domingo, 29 de agosto de 2010

Poderes económicos “calientan” el planeta



ENTREVISTA. José Sarukhán Kermez, ex rector de la UNAM y coordinador de la Conabio

El científico llama la atención sobre la embriaguez humana por el poder y el confort como motor del calentamiento del clima; dice que el conocimiento debe ser la base de las decisiones políticas pero lamenta que sea ignorado

Chapala. Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO. Este proyecto de investigación fue ganador de una beca de Fundación AVINA en la emisión 2008-2009


Un eco de la hybris griega en Xerxes, de Esquilo: “La desmesura, al madurar, grana en la espiga del error, y la cosecha sólo pueden ser lágrimas”. Fausto le confiesa a Mefistófeles en qué consiste la hybris moderna: “esos pocos árboles que no son míos me impiden la plena posesión del mundo” (Goethe, Fausto, II parte, acto V). ¿Qué tiene que ver este dilema ético y filosófico universal con el no menos planetario asunto del cambio climático? José Sarukhán Kermez, ex rector de la UNAM y actual coordinador de la Comisión Nacional para Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), no rehúye a explicarlo.

—¿Usted como científico cómo ve este espectáculo de la locura humana? Siempre buscando más dominios, más bienes, mayor confort…

—Yo creo que lo es porque ha habido una especie de embriaguez para tratar de obtener todo lo mejor, y todos los estándares para lo mejor, cuanto antes; y si ya tengo uno, no me importa tener dos, y si ya salió el nuevo quiero tener tres […] yo iría con mucho cuidado en esto de que las tecnologías nos vayan a salvar del desastre, la ciencia más bien nos está indicando cómo nos está llevando el Diablo…

Conocimiento e ignorancia, bien y mal, tecnología y superstición, contención y desmesura, destrucción y conservación, dinero y miseria, demonios modernos conectados con la crisis ambiental más extrema desde que el hombre pisa la Tierra. Sarukhán Kermez, quien pasó parte de sus estudios de posgrado en la costa de Jalisco, donde se ha destruido aceleradamente una riquísima selva caducifolia; que contribuyó a la creación en esa zona de la reserva de la biosfera Chamela-Cuixmala, asociado a los sueños de un empresario fáustico como pocos en nuestra época, Sir James Goldsmith, el creador del último latifundio de México, pero totalmente encadenado a la conservación de la naturaleza; y que como universitario y coordinador de la Conabio tiene como misión llevar el conocimiento de la diversidad biológica mexicana, una de las mayores del mundo, a la mesa de las grandes decisiones políticas y económicas, ha acudido a Chapala esta semana a dar un impulso más al tema de las estrategias estatales de biodiversidad.

Como pasa con los hombres excepcionales, su presencia apuntala, atrae y legitima la desigual lucha —grandes intenciones, bajos presupuestos— por la conservación de las decenas de miles de formas de vida que México ha recibido por herencia. En medio de una marea de conversaciones, consultas y peticiones, el académico se da un tiempo para conversar con Público-Milenio de las paradojas entre saber y apenas actuar.

Información y poder
—¿Cómo nos encontramos en nuestro país en la puesta al día sobre cambio climático?

—Yo creo que México tiene una ventaja muy especial sobre muchos países, desarrollados o no; en cuanto al grado de conocimiento que tenemos de este patrimonio que es la biodiversidad, hay muy pocos países que tienen esta estructura; esto es una gran ventaja; la información es uno de los elementos absolutamente centrales para tomar decisiones informadas para quienes tengan que tomarlas, y segundo y quizá lo más importante, para sensibilizar a una sociedad que una vez informada puede exigir a quienes tienen que tomar esas decisiones… Sin dejar de reconocer que seguimos teniendo pérdida de áreas forestadas, y seguimos teniendo políticas gubernamentales cruzadas, por un lado una secretaría que ofrece apoyos para la conservación, y por otro lado una que ofrece apoyos para no conservar…

—Algo esquizofrénico.


—Pero no es de ahora, esto ha ocurrido desde antes; le recuerdo que en los años 70 tuvimos la malamente famosa Comisión Nacional de Desmontes, desafortunadamente es una cosa que viene de décadas, pero creo que estamos en condiciones de cada vez hacer mejor las cosas, aunque la pregunta es si lo vamos a hacer a tiempo, antes de que nos genere problemas que ya no son reversibles […] yo diría que en algunos casos sí se está haciendo a tiempo, mientras más rápido lo hagamos nos vamos a encontrar con la posibilidad de no tener cambios irreversibles, la pérdida de especies es irreversible, no hay manera de reponer una especie que se extinguió; ni con todo el dinero de Bill Gates o de Carlos Slim juntos podemos sacar de nuevo una especie desaparecida, al menos no por ahora…

—Tenemos un poder ciudadano que todavía es emergente, mientras la nueva correlación de poderes nos lleva a gobernadores que parecen señores feudales; a alguno se le ocurre abrir una carretera o un megaproyecto, y no escucha razones aunque sea en un área frágil, pues hay que llevar empleos y desarrollo…

—Pero son problemas que siempre han estado; la única fortaleza o defensa que tenemos para esto es justamente que haya estructuras que provean de información, y la personas que hayan hecho esto lo habrán hecho a pesar de tener buena información, no te van a decir “pues no había información y lo hice a mi mejor entender”, hoy eso no es cierto… Lo otro es tener una sociedad informada, defensora y exigente de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer, pero son cosas que llevan tiempo, aunque son muy sólidas cuando se logran…

—Cuando se habla de biodiversidad mucha gente menciona que estamos perdiendo a tal tasa especies; usted como científico, ¿como le explica a la gente cómo se mide la situación de la pérdida de biodiversidad, científicamente cómo se puede probar?

—Simplemente con mapas que demuestran cómo va creciendo el área deforestada, es como el sol que sale por el oriente todos los días, clarísimo, y allí hay un montón de especies que se pierden; que se estén yendo para siempre no lo sé bien, lo que sí se está perdiendo es la casa de estas especies que son los ecosistemas y lo que también es claro que se pierden los servicios que esos ecosistemas nos dan, con todas sus consecuencias desastrosas para las comunidades humanas…

—¿No cree que la sociedad moderna tiene una superstición, una fe ciega en que la tecnología puede resolver todos los problemas que estamos generado por la destrucción o el mal uso de los recursos naturales?

—Sin duda hay tecnologías que nos ayudan a hacer la vida mejor, pero no las estamos usando en la medida de que las deberíamos de usar; hubo durante muchos años tecnologías para tener motores de autos que consumieran menos gasolina y lo que se tenía eran esos lanchones de motores de ocho cilindros, por qué, porque al mundo automovilístico no le interesaba meterse en esto… Tenemos tecnologías que nos ayudan a hacer la vida mejor, pero no tenemos tecnologías que nos salven si no hacemos nada con los problemas que estamos generando; no hay tecnologías que rebajen la acumulación de bióxido de carbono en la atmósfera; podemos usar y generar nueva tecnología si nos lo proponemos, pero también hay que ser claro que para que esto ocurra hay un interés económico detrás, ¿cuál es la energía más barata que recibimos todos los días desde que este planeta existe? La solar, ¿y qué hemos hecho para entrar a cosechar energía solar de manera más importante y desde un principio? Nada, nos fuimos por la vía barata del carbón, del petróleo, y se generó toda una industria con producciones brutales, ¿y quién estaba interesado en generar tecnologías para aprovechar la energía solar? Nadie, porque estábamos dominados por los petroleros, los cocheros… y yo iría con mucho cuidado en esto de que las tecnologías nos vayan a salvar, la ciencia más bien nos está indicando cómo nos está llevando el Diablo…

Amos del mundo

—Uno se pregunta por qué con el conocimiento que ya existe, seguimos tomando decisiones tan absurdas…

—Por los intereses económicos de las grandes potencias; por eso el Senado de los Estados Unidos vota para no aceptar una legislación de control de emisiones de carbono, porque hay un buen numero de senadores que vienen de los estados carboneros, de los estados cocheros, de los estados petroleros, y su clientela y su ciudadanía los van a ver feo; pero son intereses económicos puramente, y esa gente tiene una visión muy miope, egoísta y casi criminal de su ventaja personal sobre la ventaja social, global; no acabamos de entender que somos una sola especie, independientemente de colores de piel, de razas, de religiones, de límites nacionales, de banderas.

—¿Se puede ser optimista?

—Creo que se puede ser optimista por una razón: estamos en el estado que estamos porque hemos desarrollado tecnologías que aunque nos han beneficiado han sido ignorantes de los costos ambientales que han producido… Pero también tenemos la capacidad innovadora para producir las tecnologías que nos ayuden a reducir estos impactos, va a ocurrir, lo que me preocupa es en qué momento y con qué costo social.

—Pero si México cumple su tarea y se compromete al cambio, no será suficiente si el vecino no lo hace…

—No, México emite como 2.5 por ciento de los gases de efecto invernadero, pero moralmente nos toca hacerlo.

—¿Cree que la crisis mundial económica y política que genere el cambio climático lleve a una nueva fractura, nuevos modelos de desarrollo más contenidos y sistemas económicos menos dependientes entre sí?

—No lo sé, me gustaría verlo; yo estoy convencido que ha sido el tipo de desarrollo económico que se ha dado en el mundo lo que nos tiene en la situación actual; creo que las crisis económicas que estamos teniendo son consecuencia de los efectos ecológicos de ese desarrollo, y mientras no cambien los patrones de conducta, los patrones de los mercados, la economía mundial basada en el consumismo, yo no creo que las crisis económicas vayan a parar ya, ya no se puede vivir con el sueño americano… Nunca había habido mayores desigualdades en la historia de la humanidad, hay estudios sobre las diferencias del producto interno bruto entre los países desde hace 1,500 años o más, había más equidad, ahora hay unas diferencias gigantescas entre los PIB nacionales o per capita, justo a partir del industrialismo. Eso debe cambiar.

—Tal vez esos poderes no estén dispuestos a cambiar, aunque haya que sacrificar naciones enteras…

—Eso puede ocurrir, pero yo no creo que sea gratis para los que se quedan; va a tener un costo gigantesco, y ya no me meto a los costos morales, sino a físicos y económicos, gigantescos.

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