en la categoría de itinerario o ruta cultural como un bien mixto, natural y cultural. La longitud total es de aproximadamente 450 kilómetros, y en su paso por Zacatecas es de 173 km. Respecto de las otras comunidades huicholas -San Andrés Cohamiata, San Sebastián Teponahuaxtlán, Tuxpan de Bolaños y Guadalupe Ocotán- existen diversas variaciones dependiendo de los puntos de partida”, añadió Fernández Borja.

Reconoció el esfuerzo del gobierno de Amalia García para la preservación y continuidad histórica de la cultura huichol, así como para la salvaguarda del patrimonio ecológico de los zacatecanos. “A través del Instituto de Ecología y Medio Ambiente y con el apoyo de Conservación Humana AC se iniciaron hace varios años los estudios técnicos justificativos de esta ruta huichol y sus paisajes vinculados en Zacatecas mismos que constituyen el soporte del decreto de área natural protegida”.

En dicho documento, destacan los siguientes aspectos: “La reserva de la ruta huichol en Zacatecas protege una red de caminos y veredas con una longitud de 125 km y una anchura media de 40 metros que cubre una superficie de 500 hectáreas en los Municipios de Susticacán, Jerez, Zacatecas y Guadalupe. Sin embargo, la reserva estatal a proteger comprende una superficie total de 60,500 hectáreas que incluye 10 mil ha de bosque en la Sierra de los Cardos en Susticacán y 50 mil ha del acuífero Benito Juárez en Zacatecas, de vital importancia para el abastecimiento de agua para Zacatecas y comunidades aledañas, siendo esta cuenca la principal zona de captación de agua para los mantos freáticos”.

Los senderos discurren entre servidumbres, veredas o caminos de uso público entre predios, callejones y vestigios del Camino Real, que aún conservan su empedrado original. Se protegerán bosques de pino y encino, mezquitales y pastizales, entre otros, así como una diversidad de fauna como gato montés, cacomiztle, venado, jabalí, víbora de cascabel, tortuga terrestre, mapache, águila real, búho cornudo, puma, tejón, armadillo y una gran variedad de aves. Muchas de estas especies se encuentran bajo algún tipo de estatus de protección especial.

Desde el punto de vista biogeográfico, la reserva se sitúa en el área de confluencia y transición de la Sierra Madre Occidental y los matorrales del Desierto Chihuahuense y comprende territorios representativos de ecorregiones que destacan por su contribución al mantenimiento y equilibrio de la biodiversidad, concluyó Fernández Borja.