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jueves, 24 de marzo de 2022

Alfaro, los signos de un agotamiento




                                               “Todos los héroes acaban por hacerse muy fastidiosos” 
                                                Ralph Waldo Emerson, Hombres representativos 


Agustín del Castillo, El Respetable

Enrique Alfaro Ramírez, el político habilidoso que supo montarse en el desprestigio de sus rivales y crear un discurso polarizador muy eficaz para convencer a los electores de que era diferente, para bien; que era el hombre necesario, el héroe que iba a sacar a la sociedad jalisciense del marasmo mediocre de muchas décadas, y cuya obstinación en denunciar corrupción de la partidocracia le generó una amplísima adhesión entre amplios sectores contestatarios de la sociedad civil (que se tradujo en su muy mexicana incorporación a la nómina a lo largo de los sucesivos gobiernos que ha encabezado), hoy se encuentra agotado. Su figura ya no concita admiración, respeto ni reconocimiento, sino hostilidad, desprecio, y en algunos casos, muy justificadamente, miedo. 

 ¿Cómo se hundió quien en algún momento fue visto como un formidable zoon politikon (en griego: “animal político”) que pintaba para trascender las fronteras del estado, arribar a las “grandes ligas”, y a una candidatura presidencial, y finalmente regresar a Jalisco el protagonismo en la arena política nacional, perdido, quizás, desde la extraña muerte del general Ramón Corona, el vencedor de Manuel Lozada, El Tigre de Álica en La Mojonera, ex embajador en España y muy popular gobernador que provocaba recelos en don Porfirio Díaz, bajo la oportuna mano asesina de Primitivo Ron, en 1889? 

La política es un oficio complejo porque aborda la “cosa pública”, y eso significa que se enfrentan y negocian los más diversos intereses de todas las clases y grupos de la sociedad. Alfaro Ramírez, nacido a la política en el PRI y después su principal denostador, no era un improvisado. En casa creció entre las conversaciones sobre los desafíos de la administración pública de una entidad tan enorme y compleja como es la Universidad de Guadalajara (UdeG), regida entre 1983 y 1989 por su padre, Enrique Alfaro Anguiano, es decir, uno de los pocos cargos políticos que compiten en relevancia con los del gobernador en turno. 

Luego de estudiar ingeniería en el Iteso (no siguió en la UdeG probablemente por el agravio que significó a su familia el arribo como rector de Raúl Padilla López, sucesor de Alfaro Anguiano, cuyos intereses defenestró, para asumirse como verdadero refundador de la casa de estudios, que se mantiene como su feudo político desde hace más de tres décadas), accedió hacia la política de la mano de su tío César Gabriel (de trato afable y conciliador, a diferencia del impulsivo carácter del hoy gobernador), y sobre todo, de quien ha reconocido como su verdadero padrino político: el empresario y ex senador Raymundo Gómez Flores, que se enriqueció notablemente con desarrollos habitacionales populares en las cercanías de la Central Camionera Nueva, creada por el gobierno de Enrique Álvarez del Castillo a mediados de los años 80 del siglo XX, y quien después, emergió entre los empresarios ricos de México, de la mano de las privatizaciones del gobierno de Carlos Salinas de Gortari (Grupo Dina). 

No se trata de un rumor. El día de su toma de protesta como presidente municipal de Guadalajara, el 30 de septiembre de 2015, me tocó ser testigo de su apoteosis: Alfaro iba a sacar de su “crisis” a Guadalajara y a limpiar la ciudad de los corruptos. Y entre los pocos nombres que se llevaron su reconocimiento, precisamente mencionó el del ya entonces político retirado a su familia, con los negocios inmobiliarios ya como su actividad sustantiva (por cierto, vecinos de business de la familia propia: en la zona de El Nixticuil, Zapopan, los desarrollos de los Gómez Flores y de los Errejón Alfaro, primos del mandatario, han impuesto las políticas de urbanización por más de una década). 

LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE 
Era la fase más alta de la construcción del personaje público. Con la fuerza de sus asesores políticos (yo tengo la teoría de que los politólogos, una carrera relativamente nueva en las universidades del país, como asesores, han sido muy eficientes en la fabricación de políticos cínicos y calculadores, pero es una discusión que dejaremos pendiente) y de “sus” empresas de comunicación (ojo, empresas que han vivido de recursos públicos desde los años del gobierno en Tlajomulco, 2010-2012), Euzen, Covacha e Indatcom, se había convencido a muchos activistas sociales que la respuesta al desencanto partidista era justamente ese hombre enérgico y directo. Qué decir de buena parte de la sociedad tapatía, que votó masivamente por él. Recuerdo que la noche de su toma de protesta como alcalde, en la Plaza Liberación, un parroquiano llevaba un letrero que decía: “Alfaro, contigo se les aparece el chamuco a los corruptos. Expúlsalos”. 

Esa enorme habilidad para vender a un personaje más allá de la medianía democrática (eso es justamente el liderazgo populista: la venta de superhéroes para salvar la república… suprimiéndola) ha pasado factura con el paso de los años. La ira bíblica, los raptos sentimentales, el afán de “comunicación directa” con el pueblo (la admiración de Enrique Alfaro por Andrés Manuel López Obrador no es solo retórica convenenciera), transmiten ahora la imagen de un político inflexible, vulgar en su enfrentamiento con personalidades de la sociedad inferiores a su representación, obsequioso con quienes le superan (al presidente solo lo pelea… cuando está lejos), y enfermo de protagonismo. Un aspirante a influencer que necesita subir tuits y videos para llenar las redes engañado por sus asesores sobre la real forma en que los ciudadanos, hoy desencantados, lo ven. 

Es irremediable que esto lo llevara a relaciones tiránicas con los periodistas, en las cuales prima la hipocresía propia y la de sus asesores, que no vacilan en presionar por la cabeza de comunicadores incómodos, con el poder que dan los recursos públicos que manejan para “convencer” (ninguna evolución en relación a sus antecesores, que al menos eran más discretos), pero que se abre a los periodistas externos a Jalisco (frecuentemente, a punta de chequera). En la construcción de esta simulación, incluso se atrevió incluir en su programa de arte público, un homenaje a "periodistas caídos" (una pluma gigante de dudoso gusto estético) mientras denostaba a periodistas reales y los acusaba de formar parte de una conspiración “de los de siempre”. Los aromas de Tlajomulco…llevan a Macuspana, Tabasco. 

(Acotación: como suele suceder con las críticas a los gremios, siempre hay una parte de razón en las acusaciones: muchos periodistas que han hecho fortuna a la sombra del poder, forman parte de una tradición de taras que viene de la época de predominio del viejo PRI. Sin duda muchos intentaron sacar ventajas de una relación cercana al alfarismo. Lo grave es que esto termina como pretexto para perseguir -por ahora, solo discursivamente – a los periodistas reales, los que reportean en la calle, a los que viven el oficio y sacrifican su tiempo y a veces su vida a dar noticias del modo más profesional posible). 

EL CAMPEÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL 
La hipocresía es inherente a las democracias representativas. Y contra la hipócrita o desinformada crítica de los “sinceros”, de los que sostienen la “congruencia” como máxima virtud (congruencia es a fin de cuentas una relación entre pensamiento y acción: si yo creo que el asesinato es moralmente bueno, y asesino, soy congruente. Si yo creo que la caridad es buena y la práctico, también), creo que no es malo que exista y se le reconozca. La hipocresía a veces permite a la gente no matarse (por ejemplo, las relaciones entre países: el matón Putin, siempre congruente, despedaza Ucrania; el quizás hipócrita Biden denuncia los crímenes de guerra, por conveniencia geopolítica, ¿entonces tú amas a Putin, tan congruente como Hitler?). Dicho esto, podemos aceptar que los movimientos políticos redentoristas, como el de Enrique Alfaro, se ofrecen a la sociedad como una alternativa a los hipócritas “de siempre”. Y son tan eficaces en transmitirlo, que convierten el tema en su talón de aquiles (remember La casa gris de Houston). Y ese es el eje del creciente desprestigio de la figura del gobernador. Es Humano, demasiado humano (Friedrich Nietszche). 

Ya he abordado en otro momento el tema de la captura de la sociedad civil: a los que hizo sus amigos, les dio la justicia de la nómina y la gracia de la fama y los contratos por dar el barniz necesario de civismo a un gobierno que, como todos los del pasado, está conformado con políticos profesionales (http://elrespetable.com/2019/09/05/alfaro-el-asalto-a-la-sociedad-civil/). Es muy grave que en su búsqueda vulgar (AMLO dixit) de poder (esa sí, por disfrazada, muy hipócrita), esta clase de políticos despedacen la institucionalidad política, cuando un verdadero demócrata plantearía la corrección y consolidación de esas instituciones, su efectiva ciudadanización. Pero la propuesta de Alfaro es completamente obradorista (aunque haya emergido de un partido, Movimiento Ciudadano, que como Morena, recibe prerrogativas de ley y financiamiento público): convertirse en el hombre necesario para que la sociedad entera avance. Eso lleva a someterla, por las buenas y por las malas. Enrique Alfaro no fue diferente al presidente de la república, que tiene a sus feministas, sus ecologistas y activistas sociales propios, y ataca a los que no controla. 

La amenazante personalidad que despliega la “sinceridad” alfarista y el uso de recursos públicos contra disidentes (campañas de desprestigio en prensa y redes, verbi gracia) busca someterlos, por la mala. Y por eso hay prensa buena y prensa mala, activistas buenos y activistas malos. Eso tiene además la función de alimentar la fábula del héroe victorioso (para tener éxito es indispensable la debilidad real de esos malvados, que habrán de ser narrativamente, es decir, como ficción, los todopoderosos). 

(Otra acotación: que buena parte de los críticos de Alfaro estén ligados o sean simpatizantes del populismo lopezobradorista, no los descalifica a priori. Este es el pantano de la política y las motivaciones van desde el odio puro y sincero al agresivo y arrogante gobernador hasta la real búsqueda de resultados porque el gobernador “sincero” les dio la espalda: es el caso de movimientos sociales que utilizó en su ascenso al poder. El caso de los activistas de Temacapulín me parece emblemático en el segundo caso. También creo que muchos lopezobradoristas son sinceros en su creencia de que el rezago de Jalisco es efecto del desgobierno de Alfaro y no de los errores kilométricos que todos los días comete su héroe morenista. Es la coartada perfecta para la incapacidad del gobierno federal). 
 
El “frontal” y “sincero” mandatario, durante sus años en Tlajomulco y, sobre todo, Guadalajara, utilizó de forma descarada a sus soldados de la sociedad civil para criticar a quien, a partir de 2013, despacharía en Casa Jalisco, el priista Jorge Aristóteles Sandoval Díaz. Esa clase de críticas con tufillo de desinformación y dolo que ahora, que alcanzó el poder, tanto odia. ¿Buscaba Enrique Alfaro que le fuera mal a Jalisco, como le gusta hoy decir para desacreditar a sus críticos? No, buscaba descarnada y descaradamente el poder (lo que ahora juzga inmoral en sus adversarios, pues tal vez cree que su llegada al cargo, con una interpretación de vulgata marxista-revolucionaria, es el parteaguas que si no llevará a la utópica abolición del estado, al menos si enterrará la política de élites para siempre -¿será posible que eso pase por la mente de los políticos-redentores? Me parece que al menos sí es uno de sus sueños húmedos -). 

La postración de los ciudadanos capturados por la nómina no tendría mejor imagen simbólica que la del pasado 8 de marzo de 2022, Día Internacional de la Mujer, cuando la secretaria de Planeación y Participación Ciudadana, Margarita Sierra, y las principales mujeres de su gabinete (en cuanto a nombres y números, es herético dudar en la vocación feminista del mandatario; lo mismo que pasa con López Obrador con su más de 50 por ciento de mujeres en su primer cuadro de gobierno) le entregaron un reconocimiento por su compromiso con la lucha feminista (ese mismo día, oh odiosas comparaciones, el Pontifex maximus de la república caciquil mexicana, posa en una amplia fotografía con decenas de funcionarias de su gabinete, mientras en la calle, miles de mujeres protestaban contra los feminicidios y la ausencia de derechos). 

Margarita Sierra, prestigiosa activista que encabezó muchos años los destinos de la Feria Internacional del Libro (FIL), ha sido una herramienta muy útil para la agenda ciudadana alfarista. En marzo de 2018, la desaparición en Tonalá de los jóvenes videoastas Javier Salomón Aceves, Marco García y Daniel Díaz, llevó a una potente campaña de medios encabezada por la hoy secretaria, y entonces directora de la Universidad de Medios Audiovisuales (CAAV), de donde eran los desaparecidos. “Es una desaparición forzada, porque quienes los levantaron dijeron que eran de la Fiscalía, además tenemos dos semanas de desaparición y ni una palabra, o sea el gobierno ni la Fiscalía no dicen nada”, dijo entonces (https://origenoticias.com/caso-de-estudiantes-del-caav-es-una-desaparicion-forzada-margarita-sierra/). 
 
Evidentemente estaba en todo su derecho y era congruente con lo hecho a lo largo de su vida (https://mobile.twitter.com/lamagasierra/status/977758642148552704?lang=bg ). Las manifestaciones contra el gobierno de Sandoval Díaz subieron de la tono, al grado que se pidió la renuncia del mandatario, quien sugirió que la activista buscaba renta política a favor del alfarismo, lo que arreció la campaña en su contra. Aristóteles reculó a responsabilizarla y enfrentó el problema. “Emplearemos toda la capacidad de fuerza e inteligencia del Estado al tiempo que seremos y tendremos permanente comunicación con los familiares; los estudiantes de Jalisco no deben de tener ninguna duda de que estamos compartiendo la indignación… también compartimos esta rabia e indignación que sienten, y desde luego, a nosotros nos toca hacer justicia”, declaró el entonces gobernador. 
 
Y en su cuenta de Twitter, @AristotelesSD, publicó: “Es absolutamente justificada la indignación que el caso de los tres estudiantes despierta en la sociedad. Como padre estoy dolido y conmocionado; como autoridad cumpliré el compromiso que hice con los familiares de las víctimas de seguir investigando”. 

LA CAÍDA DE BELEROFONTE 
Con la llegada al poder, ese compromiso directo con las causas de la sociedad ha desaparecido, o se ejerce en lo oscurito, como en las cortes monárquicas. El gobernador en funciones no tolera disidencias, no cambia de opinión (corrección, por alguna razón lo hizo recientemente con las madres buscadoras de Sonora, a las que primero calificó de traer “agenda oculta” y luego elogió; pero con Alfaro, las golondrinas no hacen verano) y niega de plano los problemas, en una entidad donde, por citar uno de sus problemas más graves, el crimen tiene tomadas regiones enteras. 

Mientras la propaganda alfarista destaca el descenso estadístico de algunos delitos (“Existen tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras, y las estadísticas”, dijo alguna vez Mark Twain, citando al premier británico Benjamín Disraeli), cuando no hay escapatoria, se va por el recursos de culpar al gobierno federal y su “abrazos no balazos” (y como suele pasar con la mentira política, a veces los rompecabezas de cada mentira arman una verdad: por ejemplo, en este caso, nos demuestra que los omisos son todos). 

Resulta que, como le sucede a López Obrador a nivel nacional, Jalisco tiene más muertos y desaparecidos que nunca en poco más de tres años de administración. No hay realmente un cambio que le indique al ciudadano que las cosas, al menos, se detuvieron. Enrique Alfaro no puede dar, hoy, garantía a sus gobernados de que no serán asaltados, violentados o asesinados. Y tiene lógica, porque los problemas son complejos y requieren instituciones fuertes. Pero el discurso de salvador lo contradice. Las instituciones de seguridad son, en México y Jalisco, más débiles que nunca, y el crimen, más fuerte y ubicuo. 

Esta desoladora verdad deja poco margen a la construcción del hombre providencial. Entonces, en la emulación firme del caudillo de la nación, salen ideas huecas y pretenciosas como las refundaciones y las consultas fiscales, cuya única virtud es recordar al gobernante sus responsabilidades constitucionales… y dar un pequeño aliento a su popularidad, aunque se desvíen recursos valiosos para acciones sustantivas: la consulta ciudadana de 2021 se llevó 29 millones de pesos. Por hablar de un tema popular esta mañana, los incendios del bosque La Primavera: el área natural protegida recibió en 2022, 700 mil pesos menos que en 2021. La prioridad de la propaganda se come todo. 
 
De hecho, la idea de esta columna me la dio ese afán de influencer que el gobernador, ayer (23 de marzo de 2022), exhibió una vez más: su amor por el protagonismo saturó su cuenta de Twitter de mensajes sobre el combate del incendio forestal en el bosque. Su afán de heroísmo lo llevó a mencionar la detención del presunto responsable, ¿un demócrata busca el lucimiento personal o permite a sus funcionarios y servidores públicos trabajar tranquilos? Como está tan deteriorada la figura de Alfaro Ramírez, las crítica no se hace esperar. Pero además, se genera una seria duda sobre si lo que informa es realidad o propaganda. “¿Nadie de los suyos le sugiere que su sobreexposición mediática ya no es recomendable, ante el desgaste de su estilo beligerante y la creciente hostilidad que provoca? No ayuda a sus secretarios queriendo aparecer como experto en todo, siempre sobrado y desafiante. Ya no genera credibilidad. Cosecha lo que sembró su arrogancia”, escribí en mi cuenta de Twitter como a las ocho de la noche. Una hora después, rematé: “Es tal el descrédito de la figura del gobernador, que incluso si dice la verdad la termina convirtiendo en algo sospechoso. Y eso es muy malo para cualquier institución, no se diga un gobierno, que debe vivir del crédito que le dan los ciudadanos”. 

La famosa leyenda griega de Belerofonte (posiblemente, es al que mejor aplica el término antihéroe que a otros brutales hombres poderosos de esa tradición: tras matar a la monstruosa quimera, ebrio de poder, decide ascender al Olimpo en su caballo Pegaso; Zeus manda un tábano que pica al caballo alado y derriba al ensoberbecido desde las alturas celestiales) es una buena metáfora para los políticos redentores de nuestro tiempo de mitos laicos. Y una advertencia.
 
¿Por qué Enrique Alfaro no puede ya seguir el camino del héroe que tan bien le sigue saliendo al presidente López Obrador? Porque es solamente un gobernador, y no tiene todos los recursos para imponer su relato. El hombre más poderoso en el México presidencialista es, lógicamente, el presidente en turno. Nos queda AMLO para rato, polarización exitosa y propaganda potente, pero me temo que estamos asistiendo al declive de Enrique Alfaro Ramírez como personaje. Las encuestas de popularidad nacional son duras con él: su falta de compromiso con el movimiento opositor, su amor-odio con el presidente, su violento estilo de enfrentar a sus adversarios, ya han marcado el camino. Si Alfaro quiere salvar su gobierno y los buenos proyectos que sin duda tiene, deberá renunciar a ser la estrella del concierto. Es curioso: parece que este hombre intolerante que usa la democracia para sus fines, no tiene más camino que hacerse moderado y demócrata… o sumarse a las filas de Morena, en busca de una renta inmediata. Pero es muy dudoso que el presidente de la república quiera apostar por su declinante capital político.


jueves, 3 de octubre de 2019

LA DEFENSA (NECESARIA) DE GRETA THUNBERG



“México no tiene una clase intelectual, tiene una clase sentimental”.

Octavio Paz (en conversación con el periodista Andrés Oppenheimer)



Agustín del Castillo / Guadalajara. EL RESPETABLE

El llamamiento emotivo de la joven adolescente sueca Greta Thunberg ante la asamblea de la ONU, en el contexto de la cumbre del clima, en Nueva York, el pasado 23 de septiembre, ha perturbado al mundo.

Ha suscitado por igual entusiastas adhesiones y enconadas condenas. Por un lado, quienes han comprendido el valor simbólico de su odisea personal (viajar en velero para no emitir gases de efecto invernadero no es menor sacrificio para una hija de la sociedad con mayor nivel de vida del mundo): la fuerza emocional como un detonador para llevar a la práctica lo mucho que sabemos que se debe hacer frente al cambio climático y las crisis pequeñas y grandes que ya genera en el planeta, pero cuya ejecución los políticos postergan por los presuntos sacrificios que acarrea para el bienestar de sus ciudadanos (votantes) y para la salud de sus economías.

Por el otro, brotan desde miradas sospechosistas hasta agrias condenas ad hominem (ad mulier o ad puella, dirían ahora en lenguaje “incluyente”, como si los romanos hubieran sido políticamente correctos), incluidas las infaltables teorías conspirativas de los monstruos verdes escandinavos que la financian para devorarse a nuestras inocentes economías carbonizadas, sin faltar las idiotas y desinformadas (¿toda idiotez es desinformada?) “observaciones” sobre la condición personal de la rubia ojiazul, con su síndrome de asperger, o su crimen de nacimiento (el pecado original también existe en el mundo “laico” y “progresista”) por venir de cuna burguesa, o ya de menos, ser de la detestable “raza” (aunque las razas no existen en el Homo sapiens) blanca y occidental.

Exceso de ruido, generado por quienes no desean confesar sus motivaciones íntimas para oponerse al cambio. Más que las burlas esperables de la inagotable vulgaridad del presidente estadounidense Donald Trump, el zar-republicano de Rusia (hay que cuidar las formas) Vladimir Putin le pone palabras más racionales a la oposición a la niña sueca: su postura condena al subdesarrollo a las naciones que no han alcanzado el estatus de Europa occidental, de Estados Unidos y Canadá, de Australia y Nueva Zelanda (pero no es el caso de Rusia, gran productora de petróleo y primera de gas natural en el mundo, es decir, vive de la economía de carbono que la malvada Greta quiere acabar).

“Nadie le ha explicado a Greta que el mundo actual es complejo, muy diverso, se desarrolla rápidamente y la gente en África y en muchos países asiáticos quiere tener el mismo nivel de bienestar que Suecia […] pero, ¿cómo conseguirlo? ¿Obligándoles a usar la energía solar que en África hay de sobra? ¿Alguien ha explicado cuánto va a costar eso?”. A diferencia de otros opositores a la ola Greta, sólo pide que no se le exponga a “emociones innecesarias” y que no se permita la “manipulación de los niños” para causas interesadas.

En México, los cuestionamientos a Greta parten lo mismo de empresarios conservadores con intereses en la economía del carbono y la industria extractiva que de simpatizantes de Morena, que ven la furia de la adolescente como condenatoria de los ambiciosos planes desarrollistas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para recobrar la industria nacional del petróleo y abrir las últimas selvas preservadas del país, en la península de Yucatán, al turismo masivo. Llama la atención que nadie de ellos se detenga a escuchar las palabras de la infanta y lo que de verdad dijo. Les gana la dialéctica de identificar al occidente blanco y desarrollado con el mal, aunque Trump sea suficiente para romper esa conspiración perfecta. Sentimientos “buenos” contra las siempre malas razones.

Esto fue lo que dijo Greta:

“Todo esto está mal. Yo no debería de estar aquí, debería de estar en la escuela del otro lado del océano. Sin embargo, ¿vienen a mí en busca de esperanza? ¡Cómo se atreven! Ustedes se han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías. Y, sin embargo, yo soy una de las afortunadas. La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el inicio de una extinción masiva y lo único de lo que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno. ¡Cómo se atreven!”, les dijo a los líderes mundiales.

“Por más de 30 años la ciencia ha sido más clara que el agua. Cómo se atreven a seguir mirando para otro lado y venir aquí a decir que están haciendo lo suficiente, cuando las políticas y soluciones requeridas no están a la vista por ninguna parte […] Ustedes dicen que ‘nos escuchan’ y que entienden la urgencia. Pero, sin importar cuán triste o enojada esté, no quiero creerles eso. Porque si ustedes entendieran completamente la situación y aun así estuvieran rehusándose a actuar, ustedes serían malignos. Y me rehúso a creer eso”, agrega.

“La idea común de reducir nuestras emisiones a la mitad en 10 años sólo nos da 50 por ciento de probabilidad de permanecer por debajo de (un aumento promedio de la temperatura global) 1.5 grados centígrados, así como del riesgo de detonar reacciones en cadena irreversibles y más allá del control humano. Tal vez 50 por ciento esté bien para ustedes, pero esas cifras no incluyen los puntos de inflexión, la mayoría de los ciclos de retroalimentación, el calentamiento adicional escondido en la tóxica contaminación del aire ni los aspectos de justicia y equidad. También dependen de que mi generación y la de mis hijos succionen del aire decenas de billones de toneladas de su dióxido de carbono (CO2) con tecnologías que apenas y existen. Así que 50 por ciento de riesgo simplemente no es aceptable para nosotros, que tendremos que vivir con las consecuencias”.

Añade más datos: “Al 1 de enero de 2018, para tener 67 por ciento de probabilidades de permanecer bajo 1.5 grados centígrados de aumento en la temperatura global –la mejor oportunidad que nos da el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático—, el mundo sólo podía emitir 420 gigatoneladas de dióxido de carbono. Hoy esa cifra ha disminuido a menos de 350 gigatoneladas. Cómo se atreven a pretender que esto puede ser solucionado con soluciones comunes y técnicas. Bajo los niveles de emisiones de hoy, el presupuesto restante de CO2 estará totalmente agotado en menos de ocho años y medio”.

Y se pone ácida: “Hoy no se presentarán aquí soluciones o planes en línea con estas cifras, porque estos números son demasiado incómodos y ustedes aún no son lo suficientemente maduros para decir las cosas como son. Ustedes nos están fallando, pero los jóvenes estamos empezando a entender su traición. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes y, si eligen fallarnos, yo digo que nunca los perdonaremos. No dejaremos que se salgan con la suya en esto. Aquí y ahora mismo es donde trazamos la línea. El mundo está despertando y el cambio está en camino, les guste o no” (traducción de Juan Mayorga, Animal político).

No encuentro nada reprochable en el llamamiento ético ni que haya incurrido en inexactitudes o mentiras en el tema de los datos. Es un discurso con la fuerza moral que puede tener una adolescente que, efectivamente, debería ocuparse de estudiar y divertirse, y no convertirse en una Mafalda o una Lisa Simpson que debe salvar al mundo de la torpeza de los adultos. Greta no entra en los detalles de los acuerdos climáticos, que desde el principio reconocieron que la responsabilidad superior era de las naciones industrializadas justamente porque prosperaron a costa del clima y la naturaleza. Pero además, los acuerdos parten de una creciente evidencia científica: serán los pobres, que son más en las naciones pobres, los que paguen los costos más altos en escasez de agua potable, sequías y pérdidas de tierras productivas, enfermedades oportunistas, golpes de calor y presencia de plagas. Se estima 45 por ciento de la población mundial.

No se necesita ser un genio para entenderlo: en la franja intertropical del planeta, donde ubican dos tercios de México, toda América central y el Caribe, el norte de Sudamérica incluidos medio Brasil, todo Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela; el África subsahariana, el Asia del sur, entre China e India, Indochina, toda Indonesia, Filipinas, y buena parte de las islas del Pacífico, se guarda una sobrerrepresentación de la riqueza biológica mundial: por arriba de 70 por ciento. El milagro es explicable: es la zona del mundo con más calor, proveniente de su mayor insolación. El calor es vida pero también es energía: en esa franja se forman todos los eventos meteorológicos de mayor calado, que traen agua en exceso o en defecto, vientos huracanados. El calor también hace que prosperen numerosas enfermedades animales o humanas.

El caso del dengue no es sino un efecto más de cómo la región es colonizada por vectores en zonas cada vez más altas ante el ascenso de las temperaturas sobre los territorios templados.

Así, efectivamente, el Protocolo de Kioto no establece que estas naciones deban cargar con el grueso de la reducción obligatoria de emisiones, porque son más víctimas que actoras del desastre en las emisiones acumuladas desde principios de siglo XIX, pero al mismo tiempo, por su condición climática, deberían ser las más interesadas en que estas metas se cumplan. El exceso de carbono en la atmósfera produce de manera inevitable un incremento del efecto invernadero y esto ocasiona más energía, lo que, hay que insistir, se traduce en huracanes, ciclones y sequías más intensos, olas de calor, temperaturas promedio más altas, enfermedades oportunistas, avance de los desiertos históricamente establecidos en las fronteras de los dos trópicos, con todas las consecuencias económicas que esto puede acarrear.

Dicho más llanamente, más que para la tundra rusa, los inmensos bosques de taiga de Canadá e incluso para los hielos que parecían eternos en los polos, la preocupación debe estar en quienes habitamos el intertrópico, porque la naturaleza nos va hacer pagar lo que no debemos, una cuenta a la que abonamos solamente desde 1950. Es decir, desarrollarnos con economía de carbono es un lujo que no nos podemos dar. Debemos establecer no sólo por ética sino por interés un modelo sostenible de largo plazo con energías alternativas y además utilizar la diplomacia para reclamar cumplimientos puntuales de metas de las naciones desarrolladas, además del financiamiento para mantener los sumideros de carbono que son las selvas tropicales y los bosques templados, que se siguen destruyendo por no tener valor en la economía local o regional, además de que urge una acción decisiva en los mares tropicales y templados porque son fuente de alimento para la mitad de la humanidad, y otra vez hay que decirlo, la fuente calórica barata para los más pobres.

No olvidemos que también estamos obligados a generar una política sensata de manejo de agua que haga a nuestras ciudades resilientes y preservar nuestras zonas productoras de alimentos. Y con carbono no se va a lograr. Ya se ha llegado al punto en que ese discurso desarrollista está agotado.



EL PROBLEMA ES QUE EL POPULISMO VIGENTE EN MÉXICO Y EN OTROS LUGARES DE AMÉRICA LATINA VE LA HISTORIA AL REVÉS. Y eso explica la reacción sentimental de ira a la Thunberg, y de nostalgia por un pasado que aunque fue autoritario dio mayor prosperidad material porque éramos mucho menos población y porque efectivamente, la economía cerrada permitió un mercado interno fuertemente potenciado por las clases medias que hoy están en crisis.

Nadie ha dicho, y Greta no lo sugiere, que esto vaya a ser una tarea fácil. Pero a decir verdad cuesta mucho menos de lo que piensan los detractores del modelo. El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, otros de los organismos “fifís” que le disgustan al presidente López Obrador, ya hizo la tarea hace un par de años.

120 mil millones de dólares le costaba a México la mitigación y adaptación al cambio climático entre 2018 y 2030, esto es, 10 mil millones de dólares anuales. 87.4 mil millones de dólares más, si se plantean metas más ambiciosas para alcanzar la economía de “cero carbono”. La suma es de 207.4 mil millones de dólares, 18 por ciento del PIB anual del país. La meta es muy clara: que el aumento de la temperatura global no sea mayor de 1.5 grados, porque el límite de 2 grados “no garantiza” que no se vayan a presentar problemas severos y un alto riesgo. Eso me lo dijo la directora del INECC, María Amparo Martínez Arroyo. Ese monto diferido a diez años equivale a poco menos de un año de gasto público federal, que repartido en diez años que quedan, da 20 mil millones de dólares anuales, es decir, 1.8 por ciento del PIB. ¿De verdad es tan difícil invertirlos?

“Estamos convencidos que esto es posible, no solamente porque se trata de cumplir con compromisos y acuerdos internacionales en el tema de cambio climático, sino porque esos cambios nos van a ayudar a vivir mejor como sociedad, permitirán una economía diversificada sobre unas bases ambientales sostenibles”, me dijo la funcionaria en la segunda jornada del II Encuentro Nacional de Respuesta al Cambio Climático, innovación en ciencia y tecnología, realizado en la Biblioteca México de la Ciudad de México, en noviembre de 2017.

Así, “uno de los grandes objetivos es ir separando el desarrollo económico de las emisiones de carbono, lo que lleva a desarrollar fuentes de energía alternativa […] debemos comprender que si tomamos otras decisiones [como seguir con la explotación de vetas petroleras], eso implica consecuencias, y será decisión de los ciudadanos […] en todo caso, que en otros sectores se compense fuertemente para que alcancemos las metas acordadas”, añadía.

En esa misma reunión, el entonces subsecretario de planeación y política ambiental de la Semarnat, Rodolfo Lacy Tamayo, destacaba. “Hablando del tema de financiamiento y precio al carbón, básicamente lo que hemos hecho en materia política climática en México lo hacemos con dos intenciones generales; la primera es exigirle a los principales responsables del cambio climático que hagan un esfuerzo mayor para que países altamente vulnerables como México no nos veamos afectados como se pronostica; lo otro es buscar modificar nuestra economía para que sea baja en carbono y resiliente frente a un conjunto de fenómenos que ya en gran medida son irreversibles. Hablo entonces de un tema de dinero”.

Después del acuerdo de París “viene una parte de financiamiento que ha estado en los reclamos a los países desarrollados, que no sólo vendan tecnologías bajas en carbono, sino también transferencia tecnológica y financiamientos para mejorar nuestras políticas públicas y desarrollo no más basado en combustibles fósiles; nos preguntamos, si es tan claro el diagnóstico, por qué los que tienen el dinero no actúan en consecuencia”.

Ese mismo año, en Davos, Suiza, los grandes grupos empresariales del mundo “clasificaron el tema de cambio climático como de riesgo para el sistema mundial; si algo preocupa a los que tienen dinero es el riesgo, sea una guerra, una inestabilidad política, o en este caso, riesgo climático […] el riesgo ya es reconocido por esos grupos de poder económico”.

Además, “existe un reporte de la Organización Mundial de la Salud, que dice que el cambio climático no sólo afecta a personas matándolas con huracanes, grandes inundaciones, sino también con procesos biológicos, muertes asociadas a enfermedades que se extienden por lugares donde no había. Los desplazados climáticos suman ya 22.5 millones de personas […] las reconstrucciones tras eventos cambian de regla: que los cambios ya sean una adaptación a lo que viene, es decir, reconstruir en lo sencillo y lo complejo las sociedades”.

Por su parte, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ha informado que “los sistemas mundiales de alimentación se han afectado en 22 por ciento”.

De manera que la niña sueca no se equivoca. Estamos inmersos en el cambio climático y nuestros países lo pagarán más caro. Y sobre todo, los pobres, esos por los que dice luchar la Cuarta Transformación, que apuesta por un retroceso, el retorno a un pasado simplificado que no podrá regresar. Así lo dijo su incomprendido profeta, más citado que leído, en su calidad indiscutible de gran crítico, Karl Marx: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa” (18 de Brumario de Luis Bonaparte).